Festival de Venecia

Penélope tortura a Banderas en la negrísima comedia 'Competencia oficial'

  • Los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat ofrecen una mirada vitriólica del proceso de hacer películas

Penélope Cruz y Antonio Banderas en el festival de cine de Venecia, este sábado.

Penélope Cruz y Antonio Banderas en el festival de cine de Venecia, este sábado. / FILIPPO MONTEFORTE (AFP)

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Nando Salvà

El nuevo largometraje de Mariano Cohn y Gastón Duprat es excepcional en el sentido más literal del término. La mayoría de las películas centradas en el proceso mismo de hacer películas, después de todo, tienden a caer en la indulgencia y hasta la vanagloria, y la suya es otra cosa muy distinta. "No nos gusta nada esa mirada romántica y autocomplaciente que el cine suele adoptar cuando habla de sí mismo", señala Cohn en ese aspecto. "Es un ombliguismo bastante patético".

‘Competencia oficial’, que sitúa a la pareja argentina en la lucha por el León de Oro por segunda vez en su carrera, pone a tres personajes extremos en el centro de los preparativos de un inminente rodaje. A un lado se encuentra un actor de cine comercial que triunfa en Hollywood, encarnado por Antonio Banderas; al otro, un erudito hombre de teatro, al que da vida Óscar Martínez; en medio de esos polos opuestos, la directora a la que interpreta Penélope Cruz, una diva autoritaria que, desde el primer momento, decide someter a los otros dos a castigos y humillaciones porque, opina, eso los abrirá a dar lo mejor de sí mismos frente a la cámara. En lugar de eso, esa dinámica hará que los tres personajes vayan sacando a la luz sus egos, sus envidias y resentimientos y su idiotez.

En otras palabras, ‘Competencia oficial’ es el mismo tipo de comedia negrísima ambientada en el mundo del arte que la película que dio a conocer a Cohn y Duprat internacionalmente, ‘El ciudadano ilustre’ (2016), por la que Martínez obtuvo una Copa Volpi en este festival. "Tratamos de llenar nuestras historias de mala leche, y de provocar risas incómodas en el espectador", explica Duprat, y Banderas dice de la pareja que "son muy conscientes de que, lamentablemente, las batallas del mundo las van ganando los imbéciles, y tienen una gran habilidad a la hora de retratar esa imbecilidad".

En la película, tanto él como Martínez encarnan versiones exageradas de sí mismos, basadas menos en la realidad que en los prejuicios que existen sobre ellos. "Habrá quien crea que soy tan narcisista como mi personaje", bromea el malagueño al respecto. "Hubo un tiempo en el que estar sometido al escrutinio público me hacía mucho daño, pero ya no". Cruz confiesa haber pasado por un proceso similar. "Yo empecé muy joven, y todas las opiniones sobre mí me afectaban muchísimo. El ego es como un animalillo salvaje que llevamos dentro y que hay que aprender a adiestrar". Al respecto, Martínez, añade: "El ego es necesario para un actor, como lo es para un candidato político que quiere votos o para un escritor que aspira a ser un ‘best-seller’. Lo importante es no dejar que te gobierne".

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Si ‘Competencia oficial’ nos tienta a que imaginemos paralelismos entre sus personajes y los actores que les dan vida, la otra película candidata al León de Oro presentada hoy directamente hace ficción usando las herramientas del documental. Tercer largometraje del italiano Michelangelo Frammartino, ‘Il Buco’ parece limitarse a observar a un grupo de espeleólogos que penetran en un sistema montañoso calabrés; y de hecho eso es lo que hace, aunque la expedición ha sido montada, diseñada y coreografiada exclusivamente para la cámara, con el fin de recrear la que tuvo lugar en 1961 allí mismo y resultó en el descubrimiento de la tercera cueva más profunda del planeta. Se trata de una película llena de planos visualmente apabullantes pero increíblemente seca, que carece por completo de diálogos y ni siquiera se molesta en mostrar el rostro de sus personajes, a excepción del de uno de ellos. Por su rigor resulta admirable pero, inevitablemente, mantiene al espectador a distancia, especialmente porque carece de la carga filosófica y espiritual de la que Frammartino dotó su anterior película, la similarmente austera ‘Le quattro volte’ (2011).