Crítica de concierto

Stay Homas, fiesta grande en Razzmatazz

El grupo barcelonés demostró su capacidad de sobrevivir a la era covid combinando la introspección con la sonoridad más expansiva en la noche de regreso a la actividad de la sala del Poblenou

Stay Homas, en el primer concierto en la sala 1 de Razzmatazz desde el inicio de la pandemia.

Stay Homas, en el primer concierto en la sala 1 de Razzmatazz desde el inicio de la pandemia. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Había la duda de si Stay Homas era un grupo demasiado asociado al estado mental del confinamiento como para que pudiera tener luego una vida normal, pero ahora que se rebajan las restricciones lo vemos suelto y asentado. Todavía más, si cabe, en un episodio de liberación redoblada como el de este jueves en la sala 1 de Razzmatazz, que acogía su primer concierto en 20 meses; sesión del ciclo Cruïlla de Tardor a la que el público accedió mostrando el certificado covid (o el negativo en un test).

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El combo barcelonés, nacido entonces en la terraza de un piso de la calle de Balmes, se ha ido consolidando más allá del ocurrente formato instrumental con el que se dio a conocer. Se hace fuerte en un registro introspectivo pero desenfadado, al que acudió en un tramo central del concierto, cuando Guillem Boltó sacó del armario el viejo cubo de fregar y recuperó sus canciones bautismales, como ‘Gotta be patient’. Pero se aprecia cierta intención de expandir esa identidad haciéndose con una sonoridad más corpulenta, convirtiendo al trío en quinteto, con batería y extra de teclados.

Stay Homas salió como quien dice en volandas de Razzmatazz porque hizo valer su naturalidad para sobrevolar estilos (incluyendo el reggae, la salsa y la bossa nova), la habilidad para el gancho melódico y una apuesta muy oportuna por la pista electrónica, que se hizo notar en ‘No vull baixar’ y ‘Let it out’. Aunque en lo suyo se respiran vestigios de la música de verbena de estos años, ellos están ya en otra estación, y ahí, la vuelta a la normalidad (si se consolida) no tiene por qué suponer el fin del hechizo, sino un nuevo horizonte.