Entrevista

Laurent Garnier: "Ya no oigo nada nuevo que me haga decir: 'Guau, ¿esto qué es?'"

  • El productor y ‘dj’ francés, figura icónica de la música electrónica desde los años 90, vuelve al Sónar para oficiar una sesión de ‘clubbing’ pospandémico en el Poble Espanyol, así como conversar con el cineasta Juan Antonio Bayona y preestrenar el documental ‘Laurent Garnier: off the record’

Laurent Garnier.

Laurent Garnier. / STEPHANE DE SAKUTIN / AFP

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El Sónar ya se anotó el nombre de Laurent Garnier en su primera edición, en 1994, justo cuando este productor y ‘dj’ tenía entre manos su álbum de debut, ‘Shot in the dark’. Figura asociada a toda una era dorada de expansión popular de la música electrónica, Garnier viene a Barcelona para ofrecer una sesión en el Poble Espanyol y para conversar con el cineasta Juan Antonio Bayona en el CCCB, actos ambos programados para este sábado, este último en colaboración con el festival In-Edit, que a su vez, este fin de semana preestrena en los Aribau Multicines el documental 'Laurent Garnier: off the record', de Gabin Rivoire.

¿Una película sobre su epopeya en aras del desarrollo del techno? ¿Qué historia deseaba contar?

Recibí propuestas que no me convencían: querían hacer un filme sobre mí, y eso no me parece interesante. Fui yo quien me acerqué a Gabin Rivoire y le dije: “ya sé que no sabes nada de techno, pero eso es bueno”. Le propuse venir a mi casa, que invadiera un poco mi intimidad y que me utilizara para conocer gente y contar la historia desde una perspectiva más amplia. Le elegí porque me gusta su modo poético de filmar la música. Quería una película que mostrarse la emoción que bascula en torno a la pista de baile, con la gente soltándose, sin necesidad de dar muchas explicaciones.

En un momento del filme se ve su colección de vinilos: mucha música negra, como Sly & The Family Stone, la Motown…

Y mucho reggae, y hip-hop, y jazz… Soy un amante de la música.

Creció en los 70 y 80, en tiempos en que el ‘dj’ no era un protagonista. ¿Qué le atrajo de esa figura?

De muy crío, cuando tenía siete u ocho años, ya me atraía todo lo que tenía que ver con los clubs, a través de los medios y de las conversaciones con mi hermano mayor. En París había un club, Le Palace, del que todo el mundo hablaba, y me fascinaba lo que me contaban.

He producido muchos discos, pero aun así no me considero músico

Nunca se ha considerado músico.

He producido muchos discos, pero aun así no me considero músico, porque necesito de mis herramientas electrónicas para expresarme. Sí, compongo música, así que quizá lo sea, pero me veo más bien como alguien que hace llegar la música a la gente.

Forma parte del ‘star system’ que en los 90 convirtió a los ‘djs’ en estrellas pop.

No me veo así. He tenido debates sobre este tema con gente del Sónar: ¿estrella techno?, ¿estrella pop? Quizá una estrella del techno es alguien que está detrás de su pupitre y la estrella pop se sitúa delante del escenario, más como un actor.

¿Usted es más científico que ‘showman’?

Necesito la música que hacen los demás para contar mi historia. Es lo que hago cada noche.

Después del techno de Detroit, el house de Chicago, ‘Madchester’ y el acid-house… ¿Ve ahora algo tan poderoso como aquello?

Ya no oigo nada nuevo que me haga decir “guau, ¿esto qué es?, ¿de dónde viene?”. Hay cosas estupendas, pero siempre les veo la conexión con algo anterior. Hemos llegado muy lejos en materia de ruido minimalista, y de experimentación, pero no veo cosas revolucionariamente nuevas ahora mismo.

Su último trabajo es la colaboración con The Limiñanas, un grupo de rock francés de la zona de Perpinyà, en el álbum ‘De película’. ¿Qué le ha llevado hacia ellos?

Nos hicimos amigos porque hace cinco años coorganicé un festival en el sur de Francia [Festival Yeah!] y vinieron a actuar. Una de las cosas que nos unen es la atracción por el grupo alemán Can. La idea no era hacer un álbum a medio camino entre su mundo y el mío, sino que yo me fuera a su territorio.

Cuando alguien dice 'las cosas eran mejores hace 20 años' es que se está haciendo viejo

Desde hace algunos años se habla de la decadencia del club: la gente joven interactúa por otras vías, como las redes sociales, y si va a una discoteca es para hacerse selfis y colgarlos en Instagram. ¿Se ha terminado lo que el club significó en tiempos no tan lejanos?

Siempre habrá clubs, y gente encontrando soluciones: en el Berghain o el Panorama Bar [clubs berlineses] no se permite entrar con móviles. En París hemos pasado épocas malas, pero clubs como el Concrete han marcado el camino hacia una nueva generación. Normalmente, cuando alguien dice “las cosas eran mejores hace 20 años” es que se está haciendo viejo.

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El Sónar ha sido plaza fija en su trayectoria. ¿Qué representa el festival para usted?

No siento que sea un festival que envejezca, porque su programación sigue siendo muy vanguardista, con grandes nombres y a la vez asumiendo riesgos. No conozco la mitad de las propuestas, pero es un lugar al que voy para refrescarme y ver qué está pasando, y donde es posible, por ejemplo, encontrarme con JA Bayona, un cineasta que hace películas enormes.