NOVEDAD EDITORIAL

Pau Arenós, el periodista que solo pudo hablar con Spielberg de bocadillos

El autor recupera 17 artículos escritos en los años 90 que le sirven para reflexionar sobre los cambios de la prensa

El periodista y gastrónomo Pau Arenós.

El periodista y gastrónomo Pau Arenós. / Laura Guerrero (EPC)

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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'San Elvis, ruega por nosotros' (Catedral), del periodista y crítico gastronómico Pau Arenós, no quiere ser un libro de memorias, ni una sentida elegía por los cambios en el oficio periodístico, ni un ajuste de cuentas con la profesión, ni un ejercicio de nostalgia por los télex, las máquinas que escupían teletipos, o los tipómetros, aquellas reglas que ayudaban a dibujar las maquetas de la páginas. Pero parte de esas vivencias de veterano periodista que afronta la transformación digital sin perder fuelle camino de la cima, “aunque ahora la pared sea de hielo”, se han filtrado en esta selección de reportajes cocinados a fuego lento en los años 90. Unos reportajes publicados en la revista 'Dominical' de este diario y que ahora enfrentados a la prueba del tiempo continúan mostrando frescura, descreimiento y alguna que otra dosis de desfachatez. “Aquel era un periodismo más desinhibido y un poco menos crédulo que lo que estoy leyendo ahora: textos maravillosos y muy bien construidos pero quizá demasiado previsibles”, establece .

Desde luego la previsibilidad no casa con estos 17 artículos de notable extensión -otra de las diferencias con el periodismo actual, cada vez más volcado a la brevedad- en los que se pasea por el Menfis de Elvis, 20 años después de su muerte; busca en Santo Domingo auspiciado por Manuel Vázquez Montalbán la huellas de los personajes de 'La fiesta del Chivo' , aquella obra maestra de Vargas Llosa, y va incluso algo más lejos que el peruano al entrevistar a algunos de los que tienen un papel crucial en aquella ficción no tan ficcional y le da la vuelta a una entrevista fallida con Tom Clancy.

No todo tan bueno

Conviene Arenós, para demostrar que este no es un libro nostálgico, que no todo en aquel tiempo pasado fue bueno, que había mucho despilfarro y derroche, y el comportamiento interno de las redacciones dejaba bastante que desear: “He conocido a personas elevadas a los altares del periodismo que practicaban el insulto, la vejación y la falta de respeto con sus subordinados, y no creo que eso hoy pueda suceder y si lo hace hay canales para evitarlo. Entonces, sencillamente, no existían. En los periódicos hemos hablado mucho del MeToo, pero no hemos hecho todavía ese ejercicio internamente en las redacciones”.

Pero como la biografía de un periodista debe ser su trabajo hay que remitirse a los textos. A Arenós le gusta destacar la entrevista que le hizo a Spielberg en Los Ángeles para promocionar una peculiar y hortera cadena de restaurantes que iba a abrir sede en Barcelona: “Hay periodistas que le han hecho a Spielberg entrevistas profundas pero muy pocos que se hayan ceñido a un único tema: los bocadillos y no fue porque yo no quisiera preguntarle por sus obras geniales sino porque su socio no me lo permitió". Sin embargo, el retrato del realizador que surge es una faceta inédita y poco estimulante.

Poco arte en Miami

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La mayoría de las veces el resultado de los reportajes no era exactamente el buscado por los promotores de las discográficas -entonces todopoderosas- o las agencias de turismo. Fue el caso de una visita a Miami para escribir sobre un conciertos de los Tres Tenores: “Fui allí y lo que vi me horrorizó porque no vi arte, solo a multimillonarios que llegaban en helicóptero y se dejaban millonadas en arreglos florales”. También atesora la carta recibida, y reproducida en el libro, de la oficina de turismo de Israel que le reprochaba que el suyo no fuera un reportaje turístico. “ A mí eso me pareció un elogio. Yo viajé allí y conté lo que vi”.

Como todos los artículos están contextualizados y comentados desde este digital 2021, no es muy desencaminado preguntarle al periodista si en el futuro no baraja la posibilidad de escribir unas memorias profesionales. “MI trabajo no tiene épica, como sí lo ha tenido el de algunos de mis compañeros. Vidas salvajes y peligrosas. Yo lo más que he estado del peligro -y ahí habla el crítico gastronómico- es haber podido morir intoxicado en algún restaurante”.