Crítica de música

Cimafunk, ‘sex machine’ a la cubana en Barts

El cantante arrolló con el funk tropical de su nuevo álbum, ‘El alimento’, en el que se alía con el gurú George Clinton

Cimafunk, en la Sala Barts.

Cimafunk, en la Sala Barts. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Debutó en Barcelona hace dos años en la misma plaza que le acogió este jueves (sala Barts, Voll-Damm Barcelona Jazz Festival), pasó como un huracán por el último Grec y crece, en fin, la sensación de que Cimafunk va dejando una estela de adhesiones fogosas allá donde va. No es para menos, dada la intensidad de su híper-funk a la cubana, servido por una figura arrolladora, ‘sex machine’ tropicalista capaz de mantener la sala en tensión desde el minuto uno.

Por lo pronto, el perfil del cubano Erik Iglesias hace pensar en la fibra escénica de un James Brown, si bien en lo suyo hay tanto o más del desvarío y la algarabía cósmica de George Clinton, con quien ha llegado a componer un tema, ‘Funk aspirin’, para su nuevo disco, ‘El alimento’. Canción que, al igual que ‘Beat con flow’, desató una bacanal rítmica con vestigios del p-funk dentro de un encadenado ‘non stop’ de canciones ricas en promiscuidades, allá donde la guitarra con wah-wah podía convivir con el guiño de la trombonista al clásico ‘Siboney’.

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La tropa de músicos, un octeto con extra de percusión latina, jugó a favor produciendo un efecto avasallador y propulsando a un Cimafunk dominador como cantante, rapero, ‘showman’ y señor de las mil danzas, que a medio concierto se quitó la camiseta e invitó a los asistentes a subir a escena. A partir de ahí se impuso la fiesta. Un par de peros: el concierto fue implacable, pero algo lineal, al que vendría bien algún giro modulado, y el repertorio resultó más sustancioso en los diálogos con la cubanidad (y la pista ‘afro’) que en números ‘funky’ (tipo ‘Basta’), funcionales pero canónicos.