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Marion Cotillard luce glamur y activismo en San Sebastián

  • La protagonista de 'Annette' recibe el Premio Donostia a toda su carrera con solo 45 años

Marion Cotillard, en San Sebastián, este viernes.

Marion Cotillard, en San Sebastián, este viernes. / Alberto Ortega

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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La actriz francesa Marion Cotillard ha sido galardonada este viernes con el Premio Donostia por toda su carrera en el Festival de San Sebastián. Tiene solo 45 años, pero su trayectoria abarca casi tres décadas y esta plagada de hitos cinematográficos que la han convertido en una de las intérpretes más prestigiosas del panorama internacional.

Comenzó a principios de los años 80 con pequeños papeles y en la rueda de prensa que ha concedido antes de pisar la alfombra roja ha revivido esos tiempos recordando a todos aquellos que le dieron su primera oportunidad. "Aquellos que te abren la puerta del oficio nunca se olvidan. Los comienzos se basan en los deseos que los demás proyectan en ti, pero también te dan la posibilidad de expresarte, y eso se aprende con el tiempo". También tiene recuerdos de ansiedad, porque siempre ha querido estar a la altura de las circunstancias y en sus primeros años se sentía más insegura. "Siempre sigo teniendo esa presión a pesar del tiempo".

La actriz ha reconocido que la imaginación y la curiosidad que ha tenido desde que era niña han sido claves para que pudiera desarrollarse dentro de la profesión. "Siempre he querido comprender mejor al ser humano, y meterme en la piel de otras personas me ha ayudado a entender muchas cosas. A medida que he ido explorando otras personalidades, también he ido creciendo yo misma como mujer". Cuando era pequeña le encantaba ver películas de Greta Garbo con su madre porque era su actriz favorita, así como Stéphane Audran, musa de Claude Chabrol. 

El salto a Hollywood

Su participación en ‘La vida en rosa’ encarnando a Edit Piaf supuso un antes y un después en su carrera y es perfectamente consciente de ello. Le abrió las puertas de la industria de Hollywood y pudo trabajar con directores como Michael Mann (‘Enemigos públicos’, junto a Johnny Depp, el otro premio Donosti), Rob Marshall (en el musical ‘Nine’), Steven Soderbergh (‘Contagio’), James Gray (‘El sueño de Ellis’) o Christopher Nolan en la trilogía del Caballero Oscuro (muchos recuerdan su muerte en la saga como uno de sus momentos más bochornosos de su carrera).

A pesar de su proyección internacional, nunca abandonó el cine francés, ni por supuesto el cine de autor, como demuestra su colaboración con Jacques Audiard en ‘De óxido y hueso’, con Arnaud Desplechin en ‘Los fantasmas de Ismael’ o con los hermanos Dardenne en ‘Dos días, una noche’.

¿Cuál es su secreto para compaginar el cine y la vida familiar? "Creo que vivimos en una época diferente si la comparamos con los años 40 o 50, en la que se fabricaban estrellas, donde había una negación de la vida en familia, pero ahora se ha creado un equilibrio, y si uno quiere, puede conseguirlo. Además, he llegado a un momento profesional en el que puedo elegir si quiero trabajar o no, y con qué director, y eso es un lujo". Cotillard es pareja del director y actor Guillaume Cantet (junto al que ha protagonizado varias películas) y es madre de dos hijos.

"Me gusta aceptar papeles de mujeres que son completamente diferentes a lo que yo soy en realidad. Cuanto más distintas, mejor, más me gusta", dice la protagonista de ‘Annette’, la última película de Leos Carax.

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Cotillard ha traído además a San Sebastián el documental ‘Bigger than Us’, en el que ejerce como productora y que tiene mucho que ver con su faceta de activista. "No sé si es necesidad o responsabilidad luchar contra el sistema, contra las desigualdades, pero es algo que surge dentro de mí y necesito hacerlo. Es bonito poder ayudar a poner luz a algunos problemas". En ese sentido, también se ha referido al cuestionamiento del sistema patriarcal desde el punto de vista feminista. "Es excitante vivir este momento. Desde hace algunos años la subordinación de la mujer es algo que públicamente ya no se puede sostener. Gracias al MeToo se ha liberado la palabra y asistimos a una verdadera revolución. Me alegra tanto poder vivirla, es emocionante. Cuanto más peso adquiera la mujer en la sociedad, más cambiará la mirada sobre el mundo en el que vivimos".