Himnos 'quinquis'

10 hitos del 'sonido navajero' español

  • El pequeño fenómeno del cine 'quinqui' de finales de los 70 y principios de los 80 contribuyó a fijar un canon musical asociado al género que se nutría especialmente de rumba de extrarradio

El Vaquilla (segundo por la derecha), con Los Chichos, en 1985.

El Vaquilla (segundo por la derecha), con Los Chichos, en 1985. / Paco Elvira

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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El pequeño fenómeno del cine 'quinqui' de finales de los 70 y principios de los 80 contribuyó a fijar un canon musical asociado al género que se nutría especialmente de rumba de extrarradio, preferentemente en sus modalidades delictiva o carcelaria, con ocasionales fugas hacia el rock, el pop o incluso la música 'disco'. Por supuesto, la juventud que habitaba en los barrios que la prensa de la época denominaba "focos de delincuencia" escuchaba también otras cosas, desde baladas italianas a heavy metal, pero la rumba 'calorra' tenía el valor añadido de reflejar en sus letras la vida en el barrio sin adornos ni moralinas y sus intérpretes se ajustaban además a un patrón estético con el que los 'quinquis' podían identificarse.

Sin pretensión de establecer ránking alguno y haciendo una interpretación generosa de los límites de la etiqueta, estos son algunos elevados ejemplos de 'sonido navajero' que causaron estragos en los descampados y salas de recreativos de la época.

‘La historia de Juan Castillo’. Los Chichos. 1974

Once años antes de componer las canciones de la banda sonora de la película ‘Yo, el Vaquilla’, los reyes de la rumba vallecana alcanzaron un éxito inverosímil con esta hiperrealista crónica del asesinato de un soplón plagada de palabras en caló que cabalga sobre una base instrumental (¡esos vientos!) sencillamente arrebatadora. El himno quinqui definitivo. 

‘Te estoy amando locamente’. Las Grecas. 1974

Atómica fusión de canto gitano y rock eléctrico de estirpe hendrixiana, el primer ‘single’ de las hermanas Muñoz impactó en la escena musical del tardofranquismo con la fuerza de un meteorito, propulsado por unas voces de arrolladora expresividad y un puente guitarrero que ríete tú de los que les haría El Torete a los 124 muy pocos años después.

‘Vuelvo a casa’. Los Chorbos. 1975

‘Sonido Caño Roto’ en su máxima expresión. Manzanita y sus compañeros se ponen en la piel de un padre que, en clave de rumba, pide perdón a la familia a la que abandonó mientras a su alrededor se levanta un muro de teclados Hammond, bajos funk, violines y guitarras con wha-wha digno de los Temptations de ‘Papa was a rolling stone’. Tremendo.

‘No quiero barrotes’. Tony El Gitano. 1978

Lo de Antonio Barrull siempre fue el realismo social más extremo y su cancionero está poblado de proxenetas, tironeros, drogadictos y policías empeñados en hacer la vida imposible al gitano. Con una arbitraria actuación de la ‘pestañí’ se abre precisamente esta rumba ‘taleguera’ que pide “libertad” con bastante más criterio que los ‘cacerolos’ del barrio de Salamanca. 

‘La grifa’. El Pelos. 1978

“Yo vengo de la isla, de la isla del Japón / de fumarme cuatro porros que mi novia me invitó”. Así arranca esta psicotrónica oda canábica con la que Antonio García Solomando, alias ‘El Pelos’, gran chamán de las noches flamencas de Lloret de Mar, se convirtió en una presencia ineludible en los expositores de casetes de las gasolineras de toda España. 

‘La mandanga’. El Fary. 1979

Más rumba estupefaciente, esta vez por cortesía de José Luis Cantero. El icono cañí descubre en una discoteca el efecto desinhibidor de las sustancias psicoactivas y, exaltado por el hallazgo (“mirad si me pongo bien / que pienso que soy Kung-Fu”), comparte su entusiamo en un “melocotonazo” de canción del que acabaría renegando años después.

‘Me quedo contigo’. Los Chunguitos. 1980

Balada calorra de romanticismo exacerbado y fascinantes arreglos incluida en el cuarto elepé de los hermanos Salazar, ‘Pa ti pa tu primo’, que fue elevada a lo más alto del canon de la canción de amor española por la vía de su inclusión en la película de Carlos Saura ‘Deprisa, deprisa’. La versión de Rosalía en los Goya-2019 acreditó su condición de clásico.

‘Y no te quedan lágrimas’. Rumba Tres. 1980

Después de pasar un lustro disfrutando del estrellato propiciado por el pelotazo de ‘No sé, no sé’, el trío del Bon Pastor se subió al Seat 131 Supermirafiori del ‘sonido quinqui’ con esta pieza a medio camino entre la rumba pop y la ‘disco-music’ que Eloy de la Iglesia incluyó en la banda sonora de ‘Navajeros’. Ventilador y palmas entre bolas de espejos.

‘Oh, libertad’. El Luis. 1981

Un par de años en el maco por “un asunto comercial” (expresión recogida de una biografía de internet) interrumpieron la carrera de Luis Barrull Salazar, que, tras salir de la trena, se fue a Nueva York a grabar un elepé titulado ‘Gitano Soul’ en el que rebozó su esencia flamenca y sus experiencias carcelarias en aceite de coros de góspel y vientos frenéticos.  

‘Heroína’. Los Calis. 1986

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