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Crítica de 'Piranesi': Susanna Clarke en el laberinto de la imaginación

Susanna Clarke

Susanna Clarke / Sarah M. Lee / Cortesía de la editorial Salamandra

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

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Piranesi vive en un complejo compuesto de estancias, patios y corredores de tamaño ciclópeo, con columnatas y estatuas gigantescas en las que él no reconoce los pequeños y grandes acontecimientos de la historia de la humanidad. Ha explorado 960 salas en dirección al Oeste, 890 salas hacia el norte y 768 hacia el sur (el este está derrumbado). No ha seguido más allá y no ha llegado a atisbar un final. El piso superior toca los cielos y en él moran pájaros. Los pisos inferiores se ven invadidos por mareas, y en ellos flotan peces y algas. Para Piranesi, ese es el mundo. Y en el mundo solo han vivido 15 personas. Él, 13 cadáveres a los que rinde culto y el Otro, que le visita quincenalmente, durante una hora, para que le informe de las exploraciones que registra minuciosamente en sus diarios y entregarle suministros básicos, como vitaminas, un saco de dormir o calcetines, que para Piranesi buen podrían surgir de las profundidades de las que obtiene su escaso alimento. Carece de cualquier referencia temporal o espacial, o recuerdo, más allá de la Casa, a quien dirige su letanía: "La Belleza de la Casa es inconmensurable; su Bondad es infinita". Se llama Piranesi porque así lo nombra el Otro: por supuesto, no sabe nada del arquitecto y grabador italiano que imaginaba escenas arquitectónicas en sus 'Carceri d'invenzione'.

Una de las ’Carceri d’invenzione’ de Gian Battista Piranesi. 

En la interesante sección de The Guardian 'The books that made me' (una versión altamente perfeccionada de la pregunta de recurso a cualquier escritor sobre sus influencias), Susanna Clarke comentó que solo tras escribir 'Piranesi' cayó en la cuenta de las similitudes con uno de los cuentos de Borges que le fascinaron de joven, 'La casa de Asterión', en 'El Aleph'. Sus tres páginas dan para poco más que una inspiración soterrada, y en 'Piranesi' no hay minotauros, y solo quizás Teseos y Ariadnas, pero si una repetición innumerable de estancias como en el laberinto borgiano y una concepción que bebe de esta frase del argentino: "La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo".

Susanna Clarke ha recibido el Women's Prize Fiction por 'Piranesi', su primera novela desde la aclamada 'Jonathan Strange y el señor Norrell' (2004) con la que debutó a los 44 años y que mucho más tarde la BBC convirtió en una muy notable serie. Clarke explotó tras seis meses de promoción y apenas ha podido escribir desde entonces un libro de cuentos hoy descatalogado en España y, finalmente, 'Piranesi'.

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Si el retiro de un escritor a un sanatorio alpino podía generar antes de la invención de la penicilina un determinado tipo de literatura, 'Piranesi' es el resultado de años de enclaustramiento domiciliario y dificultades para centrarse en la escritura de Clarke. La prolijidad de su primera novela ha dado paso a una literatura concentrada, que pasa de la fantasía onírica a la intriga académico-esotérica. La británica nos dice que la imaginación es una casa donde vivir, no necesariamente confortable ni accesible sin traumas de por medio, y con una relación con la realidad conflictiva. De la ambientación de 'Jonathan Strange...', en una Inglaterra decimonónica y alternativa en que la magia es un poder aún vivo, no queda nada, más que la concepción de un mundo fantástico al que es posible viajar físicamente y del que no siempre es fácil regresar. El lector difícilmente lo hará: la bondad de la casa no es infinita, pero sí la fascinación a la que somete a sus visitantes.

'Piranesi'

Susanna Clarke Salamandra / Amsterdam. 172 / 272 páginas. 20 € Traducciones de Antonio Padilla y Ferran Ràfols Gesa

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