Crítica de música

Psicoanálisis en el Liceu

El Gran Teatre recuperó, en un aplaudido programa, la ópera-oratorio ‘Oedipus Rex’ de Stravinski

Albert Dohnmen (Tiresias), a la izquierda, y Michael Spyres (Edipo) y un momento de ’Oedipus Rex’ en el Liceu. 

Albert Dohnmen (Tiresias), a la izquierda, y Michael Spyres (Edipo) y un momento de ’Oedipus Rex’ en el Liceu.  / DAVID RUANO

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Pablo Meléndez-Haddad

El abrupto final de la revisión que hicieran de la tragedia de Edipo dos colosos de la música, la literatura y el teatro de comienzos del siglo pasado descolocó a los liceístas que la escuchaban por vez primera. La sesión del sábado en el Gran Teatre, que podría haberse escuchado en el diván de un psicoanalista por su temática, llevó al escenario al hijo y esposo de Yocasta según la visión que plasmaran en 'Oedipus Rex' Jean Cocteau e Igor Stravinski, una ópera-oratorio que regresaba al Liceu 88 años después de su estreno local. El complejo que Freud definiría a partir del personaje mitológico tiene su eco en el de Elektra, que profundiza en esos sentimientos y deseos ambivalentes por los progenitores que el fundador del psicoanálisis se encargó de definir y desarrollar. Josep Pons unió musicalmente a ambos mitos en una misma velada imponiendo como preámbulo a la obra de Stravinski una 'suite' de la ópera 'Elektra' de Richard Strauss creada por el compositor y director Manfred Honeck, hasta 2020 titular de la Sinfónica de Pittsburgh.

La simbiosis -separada por un cansino entreacto de 30 minutos- funcionó a la perfección, porque el vuelo expresionista de la obra straussiano estrenada en 1903, concentrada y bien expuesta en esta aquí inédita síntesis instrumental -aunque, ¡cómo se añoraron las voces!-, puede entenderse como un perfecto antecedente de la obra de Stravinski, estrenada en versión de concierto en 1927 y, al año siguiente, escenificada.

Impacto sonoro

'Oedipus Rex', con texto en latín -que contó con Josep Maria Pou como narrador-, impacta por su formato, por su sonoridad, por su texto desgarrador y por su apego a la tradición melódica. Pons consiguió que se lucieran tanto la Sinfónica liceísta como el apartado masculino del Cor del Gran Teatre que ahora dirige Pablo Assante y contó con unos solistas de excepción.

El Oedipe del polifacético Michael Spyres aportó un fraseo seductor, coloratura segura y un timbre cálido y siempre coloreado, a lo que unió su proverbial fuerza interpretativa. La Jocaste de Ekaterina Gubanova estuvo perfecta en su gran escena, aunque su voz bien proyectada y sonora se adelgazaba demasiado en el grave. José Antonio López volvió a conquistar por su expresividad y por su adecuación al estilo en sus dos papeles, mientras que el personaje de Tiresias encontraba a su mejor defensor en un Albert Dohmen cómodo en este papel de bajo. A ellos se unió el impecable Pastor de David Alegret.

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