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Las anécdotas de 'Ama', el drama que sorprendió en Málaga

  • La película se rodó cronológicamente y tuvo que interrumpirse debido al confinamiento

  • Tamara Casellas no le daba importancia a rodar sin ropa porque ya se estaba desnudando mucho emocionalmente

  • La niña Leire Marín copió sus técnicas y se preparaba antes de cada escena

La directora, Júlia de Paz Solvas, durante una pausa en el rodaje.

La directora, Júlia de Paz Solvas, durante una pausa en el rodaje. / MELISA RAMÍREZ

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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Una de las grandes sorpresas del pasado festival de Málaga fue el drama Ama, ganador del Feroz Puerta Oscura. Es el segundo largometraje firmado por una directora catalana surgida de la escuela ESCAC, Júlia de Paz Solvas, que debutó en el 2019 con La filla d’algú. En este caso ha optado por ampliar su cortometraje homónimo repitiendo con la protagonista, Tamara Casellas, una actriz desconocida que se ha convertido en toda una revelación y que se llevó con todo merecimiento la Biznaga de Plata por su brutal interpretación. Todo apunta que no será el único galardón que obtenga y va a ser una de las favoritas en la carrera por los premios gordos de la temporada. No menos importante es la participación de la pequeña Leire Marín Vera, que le da la réplica con espontaneidad y frescura.

La trama intenta desmontar muchos tópicos sobre la maternidad a través del retrato de Pepa, una mujer que vive a salto de mata en Benidorm arrastrando con ella a su hija, con la que deambula por las calles en busca de un trabajo y de un lugar donde pasar la noche. No es un personaje fácil, que no siempre actúa como esperas y que te descoloca continuamente, cuesta empatizar con ella pero, a medida que avanza el metraje, descubres que los problemas van uniéndolas más y te sientes partícipe de su drama. El filme, de bajo presupuesto, tuvo muchas dificultades ya que el rodaje tuvo que interrumpirse debido al confinamiento. Su directora nos explica más detalles del proceso.

-Un título polisémico. “El título puede tener varios significados, del verbo amar, como sinónimo de dueña o, incluso, un diminutivo de mamá… El título fue de las primeras cosas que tuve claro y se basa en el imperativo de amar, la maternidad que exige una forma determinada de amar dándolo todo por los hijos, principalmente es ese significado, también ama es madre en vasco. Quería que fuera un título corto pero con varias interpretaciones”.

-Descubriendo a una estrella. “A Tamara la conocí hace cinco años en un rodaje de la ESCAC donde yo estaba de script y ella era la coprotagonista. El equipo me llamaba la MiniTamara porque nos parecíamos un poco aunque nos llevamos 10 años. En una escena complicada que era difícil para ella empezamos a hablar. Al año siguiente hice un corto, fue la protagonista y creamos un vínculo, somos como hermanas. Siempre he tenido una gran confianza en ella y creo que tiene un talento espectacular. Siempre lo da todo. Previamente al rodaje hicimos un proceso de investigación entrevistando a personas abandonadas, hablando con los servicios sociales y ella siempre estuvo allí”.

Tamara Casellas, ganadora al premio a la mejor actriz en Málaga, se volcó en el rodaje.

/ MELISA RAMÍREZ

-Una niña luminosa. “Junto a la directora de casting hicimos entrevistas a varias niñas que venían de una agencia, pero yo no conectaba con ninguna. Nos fuimos a Madrid y un día en un bar la encontramos. Era una niña que estaba jugando, nos saludó y vimos que tenía que ser ella. La familia no sabía nada del mundo del audiovisual, son de Murcia y estaban allí de vacaciones, por lo que se tuvieron que quedar unos días más”.

-Pequeña, pero profesional. “Trabajar con la niña fue bastante mágico porque Leire tiene una empatía y una inteligencia emocional espectaculares, pero no tenía ninguna formación y tampoco había guion. Todo eran improvisaciones y juegos que le planteábamos. Es curioso porque, durante el rodaje, iba copiando técnicas de Tamara. La escena cuando Pepa la abandona en el paseo marítimo y luego se reencuentran tuvimos que rodarla varias veces. La niña preguntaba dónde estaba su marca, cerraba los ojos, se daba golpecitos en la cabeza y empezaba a llorar. Se preparaba emocionalmente antes de la toma para provocar el sentimiento de miedo y llorar. Y solo tiene 5 años... fue espectacular”.

La pequeña Leire Marín Vera se preparaba emocionalmente antes de cada escena.

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-Trabajando la relación entre madre e hija. “Tamara y yo estuvimos varios meses yendo a Murcia a vivir con la familia de la niña y los papás nos lo pusieron todo súper fácil. Jugábamos con ella y con su hermano, veíamos una peli… En un rodaje, los niños suelen tener esa dependencia de la mamá, que siempre está por allí, pero ella quería que se fuera a otro lado para poder concentrarse”.

-Una presentación misteriosa. “La presentación de la protagonista es mediante unos primerísimos planos en sombras, tapada por la melena. Era intencionado, queríamos jugar con el hecho de que está en un momento crítico y no entendemos el motivo, crear algo de intriga para que el espectador pueda engancharse. Es como si fueran los fantasmas de Pepa, su pasado, cosas que con el tiempo se han borrado”.

El único tatuaje real que lleva Tamara es el del pecho, Enrique, el nombre de su padre.

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-Los tatuajes. “El único tatuaje auténtico es el que lleva en el pecho con el nombre de su padre, Enrique. Los otros son diseñados por un amigo tatuador, Guru, y con la maquilladora se los poníamos cada día".

-Una pausa útil. “La rodamos en dos etapas por culpa de la pandemia. El parón en sí supuso una pequeña crisis, fueron dos meses y medio, rodábamos cronológicamente y me daba pánico porque los niños crecen súper rápido. Pero también tuvo su parte positiva porque miré todo el material que teníamos rodado y eso me permitió ver si íbamos por buen camino. Quitamos y pusimos escenas y nos replanteamos el rodaje”.

El rodaje debió detenerse por la pandemia y se reanudó dos meses más tarde.

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-Un autobús ardiente. “En el autobús hacía mucho calor, pero mucho, acabábamos mareados. Era pleno verano y no podíamos salir de allí para seguir haciendo tomas, no podíamos poner el ventilador porque hacía ruido y sonaba mucho. Rodar bajo el sol con la mascarilla lo complicaba todo más física y emocionalmente, pero nos lo tomamos de la mejor manera. Pensamos que, a pesar de todo, podíamos seguir rodando”.

-De la multitud al desierto. “La escena en la que tienen que dormir por la calle en el paseo de Benidorm la rodamos durante la pandemia y tuvimos que poner nosotros a todos los figurantes. Era muy curioso porque veías esa calle con gente, luces y música y, en la de al lado, todo estaba desierto. Ese contraste era muy peculiar”.

La escena en la que duermen en la calle en Benidorm se filmó tras el obligado parón.

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-La magia del cine. “En la fiesta en la discoteca no tuvimos tantos figurantes como aparenta. Es la magia del cine. Estuvieron todo el día aguantando súper bien y muy receptivos. Poníamos a la gente alrededor como una bola, pero no eran tantos. Iban y venían. Me hace gracia cuando lo veo… parece que haya un montón de gente”.

-Del desnudo físico al emocional. “Tamara ponía los límites de los desnudos y si no se sentía cómoda, lo decía. Esos planos se rodaban con un equipo muy reducido y siempre llevábamos algo para taparla entre tomas. Tampoco le importaba mucho porque decía que tenía que desnudarse tanto emocionalmente que lo otro no le importaba. Como rodábamos con mucha improvisación, un día, en una de las tomas, la niña no esperaba que Tamara se quitara el sujetador y se quedó en blanco mirándole el pecho. Nos dimos cuenta de que antes teníamos que avisarla de lo que iba a pasar en las escenas”.

La escena de Pepa con la madre (en la foto) puso a prueba el talento de ambas actrices.

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-Escenas improvisadas. “Muchas veces les daba un guion para que entendieran la base pero no tenían que aprenderse diálogos. Todas las escenas tenían una gran parte de improvisación. Para mí es muy importante que los actores formen parte del proceso creativo y se dejen llevar por el presente. La que menos improvisación tenía era la del diálogo final de Pepa con su madre y tenían que ser muy buenas actrices para que suene tan fresco un diálogo después de haberlo hecho tantas veces, pero ellas lo hicieron sin problemas, cada toma era diferente aunque el diálogo fuera el mismo”.

El equipo del filme rodando una de las escenas de exteriores.

/ MELISA RAMÍREZ