Crítica de ópera

Un nuevo 'Orlando' nace en Peralada

  • La ópera de Händel llega renovada al escenario del festival ampurdanés en un montaje que firman Rafael R. Villalobos y Dani Espasa

Un momento de la representación de ’Orlando’ en Peralada

Un momento de la representación de ’Orlando’ en Peralada / Toti Ferrer

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Pablo Meléndez-Haddad

En Peralada ha nacido un nuevo ‘Orlando’. Con la música de Händel como eje vertebrador, el director de escena Rafael R. Villalobos se propuso reinventar la obra consiguiendo, gracias sobre todo a un equipo artístico de lujo, un raro milagro: que una ópera barroca pareciera un producto acabado de salir de la mente de su autor.

Precisamente la creación artística y la relación del creador con su obra es uno de los argumentos de la puesta en escena, en este caso, de una escritora y sus personajes que a veces se transforman en sus propios fantasmas. El 'regista' andaluz deja en segundo plano la historia del héroe carolingio que inspiró a Händel para transformarla en el relato del triángulo amoroso de una escritora, su amante y la amante de esta última, un trío lésbico muy poco visto en una ópera. Villalobos se atrevió inspirado en Virginia Woof, autora de una novela surrealista sobre un Orlando inmortal que va cambiando de sexo en sucesivas vidas.

Aunque la propuesta está llena de citas, casi da igual que se hable de Woolf, porque podría tratarse de cualquier mujer escritora, todo ello apoyado en la contante referencia a los libros y a la escritura. El triángulo aparece vívido en las diferentes escenas, claro y preciso, tanto como en el elegante espacio escénico ideado por Emanuele Sinisi, duplicado con un interesante juego de espejos, con Orlando mariposeando en medio de las tres mujeres. A las proyecciones quizás le faltó subrayar todavía más el triángulo amoroso mientras que la iluminación de Albert Faura acababa de crear ambientes.

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La gracia de la producción es que se podía 'leer' sin mayores problemas incluso no siendo muy aficionado a la literatura de Woolf, ya que también estaba la fantástica música de esta obra maestra händeliana. Y con Vespres d'Arnadí en el foso y Dani Espasa en el podio, se garantizaba una lectura seria y aplicada, con un sólido respaldo a los solistas vocales. Marie Lys impresionó por su dominio estilístico y por esa Virginia-Dorinda muy conseguida, junto a la Violet-Medoro algo opaca en el canto pero brillante en la actuación de Eve-Maud Hubeaux, ambas al lado de una inmensa Sabina Puértolas como Vita-Angelica, espectacular en su canto y en sus movimientos, dándolo todo. A las tres les ayudó la sutil amplificación por la que se optó, que también apoyó el canto virtuosístico de un Xavier Sabata en su elemento, hiperactivo, que hasta hace la rueda en medio de un aria... Su escena de la locura fue fantástica, apoyada por la tramontana y las cigüeñas del parque en sus desvaríos.

Desde una esfera superior, el eficaz mago Zoroastro de José Antonio López completó un reparto ideal y muy bien vestido por el propio Villalobos.