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La editorial Gigamesh rompe con las reglas del negocio del libro y pasa a la venta directa

Solo venderá en su propia tienda, por internet y en ferias, y dedicará el ahorro en intermediarios a rebajar el precio de sus títulos entre el 30% y el 40%

La editorial Gigamesh rompe con las reglas del negocio del libro y pasa a la venta directa

Jordi Cotrina

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

Escribe desde Barcelona

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La llamada 'cadena del libro' es un ecosistema con unas reglas claras. Entre el editor y el comprador hay dos eslabones, el distribuidor y el librero, que cobran por su labor cerca del 55% del precio de venta al público. Ni el gran disruptor del sector, Amazon, ha roto esta cadena, sino que ha suplantado estos eslabones tradicionales (llevándose también la parte del león, amenazando a libreros y distribuidores y dejando a los editores igual o peor). En este marco, la pequeña editorial Gigamesh (redimensionada tras haber dejado de editar los títulos de George R. R. Martin) ha decidido embarcarse en un experimento que rompe las reglas del juego. Según explica su propietario, Alejo Cuervo, una fórmula para hacer que los números cuadren (algo cada vez más difícil) a editoriales de su calibre, suprimiendo intermediarios y rebajando drásticamente el precio de los libros para hacerlos competitivos. Supone un precedente que hace realidad (a pequeña escala) el peor de los escenarios para los libreros, que ya han visto con alarma cómo puntualmente los grandes editores han hecho ensayos de venta directa desde sus webs.

Hace unos días, Gigamesh dio órdenes a sus distribuidores de retirar sus títulos de todas las librerías de España. Tras modificar sus precios de venta al publico (entre un 30% y un 40% menos) solo estarán disponibles en la propia librería Gigamesh, en la web de venta online Lektu (participada por la propia empresa) y en las ferias y convenciones a las que acuda la editorial. Para mantener los ingresos del autor (un porcentaje del precio de venta), en este modelo el porcentaje de royalties pasaría a aumentar.

Solo venderá en su propia tienda, por internet y en ferias, y dedicará el ahorro en intermediarios a rebajar el precio de sus títulos entre el 30% y el 40%

La jugada de Gigamesh es un intento de adaptación al cambio de hábitos del lector -"la distribución por correo seguirá creciendo"- y al reescalado de la editorial tras caducar sus derechos sobre los libros de George R. R. Martin (significó despidos de personal). Gigamesh ya dio un primer paso renovando todo su catálogo, saldando sus existencias en los antiguos formatos (con un resultado económico que, según Cuervo, le acabó de abrir los ojos ante su última apuesta) y lanzando los nuevos títulos con un formato más atractivo, con tapa dura y nuevos diseños. El resultado es que con las tiradas medias cada vez más bajas, esto ha dado algún buen resultado en títulos como los clásicos de la ciencia ficción rusa de los hermanos Strugatsky pero obliga a fijar precios nada competitivos a los títulos que deben incluir también en coste de una nueva traducción, como los de Daryl Gregory, que con precios de venta muy superiores a los 20 euros han obtenido una respuesta decepcionante en el mercado.

Libros más baratos

"El objetivo es bajar drásticamente los precios para hacer los libros más competitivos. Los grandes editores pueden trabajar por debajo de la barrera psicológica de los 20 euros en formato 'trade' y de los 10 euros en formato de bolsillo, y hacen todo lo que pueden por no superarla, pero cada vez es más difícil para las pequeñas editoriales conseguirlo en un contexto de tiradas medias menguantes", explica Cuervo.

"Sé que inicialmente me estoy rebajando el techo de ventas. Pero los modelos de negocio de crecimiento, en muchos sectores, son los que han eliminado la intermediación", alega Cuervo. "En un mercado saturado, el lector tiene más de lo que puede abarcar, así que acaba decidiendo en función de motivos más de descarte que de elección, cualquier excusa es buena para decidir qué no consume, que la letra sea pequeña, que el aspecto no sea atractivo o que el precio no sea atractivo", añade.

¿Un modelo extrapolable?

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Que este modelo se extendiese (y Cuervo considera que es viable para las pequeñas editoriales, sobre todo si deciden asociarse con una librería con la que trabajen en exclusiva) sería una pésima noticia para los libreros. Con unas consecuencias sobre la viabilidad del tejido de librerías que, por otra parte, los grandes grupos editoriales no se podrían permitir. "Dependen de las librerías para colocar los 'best-sellers'. Pero, al fin y al cabo, ya se están saltando la intermediación de las librerías de muchas formas: con sus propios sellos de autoedición, vendiendo en ocasiones de forma directa, como hicieron algunos durante la pandemia... o distribuyendo a través de Amazon, cosa que nosotros no vamos a hacer".

Curiosamente, Cuervo también es librero. "La crisis que vivo como editor como librero no la tengo. La librería sigue teniendo un valor de socialización y una experiencia de compra más atractiva: tiene futuro funcionando cada vez más como espacio de encuentro, como sala de actos, como punto de referencia de un cliente habitual que actúa como un amigo, lo que se ha demostrado con las muestras de apoyo que se han dado durante la pandemia", apunta, antes de proponer un "modelo mixto de colaboración entre librero y editor".