Periféricos y consumibles

García y el actor secundario Bob

García es el grado cero de los apellidos, es el cognomen más integrado y el menos apocalíptico, el bosón de Higgs de las identidades, el agujero negro del nominalismo metafísico, el Avecrem de los apellidos

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José Mota y Pepe Viyuela, en un fotograma de ’García y García’

José Mota y Pepe Viyuela, en un fotograma de ’García y García’ / El Periódico

España es un país de más de un millón y medio de Garcías (según las últimas estadísticas). Toda esta tropa y a veces troupe llevamos como pegamento el García de primero, de acuerdo con el INE, 2020. De origen vasco, por lo que parece, este apellido patronímico. Algo relacionado con el oso. O con el joven. Guerrillas de filólogos, materia oscura de congreso académico, sesudo estudio y carne de trifulca “cuartilera”. Ahora la película 'García y García', con José Mota (grandes ratos de risa con su personaje de Eladio y su enemigo absoluto, el Nemesio, que se convertía en alcalde de Alcafrán “por elipsis narrativa”) y Pepe Viyuela (a quien admiro por ser caricato y porque dice que la obra que más le ha hecho reír ha sido “La broma infinita”), nos recuerda que García es el apellido más común en España y que Javier García es su formulación más habitual. Y hacen risas con el equívoco según dicen, aunque yo no he visto la película, solo el tráiler (estoy esperando a que la saquen en formato libro, como dicen los “eruditos a la violenta”).

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El apellido comodín lo ha reivindicado el excelente poeta Pablo García Casado en un libro de 2015 titulado precisamente así, 'García', sin más florituras ni aposiciones. Vilas, en cambio, había entonado su propio magníficat autoproclamándose “Gran Vilas”. También me suena aquella serie de 'La señora García se confiesa', aunque nunca supe qué o por qué confesaba Lucía Bosé en aquella serie de 1976. Hubo también, creo recordar, un clan de los García en la poesía española. Ahí siguen muchos de ellos, casi jubilados, casi catedráticos, algunos hasta casi poetas.

García somos todos. García es el grado cero de los apellidos, es el cognomen más integrado y el menos apocalíptico, es el nanoapellido, el bosón de Higgs de las identidades, el agujero negro del nominalismo metafísico, un concentrado de caldo -el Avecrem de los apellidos-, el epítome de lo que somos y de lo que nunca seremos. La escritora con el apellido más sonriente que conozco, Jane Smiley, saca un personaje en su novela 'MU U' que se llama Doctor García. La acción sucede en un campus de Iowa a finales de los años ochenta, donde daba clases, y el tal García es un quídam, un who, un don nadie del departamento de español. Yo estaba por allí en esa época. Haciendo de don nadie, como un Ulises del Midwest cantado por Krahe. Me gusta pensar que los García, a pesar de que necesitamos como muleta el segundo apellido, somos un personaje de novela, una especie de actor secundario Bob en 'Los Simpson'. Y cantar “yo soy García porque el mundo me ha hecho así”