Crítica de concierto

Pollini, feliz reencuentro con Barcelona

El mítico pianista italiano agotó las localidades en su regreso a la ciudad después de 13 años de ausencia

Maurizio Pollini, en el Palau de la Música, este miércoles.

Maurizio Pollini, en el Palau de la Música, este miércoles. / Mario Wurzburger

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Pablo Meléndez-Haddad

El legendario pianista italiano Maurizio Pollini regresó a Barcelona -de la que estaba ausente desde 2008- prácticamente agotando localidades y con un programa en el que convivía obras de Schoenberg, Nono y Chopin.

Aunque fue el representante de la Segunda Escuela de Viena quien arrancó el programa, en la primera parte las miradas estuvieron puestas en '...sofferte onde serene...', de Luigi Nono. Compuesta entre 1975 y 1977, el propio Pollini participó en el estreno de esta obra para piano y cinta grabada que explora caminos que entroncan con Darmstadt y que el público recibió incluso con entusiasmo.

De Schoenberg se escucharon las fundamentales ‘Drei Klavierstücke’ (‘Tres piezas, Op. 11’), de 1909, en las que destacó sobre todo ‘Mässige eighth note’, en la que Pollini jugó con el ‘crescendo’, seguidas de las miniaturas ‘Sechs kleine Klavierstücke’ (‘Seis pequeñas piezas, Op. 19’), publicadas en 1913 y que pueden concebirse como un movimiento fragmentado. Pollini evitó el tinte expresionista y la unión de las partes con categóricas pausas, cubriéndolo todo con un dulce acento romántico y muy contrastado. Sí, este Schoenberg también puede llegar a ser dulce.

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Pasado el torbellino del siglo XX, Pollini se entregó por entero a uno de sus autores fetiche, Chopin, primero con una algo soporífera 'Mazurca Nº 35 en Do menor, Op. 56' antes de una intensa versión de la ‘Sonata Nº 2 en Si bemol menor, Op. 35’, con un ‘Grave’ inicial a toda máquina y una digitación algo accidentada, un ‘Scherzo’ todo pasión y vértigo para llegar a la popular ‘Marcha fúnebre’ cargado de inspiración; la remató con el demoníaco final de manera soberbia. A la hermosa ‘Berceuse en Re bemol mayor, Op. 57’ le siguió, para terminar, la popular 'Polonesa en La bemol mayor, Op. 53, Heroica’, en la que el Pollini virtuoso impactó con una ejecución impresionante, dominando las dobles escalas y los adornos.

Curioso: con el aforo al 100% y con Schoenberg y Nono volvieron al Palau las toses, las que desaparecieron después en Chopin...