Crítica de cine

'Érase una vez en Euskadi': La niñez en los años de plomo

El director Dani Gómez se sumerge en sus recuerdos de infancia con esta fábula sobre la inocencia en el hostil País Vasco de los 80

Érase una vez en Euskadi

Érase una vez en Euskadi

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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'Érase una vez en Euskadi' ★★★

Director: Dani Gómez

Intérpretes: Asier Flores, Aitor Calderón, Miguel Rivera, Hugo García, Marián Álvarez, Luis Callejo, Yon González, Vicente Romero, Aarón Piper, María Isasi, María Alfonsa Rosso

Año: 2021

Estreno:  29 de octubre de 2021

 

En los últimos tiempos la ficción se ha encargado de retratar el conflicto vasco desde numerosos puntos de vista, el de las madres o el de los hijos que ingresaron dentro de la organización terrorista, pero 'Érase una vez en Euskadi' aporta una nueva perspectiva situándose al nivel de la mirada de los niños que crecieron en los ochenta y transitaron su infancia a medio camino entre la violencia del ambiente y los juegos propios de su edad. 

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El director Dani Gómez, a partir de las vivencias de un grupo de amigos, se adentra en sus propios recuerdos para componer un retrato coral a modo de homenaje a esas familias, como la suya, que emigraron al País Vasco en busca de trabajo y a las que despectivamente se les llamaba maquetos. La película conserva la inocencia de los ojos de esos niños que aprenden sin darse cuenta a convivir con la crudeza del mundo en el que viven durante esos años de plomo que se caracterizaron por los constantes atentados, las manifestaciones abertzales y la epidemia de sida. Es amable, narrada en forma de fábula, pero que en el fondo cuenta cosas terribles. Y, aunque a menudo las situaciones resulten demasiado forzadas, en ese difícil equilibrio entre la ligereza y el dolor, hallamos su principal virtud. También en su capacidad nostálgica de acercarnos a una época que se describe con sus luces y sus sombras, de manera cercana y costumbrista, desde la intimidad de las cocinas de cada casa. Esa sencillez resulta fundamental a la hora de aproximarnos a una película que no tiene la ambición de ser un retrato generacional o social, sino que prefiere abrazar la emoción a través de las cosas pequeñas.

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