LO QUE NO SABÍAS DE...

La odisea del complejo rodaje de 'Las consecuencias'

  • El equipo tuvo que enfrentarse al mar y a los problemas logísticos derivados de rodar en una isla aislada

  • Las tres actrices repitieron sus escenas para rodar una doble versión en catalán

  • La joven María Romanillos llegó a identificarse con su personaje hasta límites impensables

Claudia Pinto, con su equipo, durante el rodaje de la película.

Claudia Pinto, con su equipo, durante el rodaje de la película. / SAUL SANTOS

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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Hay veces en las que un rodaje va mucho más allá de lo esperado y se convierte en una auténtica aventura, una odisea en la que hasta Ulises se hubiera encontrado perdido. Esto es lo que supuso la filmación de Las consecuencias, de la directora venezolana Claudia Pinto, en la que tuvieron que hacer frente a múltiples inconvenientes. La película está protagonizada por Juana Acosta, Alfredo Castro (El Club), Carme Elias, Héctor Alterio (en una breve aparición) y la debutante María Romanillos (la hija, Gabi), que obtuvo el premio a la mejor actriz de reparto en el Festival de Málaga.

La acción transcurre en una isla pequeña y remota a la que llega una mujer acompañada por su padre y su hija. Está marcada por un suceso del pasado tras el fallecimiento de su marido en el fondo del mar para salvarla a ella. Pero la familia también esconde muchos secretos que oprimen a los personajes y les impiden llevar una existencia tranquila. Una cinta dura, amarga con brillantes interpretaciones, que también tiene su versión catalana (con las actrices hablando esta lengua) y donde tanto la isla como el mar se convierten en unos personajes más. Pero ellos dos fueron los que hicieron más difícil todo el trabajo de los cineastas. Su directora, Claudia Pinto, nos lo explica.

-Dirigiendo a distancia. “La gente me decía que rodara los planos submarinos en una piscina, donde resulta más fácil iluminar y se ven mejor las caras de los actores. Pero para mí era muy importante hacerlo en la inmensidad del mar. Rodamos a menos 27 metros y luego Juana, que tiene una relación bastante compleja con el mar por un suceso de su pasado, pasó en algunos momentos mucho miedo, pero se puso el traje de buzo y en gran parte de las tomas es ella. Fue muy interesante porque yo estaba en la barca y, pese a esa profundidad, me escuchaba perfectamente, podía comunicarme con ella superando esa distancia. Es lo que más me ha divertido, estar ahí y poder dirigir a tantos metros de profundidad”.

-Dobles imprescindibles. “En las escenas que se rodaron a un nivel más profundo tenía que ser un profesional. Ella había buceado antes, pero cuando se les ve de lejos son los dobles. Teníamos que rodar con un buzo que se apoyaba en el respirador del otro, tenía un cierto riesgo y tenían que ser especialistas. Admiro lo que hizo Juana porque fue dificilísimo. Yo no me hubiera atrevido a ponerme un traje de buzo, a mí que me dejen con mi combo, mi cámara y mi micro en la balsa”.

Pese a su miedo al mar, Juana Acosta rodó gran parte de las escenas submarinas.

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-Del guion a la realidad. “La película pedía que fuera un lugar muy solitario, una casa en mitad del mar donde la familia se refugiara, que fueran como Robinson Crusoe y no era fácil. Pensaba que la encontraría en las islas más pequeñas de las Canarias. Estando en Berlín hablé con gente de allí y me enseñaron imágenes de La Palma con esa cueva y esas casitas blancas y lo incorporé al guion. Si la hubiéramos rodado en otro lugar, la película no sería la misma”.

-La tormenta perfecta. “A dos semanas de empezar la filmación tuvimos un temporal, el más grande que ha habido en las Canarias. El mar se llevó la arena y dejó solo rocas. Tuvimos que esperar que pasara todo el invierno y volver al rodaje seis meses después. Tenía pánico de no poder contar con todos los actores y, tras el rodaje, la pandemia. Se debía haber estrenado hace un año, pero fueron dos retrasos considerables provocados por la naturaleza. Ella también tenía algo que decir, el mar ha sido el auténtico productor de la peli”.

-Más difícil todavía. “Lo más complicado fue que a la localización elegida solo se podía acceder por mar. Era una isla volcánica y las barcas no pueden deslizarse sobre la arena, hay unas rocas muy potentes, no es como en el Mediterráneo. Así que todo el equipo tenía que estar detrás empujando, si te fijas verás que casi nunca se ve la lancha completa. Fue una odisea trasladar los equipos, utilizamos tirolinas para bajar el material eléctrico por el acantilado, no podíamos trasladar determinados elementos en barco porque no se podían mojar, suerte que parte del atrezo se pudo desplazar en una Zodiac y todos trabajamos en cadena para vestir la casa, tuvimos que bajar el piano… No había luz, utilizábamos paneles solares, el 90 por ciento era en exteriores, había mucho rodaje nocturno, teníamos que tirar un cable desde lo alto del acantilado, tampoco había Internet… Debíamos intentar convertirlo en lo más parecido a un set de rodaje y estábamos a merced de la naturaleza. Fue heroico, un esfuerzo titánico, nunca se había rodado allí, pero me enamoré del lugar...”

-De Juana a Joana. “Rodamos la película en doble versión y todas las escenas en las que hablan Carme, Juana y María las volvíamos a filmar en catalán. Cuando se dirigen a los otros actores hablan en castellano. Tenían que hacerlo ellas mismas porque no podía cambiarles la voz a todas. Fue otro reto más, otra locura, ya que no es la lengua materna ni de Juana ni de María. Rodábamos las escenas primero en castellano y luego nos pasábamos al catalán con la ayuda de un lingüista para que saliera lo más correcto posible. Lo hacían de oído. Una vez que el trabajo actoral ya estaba hecho y la escena estaba muy marcada, ellas escuchaban y repetían. Ambas tienen muy buen oído y podían hacerlo, las vocales les costaban más, pero cumplimos y creo que funciona".

Carme Elias, Juana Acosta y María Romanillos rodaron sus escenas conjuntas también en catalán.

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-El perro y la fiesta. “Teníamos un perro en Canarias pero no nos acababa de convencer porque era muy juguetón y tuvimos que buscar otro. Después de todo lo que estábamos pasando, la escena de la fiesta me parecía lo más fácil. Era un exterior y teníamos mucha figuración, pero no había mar, no había perro, no había volcán, todo era en tierra firme…”

-Actores marineros. “Los actores recibieron clases para conducir la lancha, pero el mar de las Canarias es muy complicado, es bravo de verdad, por lo que algunas escenas se hicieron en el Mediterráneo, en Valencia, donde el mar es más amable y fácil. Pero no dejaba de ser complejo, la barca la llevaba un actor que la conducía como podía, era muy pequeñita porque quería que fuera un lugar muy primario y frágil y eso dificultaba las cosas. Mete al cámara, a mí misma y a los actores allí… Hay una frase de este mundillo que dice que ruedes hasta donde lleguen los camiones, pero no le hice mucho caso”.

Los actores tuvieron que aprender a conducir la barca.

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-Un reparto ideal. “Es una coproducción con Holanda y Bélgica, pero la presencia del chileno Alfredo Castro o del argentino Héctor Alterio no fue una imposición. Yo misma soy venezolana y llevo 20 años aquí. Eran los actores que me gustaban, pensaba que eran los ideales. Alfredo es uno de los mejores actores latinoamericanos, nunca sabes dónde está ni qué está haciendo, es difícil de atrapar. Aunque era una participación pequeña quería que estuviera Héctor y cuando me dijo que sí fue una gran alegría”.

-Una protagonista enérgica. “Juana nació en Colombia pero es medio española lleva ya tanto tiempo aquí que ya no sabe ni de dónde es. Tiene una fiereza, una energía y una vitalidad muy importantes para el personaje. Una mirada penetrante, con los ojos muy bajos, no mira a la periferia, es muy directa. Necesitaba una mujer que sintiera esa incapacidad de aislarse de las profundidades, que eran más fuertes que ella. Me daban igual las nacionalidades de los actores, los elegí por lo que hacían”.

-Un debut premiado. “María tenía 14 añitos cuando le hicimos la prueba para el casting tras haber visto a un montón de niñas. Noté en su entrevista su energía, su limpieza, su espontaneidad y una gran frescura. Pero era muy arriesgado, a una niña le pones alrededor esas bestias de actores y es imposible saber lo que pasará, pero durante el rodaje supe que podía apostar por ella. Tiene mucho talento, pero no lo sabe todavía. En el Festival de Málaga consiguió el premio a mejor actriz de reparto, no revelación, pasando por encima de muchas de grandes actrices. Estoy convencida de que tendrá una larga carrera”.

-¿Gabi o María? “En la película hay una escena con el abuelo que descolocó a María. Lo que le ocurría a su personaje ella no quería que ocurriera. Ella estaba muy enfadada conmigo porque es algo que yo cambié durante el rodaje hablándolo con Alfredo. Pero María decía que no lo podía hacer, ella y el personaje eran lo mismo. Lo vivía de una manera tan intensa que rechazaba lo que el guion le ponía delante. Esa incomodidad, esa cara descompuesta ¿eran de Gabi o de María? Este tipo de situaciones a la película le iban muy bien porque había un gran componente de verdad”.

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-¡Dame un bofetón! “Cuando Alfredo le da una bofetada a la niña se la dio de verdad sin que ella lo supiera, para sorprenderla. Luego hicimos otra toma y ella le pedía que volviera a darle de verdad porque le venía muy bien para entrar en situación. Era un personaje muy complejo para ella, muy emocional y, fijándose en los otros actores que tienen métodos de interpretación muy distintos entre ellos, descubrió todo lo que servía, iba absorbiéndolo todo”.

La isla y el mar se convirtieron en dos personajes más del filme.

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