La gran cita del cine fantástico

10 episodios memorables de las 'Historias para no dormir' originales

  • Una guía para conocer (o recuperar) la emblemática serie de Narciso Ibáñez Serrador coincidiendo con la presentación en el festival de Sitges de las nuevas versiones dirigidas por Rodrigo Sorogoyen, Paula Ortiz, Paco Plaza y Rodrigo Cortés

Chicho Ibáñez Serrador, en una imagen promocional de ’Historias para no dormir’.

Chicho Ibáñez Serrador, en una imagen promocional de ’Historias para no dormir’. / EPC

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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La presentación en el marco del festival de Sitges de las nuevas versiones de cuatro de los más destacados capítulos de la irrepetible serie de TVE ‘Historias para no dormir’ brinda un pretexto inmejorable para volver a los episodios originales, un festín de recursos truculentos y de referencias literarias y cinéfilas servido por un Narciso Ibáñez Serrador en estado de gracia, convertido en una mezcla imposible de Alfred Hitchcock, Rod Serling y Roger Corman. Aquella puerta chirriante que aterrorizó a los televidentes españoles entre 1966 y 1968 (y, tras un largo paréntesis, también en 1982) se vuelve a abrir ahora para desvelar nuevos horrores. De entre los antiguos (disponibles en RTVE Play y Amazon Prime Video), estos son algunos de los más memorables. 

'El cumpleaños'

(Temporada 1, Episodio 1) En la introducción del primer episodio de ‘Historias para no dormir’, Ibáñez Serrador apelaba a la indulgencia de los espectadores y subrayaba los pocos medios de los que había dispuesto para rodar esta adaptación de un truculento microrrelato de Fredric Brown (‘Pesadilla en amarillo’). Falsa modestia la suya, porque lo que viene a continuación es un despliegue de talento visual, eficacia narrativa y humor negrísimo para explicar la historia de un gris empleado de banca (magnífico Rafael Navarro) que fantasea con robar la caja fuerte del trabajo, liquidar a su esposa e iniciar una nueva vida. En solo 12 minutos.

'El muñeco'

(Temporada 1, Episodio 7) Mansiones victorianas, institutrices y mal rollo. Como si fuera un ‘mad doctor’ catódico, Chicho Ibáñez Serrador coge la premisa y la ambientación de la clásica novela de fantasmas de Henry James ‘Otra vuelta de tuerca’ y le injerta un terrorífico relato de Robert Bloch sobre una niña con inquietantes habilidades (‘Sweets to the sweet’) para componer uno de los episodios más perturbadores de la serie. Parte del mérito hay que atribuirlo a la música de Waldo de los Ríos y a la interpretación de Teresa Hurtado en el papel de adolescente puñetera. El final es espeluznante.

'La sonrisa'

(Temporada 1, Episodio 13)  Aquí la serie se aparta del terror clásico para adentrarse en la ciencia ficción posapocalíptica. Un jovencísimo Emilio Gutiérrez Caba y una imponente Tota Alba protagonizan esta adaptación de un relato breve de Ray Bradbury que tiene muchos puntos en común con ‘Fahrenheit 451’ (también con ‘Las crisálidas’, de John Wyndham). Chicho da una lección de puesta en escena y lo que parece apuntar a una historia de brujería medieval deriva, a través del diálogo de los personajes, hacia una cosa muy diferente y bastante más desoladora.

'El asfalto'

(Temporada 1, Episodio 15) “¡Ese señor se hunde!”. A partir de una historia de Carlos Buiza, este pequeño clásico de la televisión española dibuja un vitriólico retrato de una sociedad y una Administración cuya indiferencia ante el sufrimiento ajeno llega a adquirir proporciones terroríficas. Los decorados creados por Antonio Mingote y los recursos de programa infantil contribuyen a reforzar el ambiente de pesadilla expresionista de ribetes kafkianos. Narciso Ibáñez Menta borda el papel de patético transeúnte engullido por el pavimento. O por el sistema, que viene a ser lo mismo.

Ibáñez Menta, engullido por el asfalto entre decorados de Mingote.

/ EPC

'La zarpa'

(Temporada 2, Episodio 2) La entrega más escalofriante de la segunda temporada parte de un conocido relato de W. W. Jacobs, ‘La pata de mono’, que gira en torno a un macabro amuleto con el poder de conceder tres deseos a su poseedor. El director orquesta el drama con mano maestra, creando una atmósfera de angustia creciente hasta llegar a un clímax de terror que se resuelve con un uso eficacísimo del fuera de campo (y una soberbia composición de Irene Gutiérrez Caba). Todo ello precedido de una incorrectísima introducción en la que Ibáñez Serrador saca a pasear su vena más gamberra.

'El regreso'

(Temporada 2, Episodio 4) Un cuento del popular parapsicólogo Fernando Jiménez del Oso sobre una pareja de rufianes que deciden acelerar la muerte de su tío tras enterarse de que este planea dejarlos fuera de su testamento sirve de base a esta historia de conjuras familiares, apariciones fantasmales y venganzas de ultratumba que transcurre a la luz de los candelabros y entre ruidos de tormenta y que presenta el ‘gimmick’ de la silla de ruedas que anda sola 13 años antes de que Peter Medak hiciera lo propio en el clásico ‘Al final de la escalera’. José Orjas se luce en el papel de anciano nigromante.

Paco Morán, sufriendo en 'El regreso'.

/ EPC

'La promesa'

(Temporada 2, Episodio 6) Narciso Ibáñez Serrador se tomó no pocas libertades a la hora de adaptar el relato ‘El entierro prematuro’, de Edgar Allan Poe, la historia de un empresario de pompas fúnebres (acongojante Luis Peña) que tiraniza a su sobrina y a quien lo que más le aterroriza en el mundo es la posibilidad de ser enterrado vivo. El crescendo de mal rollo desemboca en un desenlace impactante que un simple efecto de sonido convierte en algo muy pavoroso. 

'El televisor'

(Episodio especial) Un capítulo autónomo, ubicado entre la segunda y la tercera temporada, en el que un Ibáñez Menta arrollador interpreta a un esforzado empleado de banca (la fijación de Chicho con los empleados de banca es digna de estudio) que, en un giro de la trama que habría envidiado el mismísimo Rod Serling, ve cómo su vida se va al garete tras la adquisición de un televisor en color. Una lúcida y contundente denuncia del poder alienante de la televisión que se ha convertido en... historia de la televisión.

Narciso Ibáñez Menta y María Fernanda D'Ocón, en una imagen de 'El televisor'.

/ EPC

'Freddy'

(Temporada 3, Episodio 1) Con sus 105 minutazos, el episodio inaugural de la tercera temporada es un largometraje en toda regla (un telefilme, que se decía entonces) en el que Ibáñez Serrador se sirve de un perverso muñeco de ventrílocuo para componer una personalísima aproximación al ‘giallo’, con su trama parapolicial, su gama cromática dominada por el rojo, sus escenografías angustiosas, su generoso uso de los cuchillos y sus audaces toques de erotismo, que por algo el franquismo había quedado atrás.

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'El caso del señor Valdemar'

(Temporada 3, Episodio 2) En una decisión algo sorprendente, Chicho vuelve a un relato de Poe que ya había adaptado en uno de los capítulos de la primera temporada (‘El pacto’) y lo hace con la misma planificación y los mismos protagonistas que entonces. La jugada le sale bien, porque esta nueva lectura en color de la historia del ‘mad doctor’ que intenta magnetizar a su discípulo enfermo para permitirle escapar de la muerte bajo estado de hipnosis consigue crear un clima aún más ominoso que el de su predecesora, con un Manuel Galiana zombificado difícil de olvidar.