Crítica de música

Voces y guitarras al poder en un rescatado Altaveu

Los Hermanos Cubero, Delafé y Alessio Arena desplegaron sus cancioneros en un sustancioso formato acústico en el festival de Sant Boi de Llobregat, recuperado tras la suspensión de 2020

Un momento de la actuación de Los Hermanos Cubero en el Ateneu Santoboià.

Un momento de la actuación de Los Hermanos Cubero en el Ateneu Santoboià. / FERRAN SENDRA (EPC)

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El festival Altaveu, de Sant Boi, lleva desde 1989 erigido en punto de señalización de la ‘rentrée’ musical, un rol que este año ha reactivado con tino y sensibilidad, tras la dolorosa suspensión de 2020, con una programación diseñada por el nuevo director artístico, el músico Víctor Partido. Entre sus propuestas de este fin de semana destacó un triple cartel de tonos acústicos en los Jardins de l’Ateneu, encabezado por el folk de raíz castellana, tierno y socarrón, de Los Hermanos Cubero.

Sesión de forzado pero disfrutable pequeño formato, con sillas y mesitas, y un desfile de artistas que abrió el napolitano Alessio Arena con su canto poético, acompañado por la exquisita guitarra de la sarda Cateriangela Fadda. Aunque su sola voz ya representa un recital en sí mismo, estilizado y sin exhibición del esfuerzo, hubo mucho más: un mar multilingüe de complicidades mediterráneas, viejos ecos humanistas en ese ‘Soneto XVIII’, de Garcilaso de la Vega, y la mirada última transatlántica de ‘Lucerito’, con vistas la canción llanera venezolana.

Palabras sin máquinas

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Si el lenguaje acústico resulta natural para Alessio Arena, era incierto su encaje con Delafé, artista decantado por la electrónica y el hip-hop, si bien su último disco, ‘Hay un lugar’ (2019), ya apuntaba hacia inéditas intimidades. Pero el diálogo de Óscar d’Aniello con la guitarrista y cantante Marina Prades demostró que más allá del tratamiento sus composiciones contienen melodías sugerentes y textos de los que sacar partido alejándose de las máquinas. Fue un Delafé de arte y ensayo que lució piezas paisajístico-melancólicas como ‘La gran ola’ (con notas de ‘glockenspiel’) y revisó éxitos de etapas anteriores (con Facto y/o Las Flores Azules), como ese ‘Espíritu santo’ enlazado con ‘Walk on the wild side’, de Lou Reed.

Y con Los Hermanos Cubero, Roberto y Enrique, llegó la dulce algarabía a lomos de esas “canciones bailables que ahora no podemos bailar”, pasacalles hoy técnicamente impracticables y temas para pandereta interpretados sin ella pero con toda su gracia. Valses y mazurcas encantadas, homenajes al pionero del bluegrass Bill Monroe y un permanente balance entre el desenfado y el sentimiento, con muestras como ‘La boda y el entierro’ (del reciente álbum ‘Errantes telúricos’) y la conmovedora ‘Tenerte a mi lado’, alto testimonio del duelo todavía cercano, contrapunto sentido en esta sustanciosa tarde-noche en Altaveu.