Artista prolífico

Muere el pintor Josep Niebla, un referente de la cultura gerundense, a los 76 años de edad

Nacido en Tetuán, se afincó en Girona en 1962 y deja una obra extensa y de compromiso social

Niebla, con sus mares de gran formato, en Casavells.

Niebla, con sus mares de gran formato, en Casavells. / MATÍAS CROWDER

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Eudald Camps

El pintor Josep Niebla, conocido por pintar mares de grandes formatos, ha muerto este lunes. Nacido en Tetuán el 1945 y afincado en Girona desde 1962, está considerado uno de los pintores más destacados del país, y estuvo en activo de forma ininterrumpida durante cerca de medio siglo. Deja una obra extensa y en constante evolución, marcada por un fuerte compromiso social.

Qué biografía, la de en Niebla. Y qué trabajazo ordenar una obra que es, en realidad, muchas obras. El artista nos deja después de una larga enfermedad y, con él, también desaparece una de las figuras más icónicas de cierta pintura catalana que se soñaba universal (y libre) y que permitía a sus artífices vivir de su trabajo. Poca broma: vivir del oficio de pintar, como los maestros antiguos, y mirarse el mundo (y no el ombligo, como suele suceder ahora) desde una atalaya privilegiada donde el poder siempre resta en entredicho.

Infancia africana

Sobre la biografía atípica del artista, seguramente el mismo Niebla se encargó de mitificar su infancia africana: nacido en Tetuán en 1945, decide muy pronto que quiere ser pintor. No se trataba de ninguna imposición familiar (de hecho, el admirado padre trabajaba la madera y, en su tiempo libre, era corredor de fondo) ni de una suma de acontecimientos más o menos azarosos: Niebla escogía el arte como forma de vida de manera consciente, casi deliberada y sin tener en cuenta, por ejemplo, su realidad económica y social. Justamente por eso, sus primeros pasos fueron hechos en el estudio de Miguel Bernardini (Burgos, 1989 – Ceuta, 1970), un pintor formado en el academicismo más estricto que había hecho fortuna retratando a las élites locales del momento.

De Tetuán en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. La década de los 60 arrancaba para el artista con una beca que le permitió iniciar la formación propiamente reglada. En la capital andaluza se forjó la personalidad artística, digamos dual, de Niebla: «Telas expresionistas —escribía la crítica de arte Maria Lluïsa Borràs—, más exacerbadas todavía. Autorretratos de un novio delgado de mirada muy intensa, reivindicadora». Las obras de aquella época especular, obviamente, apuntaban en una dirección que transcendía la oferta y las posibilidades de la facultad sevillana. La imagen, un poco idealizada, de la Barcelona de Dau al Set se acabaría imponiendo (el traslado efectivo de Niebla a Catalunya se produce en 1962). El año 1964 exponía por primera vez en el VIII Salón de Mayo bueno y asumiendo que, a nivel artístico, ya no había marcha atrás: «Barcelona me impresionó mucho -comentaba Niebla a Borràs-. La pintura de Tàpies me condicionaba y por primera vez, ante una tela en blanco, me sentía tímido. Lo veía como el maestro. El ambiente en Bellas artes -había pedido y conseguido el traslado de matrícula en la facultad catalana-, por parte de los amigos, era estimulante; Chancho y Limoso, Gerard Sala, Grimal, Olivares y Roturáis, Serra de Rivera, Puiggròs, Carbón Berthold, Arranz Bravo y Bartolozzi eran de la misma promoción».

Alejado de la academia

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También fue entonces, y con motivo de aquella primera muestra barcelonesa, que Niebla dejaba de ser, a nivel artístico, José Álvarez para pasar a ser Niebla, que es el apellido materno. Tampoco es casual que aquel Salón de Mayo (Niebla expuso con el número 145) rindiera homenaje al Club 49, heredero del ADLAN: la vanguardia era aquello que permitía a Niebla renegociar su pasado y su formación académica en vistas a una realidad que, por fuerza, reclamaba nuevas formas (aunque fuera a partir de viejos medios). La breve experiencia parisiense (y la influencia recibida por parte de la abstracción lírica imperante en la capital francesa de mediados de años 60, o de figuras plásticamente contundentes como por ejemplo la del pintor Pierre Soulages) acabaría de definir una personalidad artística cada vez más madura y alejada de los planteamientos académicos iniciales. Tetuán y Sevilla, finalmente, pasaban a existir solo en la memoria. Desde entonces, la realidad primera de Niebla fue siempre más catalana y, en especial, ampurdanesa (durante unos años dorados, su fundación tuvo la sede en Casavells, en el Baix Empordà).

Durante su trayectoria, Niebla realizó más de 200 exposiciones en Europa, Asia, África y América y en 1992 la ciudad de Girona le dedicó una extensa muestra retrospectiva. En el año 2017, cuando Niebla ya estaba inactivo a causa de una enfermedad, el Museo de Montserrat acogió una muestra antológica para repasar sus 50 años de carrera. Hace tan solo unos meses, en agosto, Niebla quiso dar parte de su colección de arte al Ayuntamiento de Girona. En total, se trata de unas 600 obras de diversa autoría, entre las cuales destacan Guinovart, Miró, Dalí, Roturáis o Ràfols Casamada.