Festival de Sitges

'El páramo', o el miedo a perder a tus seres queridos

  • David Casademunt presenta a concurso en Sitges su primera película, 'El páramo', dotada de una imaginería que bascula entre el wéstern y el folk horror, con Roberto Álamo, Inma Cuesta y el niño Asier Flores como protagonistas.

Inma Cuesta, Roberto Álamo y Asier Flores, en una imagen promocional de ’El páramo’

Inma Cuesta, Roberto Álamo y Asier Flores, en una imagen promocional de ’El páramo’ / Netflix

3
Se lee en minutos
Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

ver +

Cuando tenía once años, a David Casademunt (Barcelona, 1984) sus padres le regalaron una cámara y ese momento supuso un antes y un después en su vida. Comenzó a hacer cortos con sus primos y soñó que alguna vez se convertiría en director de cine y haría un largometraje. Se formó en la ESCAC, montó una productora y empezó un largo entrenamiento para coger músculo esperando que llegara ese instante ansiado. El camino no fue fácil, más de cuatro proyectos que no encontraron su espacio, hasta que junto a Martí Lucas y Fran Menchón escribió 'El páramo'. En esta ocasión, a la quinta fue la vencida. La productora Rodar y Rodar apostó por ella y Netflix se involucró para convertirla en uno de sus originales. Ahora, Casademunt estrena su ópera prima en el Festival de Sitges dentro de su sección oficial. 

Se trata además de un proyecto muy personal. Cuando era adolescente su padre falleció y tuvo que hacer frente a su larga enfermedad. “Vivir con la persona que más quieres y ver cómo poco a poco de ser ella misma, es una película de terror. Eso sumido a la pérdida, al vacío. Necesitaba escribir sobre eso, hubiera sido deshonesto conmigo mismo que mi primera película no hablara de una cuestión que ha marcado mi vida”, cuenta el director antes de la presentación de la película. “A través de los personajes quería contar cómo tu hogar se puede transformar para siempre y de cómo nada vuelve a ser igual”. 

'El páramo' en realidad trata sobre los miedos, los externos y los internos. Nos situamos en una España distópica en el siglo XIX. Hay guerras, horror, sangre y violencia (que nunca veremos) y una familia formada por Salvador (Roberto Álamo), Lucía (Inma Cuesta) y su hijo de once años (Asier Flores) deciden aislarse del mundo para preservar la seguridad de su hogar. Han creado un espacio donde aparentemente lo tienen todo controlado, pero la sombra de la amenaza se encuentra impregnada en el ambiente. ¿De qué forma? A través de una leyenda, la de una bestia que, si llegas a ver, termina apoderándose de ti, atrapándote a través de tus inseguridades y nutriéndose de ellas hasta destruirte. 

Shyamalan como referencia

David Casademunt prefiere dejar abiertas las interpretaciones alrededor de esa bestia, pero su figura le sirve introducir el elemento de horror dentro del ambiente cotidiano. En su cabeza, siempre estuvo presente como referencia el cine de M. Night Shyamalan, por su forma de trenzar el drama y el suspense a través de los personajes. “Yo no quería una película de sustos ni de sangre, sino introducirme en un ambiente que se va oscureciendo cada vez más hasta convertirse en claustrofóbico, de forma que los terrores van aflorando poco a poco a través de la metáfora del crecimiento del niño protagonista”. 

David Casademunt y Asier Flores, tras la presentación de 'El páramo' este lunes en Sitges

/ EFE / Susanna Sáez

'El páramo' entroncaría a la perfección con las historias de 'folk horror' que han caracterizado a una nueva generación de directores entre los que se encuentra Robert Eggers ('La bruja') o Ari Aster ('Hereditary’, 'Midsommar'). “Creo que son películas que se han afianzado como clásicos contemporáneos y es interesante que todas hayan surgido de forma natural en los últimos años”. 

Noticias relacionadas

Hablar de una familia que se aísla en una casa para escapar de una amenaza externa adquiere una dimensión diferente en tiempos de covid. Aunque el guion estaba ya terminado antes de la pandemia, de alguna manera esta situación se ha colado en la manera de plasmar la historia a través de las imágenes. “Aproveché el confinamiento para dibujar el 'story board' y eso ha influido en la forma de enfocar la puesta en escena. Gente que se confina porque tiene miedo del mundo exterior. Era inevitable establecer un paralelismo. La cuestión es: qué es peor, lo que hay fuera o lo que hay dentro de casa. Ese es el dilema al que se tendrá que enfrentar el protagonista”.

Quizás, precisamente por esa razón, la película se abre a otras lecturas de actualidad, como las enfermedades mentales o la sensación de locura que puede causar el aislamiento. “Es una interpretación perfectamente válida, eso también puede ser la bestia”, afirma Casademunt.