Pequeño fenómeno

Las 12 maravillas del documental 'Summer of soul'

Glosamos a las principales estrellas del extraordinario filme sobre el Festival Cultural de Harlem de 1969, que ya lleva cinco semanas en cines

Sly Stone, en una imagen de ’Summer of soul’.

Sly Stone, en una imagen de ’Summer of soul’. / Mass Distraction Media

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Ramón Vendrell
Ramón Vendrell

Periodista

Especialista en pop antiguo, tebeos, libros, rarezas y juventud

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La humanidad tiene salvación: el magnífico documental 'Summer of soul' está en su quinta semana de exhibición en salas, tres en Barcelona aún lo programan, y eso que desde el 30 de julio está disponible en Disney+. Corresponsales espontáneos informan de espectadores efusivamente rendidos a la película al término de sesiones en cines y en una tarde tan poco prometedora como la del jueves 5 de agosto había unas 40 personas en la sala D de los Verdi Park.

Fue ampliamente tratado en este diario el estreno del documental dirigido por Questlove y no vamos a dar la chapa al respecto, solo un par de pinceladas antes de presentarles una por una a las principales estrellas de la película. O quizá tres pinceladas.

La primera: el metraje, hasta ahora inédito, del Festival Cultural de Harlem, gratuito y celebrado a lo largo de varios fines de semana del verano de 1969, es la bomba. Hay en YouTube la tira de clips de actuaciones de muchos de los artistas que participan, pero por regla general son en el encorsetado formato de show televisivo. Aquí se desmelenan para su gente.

La segunda: si el festival hubiera sido blanco habría un rosario de documentales, libros y discos sobre él. Reafirman una vez más las imágenes y el sonido que la música negra siempre ha ido muchos pasos por delante de la blanca.

Y la tercera: irradia el documental un mensaje de comunidad arrollador. El 'black power' estaba en su apogeo, todavía con reservas de esperanza pese a los asesinatos de Malcolm X y Martin Luther King, por no hablar de la injusticia sistémica. Muy poco después se enturbiaría de mala manera.

Stevie Wonder: de niño prodigio a genio creativo

El primer niño prodigio de la todopoderosa escudería discográfica Motown (el segundo fue Michael Jackson, si bien amparado, es un decir a la luz de todo lo que sabríamos después, en el grupo familiar The Jackson 5) contaba 19 años en 1969 y ya sumaba ¡siete! de exitosa carrera en solitario. Sus intervenciones en ‘Summer of soul’ son paroxísticas, bien a la batería, bien al teclado (un clavinete, para ser exactos) y la voz. No solo eso: prefiguran en su osadía la huida del molde del rhythm and blues en pos de territorios ignotos que tantearía con el álbum ‘Where I’m coming from’ (1971) e iniciaría definitivamente con ‘Music of my mind’ (1972). La década de 1970 fue suya.

David Ruffin: un superclase de la vieja escuela

Los Temptations fueron seguramente la máquina de canto y baile más reluciente de Motown. Ruffin, cuya lucha con Eddie Kendricks por el liderazgo vocal se había decantado de su lado, fue sin embargo despedido del quinteto en 1968. Su interpretación del clásico del grupo ‘My girl’ en el Festival Cultural de Harlem es la de un superclase de la vieja escuela. Vale, la canción es un monumento indestructible, pero a ver quién la canta así, quién cuela ese falsete y quién la escenifica con tanto estilo.

Gladys Knight & The Pips: cantar y dar el callo

"Gladys cantaba y los Pips daban el callo", dice ahora un asistente al Festival Cultural de Harlem. Vaya si daban el callo los tres Pips. Sus rutinas de baile en el documental son olímpicas, una mezcla invencible de hiperactividad y gracia, y sus coros tampoco son ninguna broma. Gladys Knight & The Pips, hermanos y primos, originarios de Georgia y forjados en el góspel, recalaron en Motown en la segunda mitad de la década de 1960. Allí fueron convenientemente ‘civilizados’ (al menos para los intereses del sello), aunque el contraste entre la rugosa, sureña voz de Gladys y las satinadas producciones del conjunto siempre fue su as en la manga.  

B. B. King: resumen de la experiencia afroamericana

"La primera vez que sentí el blues / me llevaron lejos en un barco / unos hombres me pisotearon / y me dieron bien con un látigo / Y todo el mundo quiere saber / por qué canto el blues / Bien, he estado por ahí mucho tiempo / he pagado mis deudas con creces", canta B. B. King en ‘Why I sing the blues’, la única canción que interpreta en ‘Summer of soul’ el coloso de la música popular estadounidense. El número de marras continúa con estrofas sobre el gueto, las mentiras de los políticos y las injusticias en la escuela y el trabajo, hasta componer un resumen de muchas experiencias afroamericanas. El guitarrista y cantante está pletórico. Gallina de piel.

Sly & The Family Stones: heraldos del futuro

Una banda tan avanzada que aún parece llegada del futuro. Musical y socialmente: hombres y mujeres, negros y blancos. El grupo comandado por Sly Stone fue el heraldo de la nueva era de la música negra, abierta a la psicodelia y el rock, a la experimentación y la introspección. Antes del Festival Cultural de Harlem acababa la formación de publicar el exultante disco ‘Stand!’, en el que la idea de poder negro de Sly aún era esperanzada (sin dejar de ser combativa). Después vendría el taciturno ‘There’s a riot goin’ on’’ (1971) y no tardaría el genio en extraviarse en mundos narcóticos.   

Ray Barretto: conguero atómico

Un acierto del Festival Cultural de Harlem fue contratar a artistas latinoamericanos, no en balde compartían problemas con los negros y tenían su cuartel general en el East Harlem, llamado El Barrio, donde los ritmos traídos de sus países se impregnaron del jazz y el soul de los vecinos afroamericanos. Ray Barretto (‘nuyorican’ de pura cepa; esto es, nativo de Nueva York de origen puertorriqueño, aunque el gentilicio mestizo también sirve para los migrantes) y Mongo Santamaría (nacido en La Habana), ambos congueros atómicos, actuaron con sus grupos en la cita harlemita.

The 5th Dimension: un cañón de alegría

Aunque con orígenes en St. Louis, Misuri, el celestial quinteto vocal se formó en Los Ángeles, única cuna posible para su híbrido de soul suave y pop adulto y solo un poco ‘hippie’. La fórmula les reportó sencillos superventas entre el público blanco, pero también reticencias por parte del público negro. Tonterías: sus interpretaciones en ‘Summer of soul’ son un cañón de alegría y diversión. En el parque Mount Morris de Harlem se desmadraron The 5th Dimension como no podían hacerlo ante otras audiencias.

Nina Simone: presencia y poderes imponentes

Caso raro en los músicos afroamericanos de su generación, Nina Simone (Eunice Kathleen Waymon de nacimiento) tuvo formación en música clásica desde pequeña y más que habría tenido si lo que ella siempre denunció como un veto racista no le hubiera impedido continuar con su formación musical en el Curtis Institue of Music de Filadelfia. Solo con su imponente presencia ya habría sido una de las estrellas del Festival Cultural de Harlem, pero es que además Nina Simone estaba en la plenitud de sus poderes y en la cima de su militancia negra. La interpretación de su pieza ‘To be young, gifted and black’ es para llorar.

Max Roach: baterista volcánico

Uno de los grandes revolucionarios de la batería de jazz y un militante fiero y con ideas de izquierdas de la causa negra. Ya era Max Roach un veterano de 45 años cuando compareció en el ‘Wodstock negro’, con una sólida carrera solitario y como baterista de gigantes como Charlie Parker, Dizzie Gillespie, Thelonius Monk o Charles Mingus. Ni la edad (en el mundo de la música actual sería considerado un chaval, pero en el de entonces no) ni haberlo conseguido ya todo le impidieron ofrecer un ‘show’ volcánico y cargado de rabia junto con su grupo y con Abbey Lincoln, su esposa entre 1962 y 1970, como cantante.  

Mahalaia Jackson: la reina del góspel

Le quedaban dos años y medio de vida y no demasiados dientes (lejos de ser crueles, los primeros planos resultan conmovedores), pero Mahalia Jackson todavía tenía voz, sabiduría y fervor para alcanzar alturas místicas. Considerada con insólita unanimidad la mejor cantante de góspel de todos los tiempos, pidió a Mavis Staples que interpretaran en comandita ‘Take my hand, precious Lord’, ya que ella tenía un mal día, cuenta Staples. El resultado es uno de los momentos más emocionantes de la película.  

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The Staple Singers: el cielo en la Tierra

El grupo de Pops Staples y descendientes ya compareció en el festival con Yvonne en lugar de su hermano Pervis; Mavis y Cleotha completaban la formación. Propulsadas por la abstracta a la vez que infecciosa guitarra de Pops, cuya forma de tocar influyó sin ir más lejos a Jimi Hendrix y Curtis Mayfield, las armonías vocales de las tres hermanas crean el cielo en la Tierra. Formidable blues & góspel. El conjunto, toda una institución, abandonaría pronto la senda religiosa y alcanzaría su mejor momento profano con el álbum ‘Be altitude: Respect yourself’ (1972).

El público: ¿a quién le importa la Luna?

'Dashikis’ y afros; desde abuelas hasta niños; baile, éxtasis, conciencia y risas; abundante comida y no menos abundante bebida; ni un puñetero problema en una serie de seis jornadas a las que asistieron unas 300.000 personas. Quizá porque la policía de Nueva York rechazó ocuparse de la seguridad, que recayó en miembros de los Panteras Negras. El hombre (blanco) llegó a la Luna durante el festival. A los asistentes entrevistados se la suda o les indigna por el dineral invertido. No va con ellos.