Crítica de música

Joyce DiDonato ilumina el Palau

La mezzo estadounidense afincada en Cataluña, inauguró el curso del auditorio modernista

Joyce DiDonato en el Palau de la Música.

Joyce DiDonato en el Palau de la Música. / Antoni Bofill

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Pablo Meléndez-Haddad

La temporada del Palau de la Música Catalana levantó el telón con si ciclo Palau-Grans Veus y un concierto a cargo de la mezzosoprano estadounidense Joyce DiDonato como protagonista principal, quien regresaba al escenario modernista esta vez acompañada de Il Pomo d’Oro, con Zefira Valova como concertino y directora. Antes del concierto, la presidenta del Palau y del Orfeó Català, Mariona Carulla, dio la bienvenida a esta velada de reencuentro a las autoridades encabezadas por el president de la Generalitat.

Carulla, ante un Palau que tiene permitido ocupar hasta el 70% de su aforo, recordó que la actividad la retomaron el 1 de julio del 2020. "La música da sentido a nuestra misión. En estos dos meses de verano se ha limpiado el techo y los tubos del órgano, entre otras mejoras”, afirmó.

Unos segundos después Joyce DiDonato encandilaba al público con su poderío interpretativo desde su primera intervención. Pero también estuvieron a la altura por dominio del estilo la media docena de virtuosos que conformaron en esta parte la plantilla de Il Pomo d'Oro. DiDonato le dio nueva vida a momentos como 'Addio Roma', de la ópera 'L’incoronazione di Poppea' de Monteverdi, jugando con los colores y los acentos interpretativos, sin privarse y dándole todo el carácter que la pieza merece, aun cuando para algunos podría haber pecado de exagerada. Pero la cantante también demostró estar en esplendida forma en el canto más introvertido, como en un delicado madrigal monteverdiano y en una deliciosa -pero muy recortada- versión de 'Come again, sweet love' del gran John Dowland.

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La segunda parte -con la orquesta ampliada hasta los 18 instrumentistas sacándole brillo a una deliciosa 'suite' de una ópera de Rameau-, estuvo dominada por Händel después de una dramática aria de Hasse en la que DiDonato se movió sin problemas por la coloratura. En las 'da capo' händelianas impuso elegantes variaciones, aportando un canto tan efectivo a nivel emocional como técnico, haciendo lo que quería con la voz salvo en el registro agudo, en el que se escucharon algunas estridencias, despidiendo la noche en la piel de Orlando antes de la propina de Händel.

El público, a pesar de esos móviles inoportunos, se mostró encantado y agradecido.