Retorno a la presencialidad

Crónica del Manga Barcelona, viernes: "Soy el contagiador de la clase"

El jurado ya ha concedido los numerosos premios de la cita con el cómic y la cultura japoneses

Ferran Nadeu

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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A las 6.58 de la mañana había ya un grupillo de 10 ‘otakus’, los más madrugadores, esperando en los accesos de la 27ª edición del Manga Barcelona. Faltaban aún un par de horas para que se abrieran las puertas tras dos años sin presencialidad por el covid y había ansia de salón, ansia de encuentro festivo, de evento multitudinario, aunque fuera con mascarilla y constante lavado de manos. Entrada fluida a las 9 horas de fans e incondicionales del cómic y la cultura japonesa, que pronto asaltaron los distintos espacios, sobre todo la zona de venta de ‘merchandising’, pero también los estands de libros. Todavía no eran las 11 y Pedro y Ángelo, llegados de Llançà, vivían su primer Manga Barcelona desplegando sobre una de las mesas dispuestas para descansar la friolera de unos 14 mangas cada uno recién comprados, amén de un par de muñecos. Tras hacer la foto del botín lo guardan en sendas mochilas. Con ellas cargadas hasta arriba, dicen, ahora se sentarán a decidir por dónde siguen el recorrido de la jornada.

Ellos dos vienen, podría decirse, de paisano. Pero no hay un Manga Barcelona sin ‘cosplayers’, eso no lo ha cambiado la pandemia: un variopinto desfile de disfraces y trabajados atuendos. Ahí están, bien pronto, Dara y Aida haciéndose fotos ante un gran plafón de Pokémon, y es que Dara va vestida de Pikachu, con su amarillo eléctrico iluminando el pabellón 5. "Nos gusta el ambiente del salón, el relacionarte con amigos, la fiesta, el preparar el disfraz, comprar mangas…", enumera.  

'Boom'

La mañana del viernes suele ser siempre la más floja, pero en pandemia nada es como antes. Sin aglomeraciones, con mucho espacio por el que transitar y perderse, pero con constante flujo y hormigueo de visitantes que a la hora de comer ya era multitud (no en vano hay que recordar que las entradas se agotaron a las pocas horas de ponerse a la venta), el Manga Barcelona echaba a andar, eso era lo principal, decían muchos de ellos: el regreso de la fiesta, de sentirse parte de una comunidad que comparte los mismos gustos y que está viviendo un ‘boom’, un momento dulce sin precedentes en España, tanto de lectores, como de ventas, como de títulos publicados. 

Pasaban de las 11 cuando sobre uno de los escenarios se celebraba oficialmente la inauguración del salón con la tradicional ruptura del barril de sake (como quien corta la cinta o choca la botella para botar un barco, explica el maestro de ceremonias gastronómicas del festival, Roger Ortuño) y el posterior brindis. A ello se puso él mismo junto a la directora del salón, Meritxell Puig; el director de Ficomic, Patrici Tixis, y el cónsul de Japón (estrenándose en el Manga Barcelona, tomó el relevo en julio de 2020 y ya tenía ganas, confiesa, de vivir un salón del que le habían hablado tanto), Sato Yasushi. Cada uno con un rotundo mazo de madera y ataviados con chaqueta japonesa, rompieron el barril para luego servir vasitos de sake entre el público y "'¡Kanpai!'" (chinchín a la japonesa): un brindis colectivo por el regreso a la presencialidad. Este sábado, de autoridades, se podrá ver por la mañana al ministro de Cultura, Miquel Iceta, y por la tarde al presidente de la Generalitat, Pere Aragonés.

En una de las sillas esperando el sake está Montserrat, de 22 años. "Vengo desde los 13. Tenía muchas ganas de volver y tengo el abono para los cuatro días. El domingo vendré con mis hermanas pequeñas disfrazadas. Les he transmitido mi pasión por el manga", asegura tras la mascarilla, negra, como su ropa y las dos alas murciélago a lo Batman que luce en la cabeza, pero no: "Son de Akira, de la serie 'Devilman'. Me gusta porque es de terror psicológico. Es un personaje algo malo, que se transforma en demonio pero él no quiere. Me gusta su parte humana". Tras el brindis se escapa a un taller para aprender a escribir japonés.

Genuinos 'cosplayers'

Curioseando entre los estands están Judith y dos amigos. Ambos se llaman Àlex y son genuinos 'cosplayers', que esperan como agua de mayo los concursos. Uno emula a Kirito, de la serie 'Sao', otro de Kizaru, de 'One Piece'. Tienen entre 26 y 31 años y ya de chavales, afirman, se engancharon al anime saltando luego al manga. Ella, en cambio, entró directa a los cómics. Súpercaracterizada va también Noa, de Road Kamelot, de la serie 'D.Gray-man', concreta. "Me gusta porque está un poco loca y tiene carácter", dice junto a su amiga Paula, que asegura que ha crecido con el salón -empezó cuando aún se celebraba en La Farga de L'Hospitalet-. Ambas con "muchísimas ganas de volver a disfrutar de este ambiente, de conocer a gente con intereses comunes a los tuyos, de 'cosplay', de buscar 'merchandising' exclusivo que solo encuentras aquí...".

El 'contagiador' de la clase  

Mientras, en otro pabellón empiezan las demostraciones de alumnos y dibujantes formados en la Escola Joso. Allí está Marian Company, autora de 'La historia del manga en manga'. Y fuera, en la plaza del Univers, ya a punto de ir a por un tentenpié está Lucas, con 10 años, junto a su madre que, sentada en el suelo, custodia su botín: seis bolsas de mangas y muñecos. Él lleva un abrigo de Itachi. Empezó viendo anime en 2019 por consejo de un amigo. "Y he sido el coronavirus, en clase los he contagiado a todos y ahora a todos les gusta el manga y el anime", dice orgulloso. Las nuevas generaciones.  

Los premios

Mientras a las 12.38, desde sus redes sociales, el Manga Barcelona anunciaba que se habían liberado algunas entradas (lo que significaba que había quien ya había abandonado el recinto y que esas vacantes habían generado entradas disponibles) se estrenaba el Auditorio en esta edición con la entrega de los premios del festival: 

Manga:

Mejor shojo: 'Banana fish', de Akimi Yoshida  (Panini Cómics)

Mejor shonen: 'Chainsan man', de Tatsumi Fujimoto (Norma)

Mejor josei: 'El secreto de Madoka', de Kingyobachi Deme (Kodai)

Mejor sheinen: 'Maximum Berserk', de Kentaro Miura (Panini Cómics)

Mejor manga de autor/a español/a: 'Urara', de Ron y Kurohaine

Mejor BL: 'Akamatsu y Seven. Macarras in love', de Hiromasa Okujima y Shoowa (Tomodomo)

Mejor yuri: 'Goodbye my rose garden', de Dr. Pepperco (Arechi) 

Mejor kodomo: 'One piece party', de Ei Andou (Planeta Cómic) 

Mejor light novel: 'Diario de un mangaka', de Inio Asano (Milky Way Ediciones)

Mejor fanzine: 'Transition 3', de Ariko y otros autoresAnime:

Mejor estreno de película anime en cines: 'Promare'

Mejor serie de anime en plataformas: 'Ataque a los Titanes' 

Mejor película de anime en TV: 'Evangelium 3.0+1.0: Thrice upon a time'

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