Proyectado por el ‘talent show’

Joaquín Ascón, el cantautor ‘salvado’ por Antonio Orozco en ‘La Voz Senior’

  • El músico, que fue miembro del grupo salsero Pernil Latino, publica un álbum intimista, ‘El francotirador’, 33 años después de su debut en solitario

El cantautor Joaquín Ascón, en Barcelona.

El cantautor Joaquín Ascón, en Barcelona. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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A Joaquín Ascón siempre le ha gustado hacer canciones “y soltarlas, dejarlas en el aire”, y aunque tiene hechas más de 500, dice sentirse familiarizado con lo que un día Serrat describió como “aquesta puta sensació d’arribar sempre tard”. Fue cantautor en tiempos de bandas pop y salsero sobrevenido (como integrante del popular grupo Pernil Latino), y ahora publica un emotivo disco en solitario, ‘El francotirador’, 33 años después del primero, tras haberse visto propulsado por su aparición en ‘La Voz Senior’, donde “sonó la flauta”, dice, y Antonio Orozco se giró entusiasmado alzando el pulgar.

Puede cantar victoria: este ‘talent show’ ha registrado sonoros ninguneos de veteranos como José María Guzmán, Maruja Garrido o Mercedes Ferrer. “Nunca me había planteado ir a un concurso de este tipo, pero me llamaron atraídos por los temas que había colgado en mi canal de YouTube, y pensé que no tenía nada que perder”, explica el cantante y guitarrista barcelonés, que tras superar sendos cástings interpretó primero ‘La bohème’, de Aznavour, y ‘Aunque tú no lo sepas’, de Quique González (que grabó el llorado Enrique Urquijo). Luego le ofrecieron cantar ‘Clara’, de Joan Baptista Humet, y protestó, porque “es una canción que cuenta una historia y no se puede resumir en un minuto y 45 segundos, que era el tiempo estipulado”. No hubo nada que hacer. “Es un programa guionizado donde los criterios artísticos mandan en la preselección, pero no tanto en el plató, donde se busca tocar la fibra”.

El “barbudo Robinson”

Su actuación se acerca al medio millón de visualizaciones en YouTube y él, encantado con la experiencia, se dispone a “aprovechar el altavoz” con este álbum de fibras acústicas y eléctricas, con textos vividos y extrema sensibilidad. A Joaquín Ascón le motiva, en efecto, contar historias, como a Humet, y le contraría escuchar canciones “donde no se entienda lo que se está cantando, entre arreglos cargados y efectos de producción”. En la pieza titular se describe como el “barbudo Robinson / olvidando su dolor / al albur de los alisios”, y el romanticismo flota en torno a piezas como ‘El radiocasete’, con sus citas a Demis Roussos y los revolcones de “aquel verano pasajero”.

Temas que te tocan sobre todo “si has vivido una época determinada”, reflexiona Ascón, que ve el sonido del disco apartado sin complejos de las tendencias del momento. “Me han dicho que suena incluso antiguo, y ya me está bien, porque quería que fuera como si no hubieran pasado estos años”, asegura, feliz con la producción del avezado Jordi Armengol (Lluís Llach, Manolo García, Maldita Nerea), que sabe “tratar la voz y envolverla bien”.

De Aute al trópico

Como si las grandes palabras le repelieran, no se ve a sí mismo como un poeta, ni como un músico, sino como “un cancionista, un escribidor de canciones, un artesano”. Tarea a la que se encomendó en grupos de juventud como Albanta (la pieza de Aute) y en aquel primer álbum titulado ‘Zigurat’ (1988), que grabó con cómplices como Ricard Roda, Dave Pybus y Matthew Simon. Ingresó en aquella época en Pernil Latino, grupo procedente del mundillo layetano de los últimos 70, presto a la fogosidad tropical, con la que grabó tres discos, uno de ellos el boyante ‘Salsa mediterránea’ (1990).

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Años de trajín (“con bolos potentes, como el de las fuentes de Montjuïc, una noche de Sant Joan”), en los que Ascón, licenciado en Filosofía, se situó también detrás de los focos, a cargo de una empresa de ‘management’ y derechos editoriales, trayendo a actuar, de la mano del activista de la música tropical Abili Roma, a grupos cubanos como NG La Banda y Los Van Van. Hasta que una madrugada de mediados de los 90, volviendo a casa de una actuación, estimó que ya tenía suficiente. “Con mi vida familiar, aquel no parar era un fastidio”.

Marchó a Valencia y, más tarde, a Deltebre, junto al Parque Natural, donde hoy vive, ejerciendo de capitán de yate y de cantante de habaneras con su grupo, Arrels dels Ports. Sus canciones parecen atesorar fragmentos de muchas vidas consecutivas. “Lo dejé todo para estar aquí, con mis cuatro barquitas, llevando a los turistas a pasear”, explica. “Pero sin dejar nunca de hacer canciones”.