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Crítica de ‘Happier than ever’: Billie Eilish, la confirmación de una estrella pop distinta

  • La californiana profundiza en su estilo único, de cantante susurrante sobre fondos electrónicos minimalistas, en un álbum desafiante, sin complacencias ni concesiones, en el que canta sobre los efectos de la fama en su vida íntima

  • Los nuevos álbumes de Yola, Durand Jones & The Indications y Peter Hammill, también reseñados

La cantante Billie Eilish.

La cantante Billie Eilish. / EL PERIÓDICO

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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‘Happier than ever’

Billie Eilish 

 DARKROOM-INTERSCOPE-UNIVERSAL

 Pop

  ★★★★

Billie Eilish, la adolescente que rompió el canon pop para las masas: con 17 años, hace dos, convirtió en moderno arte sonoro, miniaturista y turbio, sus traumas románticos y sus cábalas de película de terror en aquel debut llamado ‘When we all fall asleep, where do we go?’. Sin manejar estribillos pegajosos ni épicos, susurrando entre las sombras y desmarcándose de la sexualización forzosa con su ropa ancha de camuflaje. ¿Y ahora? En ‘Happier than ever’ se hunde un poco más en su mundo, sin complacencias, invitándonos a pensar que lo suyo va para largo. 

Si Eilish entró en escena como el espejo de las angustias juveniles universales, ahora es la celebridad sobrevenida que explica cómo gestiona su vida, sin el lloriqueo de la pobre niña rica, sonando creíble cuando canta a los efectos de la fama y del ruido mundano en su intimidad y en su salud mental. De eso va este ‘Happier than ever’, un álbum, como el anterior, producido por su hermano Finneas (con quien firma los 16 temas), que abre en canal con las confidencias de ‘Getting older’, donde se pregunta por esos "extraños" que la esperan siempre en la puerta ("generalmente, trastornados") y nos alerta de sus fantasmas del pasado.

Ese canto arrastrado

No estamos ante un álbum que brinde la gratificación inmediata según las leyes seculares del pop, sino que Eilish profundiza en su fondo más enrarecido, rico en suspense y en silencios flotantes, bajando incluso un peldaño en accesibilidad respecto al primer álbum. Cantando llega a abusar del susurro arrastrado, pero hay un magnetismo en esos modos de ondulante vocalista de ‘cool jazz’, que mira de reojo las señales de antiguas civilizaciones musicales en la ensoñadora ‘My future’ o en ‘Billie bossa nova’. Y que alcanza sus expresiones más turbadoras en esas canciones que son envolventes telarañas: ‘Lost cause’, con su pausado bucle hipnótico, y ‘Overheated’, elevándose con sus apostillas sobre las redes sociales, las amenazas de muerte y el culto a la novedad ("¿es una noticia? / ¿Noticia para quién?").

Aunque este es un disco de ‘tempos’ apaisados y calmas tensas, donde la procesión va por dentro, una Eilish más invasiva se abre paso en ‘Oxytocin’, sobre una pista techno con perfiles atonales, y en el ciclo vagamente circense de ‘Therefore I am’. Y en la propia ‘Happier than ever’, donde da las claves irónicas del título del álbum ("soy más feliz que nunca / cuando estoy lejos de ti") y que deriva de la cancioncilla tropical al espasmo grunge. 

Con todo ello, Billie Eilish logra transmitir de nuevo intimidad y franqueza valiéndose de una frialdad instrumental minimalista y realzando su carácter vocal de anti-diva. ‘Happier than ever’ atrapa a través de la cocción lenta, sugiriendo que con ella puede estar naciendo una manera distinta de ser estrella pop. Jordi Bianciotto

‘Stand for Myself’

Yola 

 EASY EYE SOUND

 Country-soul

  ★★★★

En su segundo elepé en solitario después de haber puesto su privilegiada garganta al servicio del grupo inglés de ‘Americana’ Phantom Limb, la cantante bristoliana Yolanda Quartey recurre de nuevo al muy atareado productor Dan Auerbach (The Black Keys) para facturar una suculenta docena de canciones que exhiben con orgullo sus influencias de soul añejo, doo-wop, country-rock y hasta ‘sonido Laurel Canyon’ sin perder la conexión con una sensibilidad pop muy británica. Una rotunda demostración de poderío. Rafael Tapounet

‘Private Space’

Durand Jones & The Indications 

 SECRETLY CANADIAN

 Soul

 ★★★★

Por más que el quinteto de Indiana esgrima el adjetivo "atemporal" cada vez que su música es etiquetada de ‘retro’, el algodón no engaña: cualquiera de las 10 canciones de su tercer álbum colaría sin problemas en una ‘playlist’ de soul del periodo 1973-1977, entre los Stylistics, Curtis Mayfield, Hot Chocolate y Earth, Wind and Fire. La cuestión es si esa imputación es razón suficiente para dejar de disfrutar de un disco irresistible guiado por las magníficas voces de Durand Jones y Aaron Frazer. Aquí decimos 'no'. R. T. 

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‘In translation’

Peter Hammill 

 FIE!

 Pop-Vanguardia

 ★★★★

El timonel de la institución art-rock Van Der Graaf Generator deja de lado sus partituras y salda cuentas con autores de otro tiempo que contribuyeron a forjar su carácter. Temas seleccionados tras el impacto del covid-19 y del Brexit que hablan de pérdida, desubicación y planes truncados: de Piazzolla, Mahler y Kern & Hammerstein, así como de autores italianos como Fabrizio de Andrè y Luigi Tenco. Hammill los exorciza con pianos fantasmales y guitarras emborronadas, con vértigo y emoción. J. B.