REGRESO DE LA SUPERVENTAS

Paula Hawkins: "Nunca me ha interesado leer descripciones de actos violentos"

La autora del best-seller 'La chica del tren' vuelve a sus orígenes formales con 'A fuego lento'

La escritora británica Paula Hawkins.

La escritora británica Paula Hawkins. / EPC_EXTERNAS

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Paula Hawkins ha conocido el ninguneo, la fama planetaria y la sensación de no estar a la altura de las expectativas. Tras una trayectoria de novelista romántica de la que quiere olvidarse, ‘La chica del tren’, una novela negra al estilo ‘La ventana indiscreta’ -es decir, ‘voyeur’ en apuros- la colocó en el podio (27 millones de ejemplares y una película no demasiado memorable), un lugar que no supo mantener por el traspié de su segunda novela. Su siguiente intento y vuelta a los orígenes es la actual ‘A fuego lento’ (Planeta /Columna) novela que ha localizado no muy lejos de su domicilio en el Norte de Londres desde donde habla a través de zoom.

“Suelo pasear por los aledaños del Regent’s Canal, que puede ser un lugar muy pintoresco y tranquilo con sus bonitas casas flotantes, pero también y en especial cuando se hace de noche puede convertirse en un lugar más bien lúgubre. Es en ese momento cuando te das cuenta de que algunas de esas embarcaciones están abandonadas, comidas por el limo desde hace años”. La cabeza de una novelista de misterio funciona así. Aquel podía ser un buen lugar para encontrar un cadáver que es lo ocurre exactamente en la novela.

Decir la verdad

Un joven es asesinado y una serie de personajes pueden estar o no involucrados en su muerte: como Theo un escritor sin el menor escrúpulo a la hora de utilizar historias ajenas y reconocibles, o su bella exesposa, pero también Miriam, una mujer desagradable y vengativa que considera que el autor ha utilizado sus experiencias para lucrarse e Irene, una anciana viuda. Junto a ellos, el personaje principal, Laura, es también uno de esos hallazgos de mujeres especiales, como la Lisbeth Salander de Stieg Larsson. “Un accidente de su infancia le produjo una lesión cerebral que hace que se comporte con una absoluta desinhibición. Todos tenemos una serie de filtros que utilizamos en sociedad, sabemos lo que se puede decir y lo que no”, explica la autora, consciente de lo que supone tener un personaje así en una trama policíaca, cuya regla de oro es el secreto. “Ella es incapaz de tenerlos. Y puede ser impetuosa y despiadada, pero a la vez también es amable y generosa. La vida no es muy fácil para ella”.

La novela también plantea si es ético para un escritor servirse de las vidas de los demás en sus ficciones, como en su momento hicieron Philip Roth o Hanif Kureishi sin el menor remordimiento. “Todos utilizamos lo que nos cuentan, pero debería de hacerse de un modo que nadie se reconociera. Lo que más me molesta en este caso es la actitud de Theo que considera que tiene todo el derecho del mundo a usarlo porque es un gran artista y la mujer a la que le ha robado su vida no es nadie”.

Infancia africana

Nacida en Rodesia, actual Zimbawe, en 1972, Hawkins reconoce una educación más bien provinciana y muy protegida que no le sirvió de mucho para afrontar el poso de inquietud que exhiben sus novelas, en las que la mayor parte de los personajes arrastran un trauma. Y puesto a confesar quizá el de la autora, que se desplazó a Londres cuando era adolescente, sea sentirse siempre extranjera.

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La experiencia africana tampoco la ayudó a comprender la violencia, un elemento crucial con el que tiene que bregar porque el género obliga: “Nunca me ha interesado leer descripciones de actos violentos. Mis crímenes suelen ser el producto de un momento de locura transitoria y eso me exime de tener que abordar torturas o mutilaciones. Lo que busco es detenerme en los porqués y especialmente darle voz a las víctimas”.

La autora reconoce el resbalón que supuso ‘Escrito en el agua’, la novela que siguió a ‘La chica del tren’ y como haría su personaje Laura no tiene el menor problema en reconocerlo: “Empecé a escribir aquella novela cuando todavía estaba en plena resaca de ‘La chica del tren’, en medio de la gira internacional y atendiendo a la producción de la película. Quise escribir algo muy distinto y más ambicioso y no se entendió bien. No gustó a muchos críticos y a mí me puso en la picota pública. Pero tuve que aprender a que no me afectaran estas opiniones  que llegaron a dolerme bastante”. Hawkins ya se sabe la lección. Se ha enfrentado a sí misma, se ha levantado y ha escrito una novela que la ha puesto de nuevo en órbita. “Y eso ha sido muy bueno”.