Aniversario de un álbum venerado

50 años del disco ‘Construção’, el monumento de Chico Buarque contra la deshumanización capitalista

  • El cantautor brasileño trascendió los límites de la bossa nova, la samba y el tropicalismo con un álbum de fuerte sustrato sociopolítico, en el que desafió a la dictadura tras su tiempo de exilio en Roma y arremetió contra la insensibilidad mecantilista a partir de la historia del obrero de la construcción que muere en un accidente laboral

 

Chico Buarque, en su exilio romano, en 1969.

Chico Buarque, en su exilio romano, en 1969. / Agefotostock

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El obrero se despidió aquella mañana con el beso a su mujer y a sus hijos, “cruzó la calle con su paso tímido” y “subió a la construcción como si fuese una máquina”, ajeno a la inminente tragedia, la caída desde el andamio, que le dejaría en la acera del paseo agonizando “contra la corriente, interrumpiendo el tráfico”. Versos volcados sin piedad, siguiendo los patrones (poco sentimentales) de la poesía concreta brasileña, repitiéndose y transformándose acoplados a una ‘batida’ de bossa nova con siniestras tensiones orquestales. Configuran una canción, ‘Construção’, de Chico Buarque, que, como el conjunto del disco del mismo título, conserva su empuje y su acusatoria belleza 50 años después.

Publicado en diciembre de 1971, este es un álbum que no necesita del amparo de un contenedor genérico para brillar por sí mismo, si bien podemos ubicarlo en la atalaya de la MPB (Música Popular Brasileña). Y aunque ese año, 1971, haya sido evocado recientemente a cuenta de los magnos elepés de los Rolling Stones, Marvin Gaye, Led Zeppelin, Carole King o David Bowie, justo es también burlar el cordón ‘anglo’ y alargar la mirada hacia el sur para ensalzar este ‘Construção’, disco de canción protesta con orquesta y circunstancia, enraizado pero vanguardista, popular y refinado, emotivo sin atisbos de cursilería.

Después de la diáspora

Para Chico Buarque de Hollanda (Río de Janeiro, 1944), ‘Construção’ fue la obra resabiada que ampliaba distancias con el autor juvenil (recordemos la simpática ‘A banda’, 1966), elaborada después de aquel destierro de 14 meses en Roma provocado por el régimen militar (tras forzar las costuras con la censurada ‘Apesar de você’). Un periodo este en el que ganó músculo como profesional, con episodios como la gira con Toquinho por Italia abriendo para Joséphine Baker. Tiempos de diáspora, con Caetano Veloso y Gilberto Gil anidando en Londres y un António Carlos Jobim que acudía a visitarlos a todos, y que creó con Buarque otro tema del disco, ‘Olha Maria’, a partir del texto de Vinicius de Moraes. ‘Construção’ se grabó entre Italia y Brasil, valiéndose de la producción de docto Roberto Menescal (pioneros de la bossa nova), y en la canción central contó con arreglos de otro grande, el tropicalista Rogério Duprat.

Un ánimo de contestación se filtra desde el arranque con ‘Deus lhe pague’, tema de ‘crescendo’ abrumador en sarcástico agradecimiento a los militares. “Dios te bendiga”, dice, “por este pan para comer, por este piso para dormir”, “por el chiste en el bar y el fútbol para aplaudir”. Tema que causó problemas, como también ‘Cordão’, donde Buarque tuvo que sustituir, para pasar la censura, las “verjas del corazón” por las “puertas”, aunque sí coló otras líneas delicadas (“nadie me encadenará / mientras pueda cantar”). La mordacidad se cuela, de otro modo, en ‘Cotidiano’, en torno a las rutinas conyugales.

De Fiumicino a Orly

La canción más conectada con el exilio es ‘Samba de Orly’, esbelta tonada de Toquinho envuelta en ‘saudade’ a la que Buarque puso letra, con un retoque final de Vinicius de Moraes. El aeropuerto de Orly, París, aparece ahí como vía de entrada a Europa y símbolo de los desterrados. En realidad, debería haberse llamado ‘Samba de Fiumicino’, pero los autores sospecharon que en Brasil pocos acertarían a atribuirla al aeródromo romano. La pieza se crece con los coros y percusiones del Trio Mocotó.

Y como corazón del álbum, el tema ‘Construção’, en cuyos seis minutos y pico se adentra Buarque en una solución poética aventurada, sucesión de versos dodecasílabos con rimas esdrújulas. Los versos se repiten dos veces, y ciertas palabras clave van cambiando de posición (‘máquina’, ‘mágico’, ‘lógico’), evolucionando desde el acta notarial cruenta a un distanciamiento surrealista. Tragedia anónima, la del obrero en plena jornada comercial, en que su cuerpo sin vida yace en la acera en medio de una multitud robotizada. La orquesta de sesenta músicos, con sus trompetas del apocalipsis, se funde ahí con el ‘leitmotiv’ melódico de ‘Deus lhe pague’, clamando por “la paz suprema que nos redimirá por fin”.

Un culto creciente

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Chico Buarque cursó estudios de arquitectura (dos años), pero su edificación más catedralicia es esta canción en la que se acercó a la poesía concreta, que desde los años 30 abogaba por una idea de modernidad asociada al progreso y la tecnología. Hizo aquí un uso particular de esa tendencia, apropiándosela en nombre del proletariado y como crítica al capitalismo.

La canción obtuvo un fuerte impacto en Brasil, y del álbum se acabaría vendiendo medio millón de copias. ‘Construção’ se transformó en ‘Construcción’ en las sucesivas voces de Nacha Guevara, Daniel Viglietti y Fito Páez, y en ‘Construzione’ a cargo de Ornella Vanoni. El valenciano Lluís Miquel la convirtió en ‘Construcció’, y entre sus últimos admiradores está Andrea Motis, que la grabó (en portugués) con la Sant Andreu Jazz Band. La admiración creciente animó a Chico Buarque a celebrar el 50º aniversario del disco con conciertos en Europa, con la London Contemporary Orchestra, que iban a celebrarse este otoño y que, hasta nuevo aviso, la pandemia se llevó por delante. Pero el culto a la obra sigue, y ‘Construção’ ve crecer ahora su aura, si cabe, en este Brasil de Jair Bolsonaro, que a Buarque le despierta familiares sensaciones.