Los conciertos en la era covid

La música en directo en España retrocede a la cola de Europa por las restricciones

El sector ve un agravio comparativo en los aforos permitidos para las actividades deportivas y pide que se instaure el pasaporte covid para poder resucitar

Concierto del grupo danés The Minds of 99 en Copenhague el pasado 11 de septiembre

Concierto del grupo danés The Minds of 99 en Copenhague el pasado 11 de septiembre / AFP / Olafur Steinar Gestsson

5
Se lee en minutos
Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

ver +

Así como, en el difícil curso 2020-21, España se distinguió por ser uno de los pocos países europeos donde era posible realizar cierto tipo de conciertos (pequeño formato, público sentado), las tornas han cambiado y ahora luce como un territorio restringido si hablamos de convocatorias más crecidas. Mientras al norte de los Pirineos se dan pasos súbitos hacia la normalidad, implantando el pasaporte covid o incluso sin él, aquí mandan límites parecidos o idénticos a los de meses atrás (sobre todo en Catalunya), y entra en escena lo que los promotores perciben como un agravio comparativo: el visto bueno a que los deportes puedan reunir, en estadios y pabellones, a un público mucho mayor que la música.

Sanidad ha elevado los aforos de las ligas de fútbol y baloncesto al 60% (estadios, aire libre) y el 40% (pabellones), umbrales que en Catalunya se han fijado a la baja en un 40 y un 30%. Así, el Camp Nou puede reunir a partir de ahora a unas 40.000 personas en un partido de fútbol, mientras que, si se trata de un concierto, el límite sigue siendo de 3.000. Desde la APM (Asociación de Promotores Musicales) advierten de que “si no hay una aclaración al respecto, estamos ante un agravio comparativo”, ya que “si se abre un estadio al 40%, eso debería ser válido también para cualquier concierto”, indica su presidente, Albert Salmerón, que pide a las instituciones una “rápida corrección”.

Un Palau Sant Jordi duplicado

Ahora hay pocos artistas disponibles que puedan convocar a 40.000 personas, pero sí muchos que podrían beneficiarse de un aumento de las capacidades: la semana pasada, el colombiano Camilo actuaba en el Estadi Olímpic con las 3.000 entradas agotadas desde hacía días, y desde Live Nation hacen notar que, de equipararse el aforo al del fútbol, se podría haber vendido fácilmente algún millar más. Y un recinto cubierto como el Palau Sant Jordi (17.000 localidades), al 30%, podría ver casi duplicados esos 3.000 asistentes.

A Neo Sala, fundador y director de Doctor Music, le “indigna” que “la música siga discriminada de esta forma sin justificación alguna”, mientras que Tito Ramoneda (presidente de The Project), se pregunta “por qué en un espacio como el Palau Sant Jordi, actualmente hiperventilado, no se puede reunir a más gente para un concierto y equipararnos así a países europeos que están practicando aforos al 100%”, y se muestra expeditivo en su petición a Salut: “Señores del Procicat, abran los ojos, que nos estamos muriendo y esto tiene que arrancar”. Los promotores sospechan que el lobi del fútbol pesa más que el de la música. “Esto va de quién tiene más poder y no es lo mismo que quiebre el Barça a que quiebre mi empresa”, medita Xavi Manresa, director de Cap-Cap.

Miedo a los jueces

En el fondo de la cuestión está la implantación del certificado covid, que en otros países está en marcha pero que, en España, los tribunales han tumbado en Andalucía, Galicia, Canarias y Cantabria. En Catalunya es defendido por Salut, que lo reclamó a Sanidad, según informó la semana pasada la secretaria Carmen Cabezas, buscando amparo en una “estrategia estatal”. La APM dice mantener un diálogo al respecto con el Gobierno, si bien ve ahí “cierta reticencia” por “el miedo a que los jueces lo revoquen”, señala Albert Salmerón, que ve el pasaporte como “muy positivo en una fase de transición”, no solo para hacer crecer los aforos, sino también “para reactivar los conciertos en las salas”, un sector enfáticamente castigado, donde “son muchos los promotores de giras pequeñas que están muy afectados”.

Como añade Salmerón, hay incluso países que descartan el certificado y “abren con normalidad”, caso de Dinamarca, donde el covid ya no tiene la consideración de ‘enfermedad socialmente crítica’, y donde este sábado se reunieron 50.000 personas en un concierto del grupo pos-punk The Minds of 99 en el Parken Stadium de Copenhague. Neo Sala apuesta por esa normalidad sin pasaporte, “dado el alto índice de vacunación que tenemos en nuestro país”. Dinamarca registra un nivel de vacunación del 74,1%, seis décimas por debajo del de España (y su vecino nórdico Suecia, con un 59,9%, levantará todas las restricciones a final de mes). En el Reino Unido, ya en agosto se sucedieron festivales multitudinarios, como el de Reading-Leeds, pese a observarse una subida de la curva de contagios.  

Calentamiento de las giras

La agenda de giras internacionales en Europa da señales de movimiento por primera vez desde marzo de 2020, con casos llamativos, como el ‘tour’ de otoño de Elton John. Las fechas inicialmente previstas para el Palau Sant Jordi (22 y 23 de octubre, desplazadas a mayo de 2023) las ha ocupado Oslo, con sendas paradas dentro de un itinerario por escenarios como el Accor Arena parisiense o el O2 londinense y otras plazas en el centro y norte del continente.

Noticias relacionadas

Ante esas comparativas, los promotores piden poder operar con aforos plenos este otoño aduciendo que los niveles de vacunación puedan alcanzar el 80%. Levantando más la mirada, vislumbran, o desean vislumbrar, un 2022 a toda máquina. “Las giras del año que viene ya están todas cerradas, se anuncien o no”, explica Xavi Manresa. “Las salas están todas ocupadas, y quien quiera organizar ahora un ‘tour’ seguramente se debe ir a 2023”. Neo Sala apela al ejemplo británico para pensar que “el resto de los países europeos, España incluida, seguirá el mismo camino y en 2022 volveremos a tener conciertos con aforos completos”.

A todo esto, hay conciencia de que la convivencia con el virus por la que se apuesta en el Reino Unido o en Dinamarca genera objeciones en, al menos, una parte de la comunidad científica, por el riesgo que puede comportar de que dé pie a nuevas variantes. La APM se presenta como “receptiva a todo lo que provenga del mundo científico”, subraya Salmerón, si bien defiende que “debe haber una cierta valentía para romper la dinámica en la que estamos e ir a una situación en la que podamos volver a trabajar; si no, tenemos un problema grave como sociedad”.