Crítica de concierto

Morad, el altavoz de los márgenes toma el Estadi Olímpic

Morad durante su actuación en el Share Festival, este sábado en el Estadi Olímpic

Morad durante su actuación en el Share Festival, este sábado en el Estadi Olímpic / Laura Guerrero (EPC)

  • El rapero de L'Hospitalet lució este sábado como figura gigantesca y representante de los silenciados a través de sus canciones de denuncia

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Ignasi Fortuny
Ignasi Fortuny

Periodista. Principalmente, escribo sobre música.

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Dos años y tres meses después de un primer concierto tan íntimo como caótico, Morad -ese día debutante sobrepasado por las emociones- volvió a actuar en Barcelona convertido ya en una figura que va muchísimo más allá de su barrio, La Florida (L'Hospitalet). El rapero se ha hecho tan gigante como su público. La tarde del sábado actuó -dentro del Share Festival- en un Estadi Olímpic muy segmentado con todas las entradas puestas a la venta agotadas (cerca de 2.000 tíckets).

Morad es el altavoz por el que suenan muchísimas historias silenciadas. Las que suceden donde las instituciones miran de reojo. Pero el margen grita más que nunca a través de Morad, al que no se le puede contener porque no cesa en su empeño de denunciar abusos (policiales, sobre todo) y de reivindicarse y de representar la -definió en medio del concierto- "clase obrera". Todo parte de aquí, como cantó en 'La calle y su clase': "Yo he vivido una vida con mucho pasado; sin tener un pasado y con poco futuro". Como se vio este sábado, entre su público hay complicidad, hay comunidad (los M.D.L.R., por 'Mec de la rue', chico de la calle). Contenidos por las medidas anticovid, uno piensa en el jolgorio de celebración que aquello podría haber sido (solo hubo un instante de desborde que fue aplacado por el propio artista).

Significativo es que entre el público haya banderas: de Marruecos especialmente -de donde proviene la familia de Morad-, de Colombia y de Líbano. Compartían espacios, problemas, vidas enteras, y ahora comparten letras y gestos, como el de saludar dibujando con la mano una 'L' (de libertad, se entiende) con el dedo índice y el pulgar. En resumen: un fenómeno que ha ayudado a muchos que lo viven a gritar y a otros que lo observan a aplaudir. Y quizá alguna persona descubre ahora desde su atalaya que quien cuenta eso es un vecino suyo.

Para los primeros fue el concierto, que transcurrió durante algo más de una hora a través de sus populares canciones de denuncia de relato transparente: 'Aguantando', 'He visto', 'Normal'...Cuando presentó 'Les duele' explicó: "Un amigo me dio un consejo: 'Siempre molesta porque les duele'". Las canciones son su manera de sacudirse los golpes.

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