Crítica de ópera

Un 'Barbero' delicioso

La obra maestra de Rossini, ‘Il barbiere di Siviglia’, triunfa en el Palau de la Música Catalana

Un 'Barbero' delicioso

LORENZO DUASO

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Pablo Meléndez-Haddad

La obra maestra de Rossini, ‘Il barbiere di Siviglia’, ausente desde hacía una década del ciclo Òpera a Catalunya –creado por Amics de l’Òpera de Sabadell y ahora gestionado por la Fundació Òpera a Catalunya–, aterrizó el sábado en el barcelonés Palau de la Música Catalana dentro del ciclo Simfònics al Palau que coproduce la Orquestra Simfònica del Vallès. La cita lírica anual de esta programación se está transformando en un imprescindible para los amantes del género que no pueden desplazarse a las ciudades en las que la obra se presenta teatralizada, y es por eso que hay que agradecer el esfuerzo que realizan los organizadores al proponer la ópera en versión semiescenificada, evitando la versión de concierto.

Tras las favorables experiencias con ‘La Bohème’, ‘Tosca’ o ‘La flauta mágica’, este ‘Barbero’ volvió a encantar al público, que lo despidió con ovaciones. Con la obra rodada habiéndose paseado, previamente y escenificada, por Sabadell –ciudad en la que se estrenó el 20 de octubre y en la que se ofrecieron tres funciones–, Reus, Figueres, Manresa y Sant Cugat del Vallès a la espera, después de la audición barcelonesa, de aterrizar en Lleida –ayer domingo–, Tarragona y Granollers, todo lució engrasado y bien atado. El planteamiento escénico, una síntesis de la producción de Pau Monterde, favoreció el ritmo del espectáculo –incluyendo una controvertida bofetada del Dr. Bartolo a su pupila–, bien apoyado en el vestuario de Montse Figueras –aunque habría que invertir en zapatería masculina– y en la correcta caracterización de los intérpretes que se movieron con tino por el escenario, que compartían con la orquesta.

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El Fígaro del madrileño César San Martín resultó perfecto, de voz potente, esmaltada y de gran dominio técnico, ello unido a una convincente actuación dramática. La Rosina de la soprano valenciana Carmen Romeu gustó por su dominio del estilo y de la coloratura, construyendo un personaje creíble, aunque sus agudos ‘en forte’ se resintieron casi siempre sabiendo evitarlos con inteligentes variaciones. Las facultades del eficaz tenor colombiano Pablo Martínez como Almaviva también le permitieron rendir con comodidad en el papel; lo mismo sucedió con el Don Basilio del tinerfeño Jeroboám Tejera, que rozó la perfección. Muy bien en los recitativos y no tanto en el aria se vio al Dr. Bartolo del barítono argentino Fernando Álvarez, mientras que la Berta de la barcelonesa Eugènia Montenegro regalaba divertidas escenas.

Daniel Gil de Tejada, ante un conjunto vallesano inspirado y un coro sabadellense compactado, pudo controlar incluso a los solistas que actuaban a sus espaldas.