Radiografía de un fenómeno

'Lamb' y el 'milagro' del cine islandés

Noomi Rapace en ’Lamb’

Noomi Rapace en ’Lamb’

El gobierno de Islandia impulsa el sector como estrategia de diversificación económica

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Carol Álvarez
Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico de Catalunya

Escribe desde Barcelona

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La tierra de los volcanes y el frío también se asoma a nuestras pantallas cada vez más a través de películas y series de calidad, muy personales, y con un sello de identidad cultural que ha logrado aunar el interés de crítica y público. 

El festival de Sitges ha sido la última parada en este peculiar camino al éxito que lleva Lamb, la cinta islandesa triunfadora en el certamen con el premio a la mejor película y el reconocimiento del jurado al director revelación, Valdimar Jóhansson. Esta propuesta de horror folk se ha abierto paso entre la crítica allá donde ha concursado, con menciones en Cannes y los European Film Awards, en breve pasará el examen de la taquilla, pero ya ha recorrido el camino más difícil, el que la pone en el punto de mira pese a pertenecer a la cinematografía de un país de 370.000 almas.

Hilmir Snær Guðnason y Noomi Rapace en una imagen de 'Lamb'.

/ Archivo

Lamb, protagonizada por Noomi Rapace, también triunfadora en el palmarés, retrata un drama rural con un tinte surrealista que eleva la originalidad de la apuesta fílmica. Tras el guion, el escritor más prestigioso del país, Sjón, y muy polifacético: a sus novelas, poemas y guiones suma también su experiencia como compositor y letrista de Bjork en varios discos, el último Biofilia. Islandia la ha seleccionado como candidata a las nominaciones de los Oscar.

Políticas de promoción

El fenómeno islandés no es un golpe de suerte. El talento que ha aflorado en la escena internacional viene de la mano de unas políticas de promoción del sector impulsadas por una ley de 2003, que estipula las ayudas a la producción de ficción cinematográfica, televisiva y documental y que se concretó en la reconversión del antiguo Icelandic Film Fund, que operaba desde 1979, en el exitoso Icelandic Film Center. Este organismo, presidido por la ministra de Cultura del país, vela por la proyección internacional en festivales y mercados audiovisuales a la vez que se implica en potenciar el negocio interno y la preservación de los valores islandeses. 

Sus planes cuatrienales les garantizan una hoja de ruta adaptada a la realidad del sector: en el plan cerrado en 2019 lanzaban una apuesta sólida por la promoción de las mujeres en puestos clave de la industria, por ejemplo. Entre 2014 y 2018 el gobierno invirtió 66,5 millones de euros en el plan y obtuvo 99,8 millones en ingresos por exportación de cine y televisión.

Identidad y reputación

El plan de 2020 lanzó el desafío a diez años vista tras ver su exitoso balance de la década anterior, y las bases del milagro islandés nacen de la necesidad de diversificar sus sectores económicos aprovechando el potencial con el que cuentan: creatividad, paisaje natural único, y un compromiso fuerte con su cultura. En su programa, el gobierno islandés pretende desarrollar más formación académica audiovisual aprovechando que el peso de la industria se triplicó entre 2010 y 2020. «Cultura, lengua, identidad, economía y reputación internacional», señala el plan islandés como pilares de la apuesta de futuro para consolidar el trabajo hecho. 

'Un blanco, blanco día'


/ EL PERIÓDICO

Y es que Lamb es la última producción que se abre camino en el foro internacional, pero otras la han precedido en tiempos recientes. Un blanco, blanco día, dirigida por Hlynur Palmason, deslumbró con su relato en forma de thriller del trance que vive un viudo reciente al descubrir un secreto de su pasado. El entorno islandés, con un paisaje y una luz únicas, se transforma en la filmografía del país en un instrumento más para labrar escenas y personajes. En Un blanco, blanco día la simbiosis es perfecta. 

'Buenos vecinos'


/ EL PERIÓDICO

Otro de los exponentes del emergente cine islandés es su peculiar humor, áspero y surrealista en la línea del cine nórdico. En Buenos vecinos, la disputa entre dos familias por la sombra que causan las ramas de un árbol y que es el eje de la trama conduce al espectador de la sonrisa a la inquietud en una historia que atrapa por su profundidad. 

Buenos vecinos, dirigida por Hafsteinn Gunnar Sigurðsson, fue reconocida en el Festival de Venecia y optó al Oscar en 2019.

'La mujer de la montaña'


/ EL PERIÓDICO

La película que sin embargo más ha aunado el apoyo de crítica y espectadores de esta última hornada cinematográfica ha sido La mujer de la montaña. Dirigida por Benedikt Erlingsson y con el protagonismo de una espléndida Halldóra Geirhardsdóttir, la historia cuenta en clave de comedia la lucha que mantiene una granjera contra los intereses económicos que perjudican su modo de vida y el medio ambiente y que dibuja como una mafia poderosa. Es una nueva edición del David contra Goliat, con el medio ambiente en el centro, pero la crítica mordaz no queda desvirtuada por el tono cómico de la puesta en escena. 

Estrenos de la semana. La mujer de la montaña

La cinta, por sí sola, se situó en las carteleras de cine internacionales, y eso que llegó en pandemia a las salas de exhibición. Fue muy celebrado su paso por los festivales de Sevilla y de Valladolid, y la protagonista fue nominada al premio del Cine Europeo y representó a Islandia en los Oscar.

'Rams'

Fotograma de 'Rams (El valle de los carneros), Espiga de Oro.

/ EL PERIÓDICO

Otras experiencias islandesas exitosas en crítica como es el caso de Rams, la película de Grímur Hákonarson de 2015 que se centra en la historia de dos hermanos que no se hablan en un valle azotado por una epidemia  mortal para el ganado, tuvo una respuesta automática en forma de remake australiano con Sam Neill y Miranda Richardson al frente del reparto en 2020. Rams fue reconocida con La Espiga de Oro en el Festival de Valladolid y fue reconocida en Cannes.

La televisión

La apuesta por la diversificación del sector audiovisual impulsada por el Icelandic Film Center también tiene mucho que ver con que en estos momentos tres series islandesas aguanten el tipo entre la oferta de plataformas televisivas tan competitivas como Netflix.


/ EL PERIÓDICO

Atrapados, que ya tuvo su recorrido con su primera entrega en Movistar +, cuenta con dos temporadas y su protagonista, Ólafur Darri Ólafsson, ya lidera el star-system del país. La serie está dirigida por uno de los tótems del cine islandés, Baltasar Kormákur, que también es su creador y que desde su productora RKV Studios ha impulsado algunas de las películas más taquilleras de su historia: 101 Reykjavik o Las Marismas, basada en la novela negra del prolífico Arnaldur Indridason, destacan en su portafolio. 

También está Kormákur detrás de la intrigante serie Katla, una producción que combina el terror sobrenatural con el drama existencial en el contexto de la erupción de un volcán en la isla. 

Más convencional pero igual de efectiva, lo que la convierte ya en una serie perfectamente engrasada para funcionar en el mainstream, es Los asesinatos del Valhalla. Un policía de Oslo es enviado a Reykjavik a dirigir la investigación de una serie de crímenes con un mismo modus operandi, y las rivalidades en el seno de la comisaría islandesa, con dos mujeres al frente,  se suman a la trama. También Stella Blomkvist, dirigida por Óskar Thór Axelsson igual que Atrapados, es una serie detectivesca con una abogada peculiar como protagonista.

El noir islandés, muy arraigado, también ha extendido sus tentáculos desde la literatura a la producción audiovisual, Autoras como Lilja Sigurdardóttir e Yrsa Sigurdardóttir han participado en guiones de Katla y Atrapados, sin ir más lejos. Una de las novelas de Yrsa Sigurdardóttir, Sé quién eres, ha sido llevada al cine por Axelsson. El último rey de la novela negra islandesa, el superventas Ragnar Jonásson, nos traerá en breve los personajes de su saga (publicada en Seix Barral) en una serie ya en producción. 

Gríma en 'Katla'

/ Netflix

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Sí que hemos podido ver ya un par de capítulos de la nueva serie del protagonista de Atrapados, una comedia sobre dos amigos que emprenden un viaje por los fiordos del oeste después de mucho tiempo sin tratarse y en el que los personajes juegan con su aparición en series muy reconocidas en la pequeña comunidad islandesa. Journey se ha presentado en el festival Seriealizados Fest junto a otra nueva apuesta del país, Blackport, que disecciona el sector pesquero islandés de los años ochenta y su reconversión.

En la plataforma de streaming Filmin se pueden ver muchos de estos títulos, así como otros hits interesantes de la producción del país como A song called hate, un documental centrado en el escándalo que protagonizó el representante islandés en Eurovisión, Hatari, al cuestionar la política de Israel, o Déjame caer, un retrato de la adolescencia más traumatizada de la sociedad  islandesa a manos del director Baldvin Zophoniasson, muy reconocido y todo un mito en el país.