Estreno en Salt

Korsunovas traslada 'L' oncle Vània' a otra dimensión en el Temporada Alta

  • El aclamado director abre la 30ª edición del festival de Girona con un montaje de Chéjov interpretado por grandes actores catalanes

  • Enfrentarse a esta obra ha sido "terapéutico" porque "llega un momento, cuando tomas conciencia de que ya no puedes ensayar la vida, de golpe todo se hace real"

Julio Manrique, que encarna a Vania (centro), en una momento de ’L’ oncle Vània’.

Julio Manrique, que encarna a Vania (centro), en una momento de ’L’ oncle Vània’. / David Aparicio

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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Oskaras Korsunovas (Vilna, 1969), director lituano con voz propia que ha presentado una decena de espectáculos en Temporada Alta, dirige por primera vez un poderoso elenco de actores catalanes en 'L' oncle Vània', un clásico de Chéjov. El montaje, coproducido con el Teatre Lliure, se estrena este viernes en el Teatre de Salt (Girona) en la jornada inaugural de la 30ª edición del festival, que recupera la presencia internacional. Después, del 18 de noviembre al 19 de diciembre, el montaje recalará en el Lliure de Montjuïc. Julio Manrique, Ivan Benet, Júlia Truyol, Raquel Ferri, Lluís Marco y Carme Sansa, Anna Güell y el actor letón Kaspar Bindeman interpretan la obra que, como todas las de Korsunovas, tiene un sello distintivo. Su objetivo es acercar la sencillez, la verdad y la humanidad de Chéjov.

Escrita a finales del siglo XIX, 'Tio Vania' muestra la confrontación de dos mundos, el rural y la sociedad industrial. "Como todas las grandes obras muestra el choque de viejos y nuevos tiempos, de tradición y modernidad. Hoy estamos igual: hay una confrontación entre dos épocas, el siglo XX y el XXI, que plantea retos nuevos", recordó Korsunovas en la presentación. En 1896, cuando de se estrenó el texto, muchos creían que el futuro estaba en la ciudad, "la modernidad avanzaba a costa de aniquilar la naturaleza". Hoy el desastre ecológico continúa.

Mapa espititual

Chéjov, que era médico y gran observador, no solo habló de ecología, también de la emancipación de la mujer, del paso del tiempo y de cómo nos engañamos. "En nuestro montaje la catástrofe ecológica aparece relacionada con la catástrofe espiritual de las personas, de las relaciones. El lugar geográfico de nuestro espectáculo no es Rusia, ni Lituania, ni Catalunya. Hay detalles de todos pero en realidad todo pasa en las coordenadas de un mapa espiritual". Tampoco se centra en un tiempo definido sino que refleja cosas de los siglos XIX, XX y XXI. "No hemos rechazado el patrimonio clásico pero tampoco evitamos la contemporaneidad: hay huellas tradicionales y cosas muy contemporáneas. Hay de todo. Hay Frank Zappa, ópera contemporánea y espíritu chejoviano".

Ivan Benet y Júlia Truyol en un momento de 'L' Oncle Vània'.

/ David Aparicio

A sus 52 años Korsunovas se identifica más que nunca con el mensaje de este Chéjov. "'Tío Vania' ha sido muy importante para mí. Un montaje de Eimuntas Nekrosius que vi a los 14 años fue determinante para dedicarme al teatro". Las obras de Chéjov están ligadas a dos cosas: "La experiencia vital y la edad". Para él dirigirla en este momento de su vida ha sido "terapéutico" porque "llega un momento, cuando tomas conciencia que ya no puedes ensayar la vida, en que de golpe todo se hace real. No puedes dejar cosas para mañana y entiendes que hay sueños que no realizarás y que no puedes cambiar tu vida: que eres lo que eres y que, como dice Vania: no seré Dostoyevski ni Schopenhauer". Y añade: "Este proceso creativo ha sido como mirar al espejo. Hubiera sido más doloroso de no ser por estos actores tan maravillosos. Ellos quizá aun no son del todo conscientes del dolor que ha revelado este montaje para mí. Pero gracias a ellos este espejo es muy transparente".

Lejos del cliché

Para los actores catalanes trabajar con Korsunovas ha sido un regalo que les ha permitido descubrir otra visión del autor ruso. "Ha sido revelador trabajar con él", comenta Julio Manrique, que interpreta a Vania. "A diferencia de ese cliché que hacemos aquí cuando leemos a Chéjov como humanista amable y empático, como el buen doctor, Korsunovas nos ha permitido ver a un médico con un bisturí que abre en canal a la gente para ver cosas dolorosas y crueles". Respecto a su manera de trabajar, destaca: "Ha sido un trabajo muy apasionado donde nos hemos sentido abrumadoramente libres. A veces nos ha guiado con mucha precisión hacia un sitio, pero otras ha dicho: aquí haz lo que sientes, ya sabes cómo es tu personaje". E Ivan Benet, que encarna a Astrov, alucina con las conexiones que establece el director. "Korsunovas es una enciclopedia teatral capaz de hacer paralelismos entre Chéjov y Molière, también con Brecht. Su mirada transversal uniendo tradición y modernidad me ha revelado muchas cosas".

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Ivan Benet, actor

La escenografía combina elementos del pasado y del presente, muebles antiguos y modernos conviven en un mundo líquido donde los intérpretes juegan a entrar y salir del personaje que interpretan. "El actor no actúa a la Stanislavski, donde solo vive lo que vive el personaje y se convierte en su esclavo -dice Korsunovas-. Aquí es diferente. El actor, antes que nada, es un pensador y el personaje es su marioneta. Por tanto aquí puede utilizarlo cuando quiere y alejarse cuando lo necesita. En escena el actor es él mismo , está midiendo todo el rato la experiencia del personaje con su experiencia vital. Es un ser contemporáneo que lo valora todo desde su experiencia de hoy día. A veces es un personaje al cien por cien y otras sale de él y habla al público desde su yo. Eso permite no estar en un momento concreto sino abarcarlo todo desde la posición de hoy: pasado, presente y futuro".