Entrevista Reseña Una evaluación o crítica de un servicio, producto o esfuerzo creativo, como arte, literatura o una actuación.

Daryl Gregory: el novelista que ama a sus criaturas mutantes

En poco tiempo se han traducido cuatro libros del jocoso escritor norteamericano, con sus visiones alternativas de superhéroes ‘losers’, zombis adorables, sectas lovecraftianas o la religión como droga (de diseño)

Daryl Gregory.

Daryl Gregory. / Miki López

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en Cuando puedo, escribo sobre historia, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, fotografía o Barcelona.

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Una familia de ‘losers’ con superpoderes inspirada en Uri Geller. Un Niño Jesús zombi que quiere redimir a su raza y salvar a la humanidad. Un club de Torturados Anónimos en terapia de grupo se enfrenta a monstruos lovecraftianos. Una guerra narco por el control de una píldora que hace que Dios sea real. La primera de estas cuatro locuras llegó a las librerías españolas en 2018 (‘La extraordinaria familia Telémacus’, en Blackie Books y, en catalán, en La Campana). Y ahora, de una tacada (y gracias al entusiasmo del editor de Gigamesh, Alejo Cuervo, por su autor, Daryl Gregory), ‘Vida y milagros de Stony Mayhall’, ‘Estamos todos de puta madre’ y ‘Afterparty’. 

Daryl Gregory (Chicago, 1965) ha sido una de las estrellas invitadas en el festival Celsius de Avilés. Y allí le hemos preguntado por su obra, en la que parece estar intentando completar una antología de versiones alternativas de todos los subgéneros disponibles. “Quiero robar de todas las cosas que me gustan y encontrar el truco para tener algo nuevo que decir sobre ellas. Mi técnica es ver qué pasa después de las historias de horror, las consecuencias”, explica. Son tantas las cosas que le gustan que ni se plantea que ninguna de ellas se convierta en una serie. “Soy incapaz de centrarme hasta este punto. Tengo tantas ideas tan distintas en mi mente que acaban practicando el sexo entre ellas y teniendo niños mutantes. Y su objetivo es que los queráis”, añadía más tarde ante los asistentes al festival.

Sí, que los queramos. Como a Stony Mayhall, el bebé zombi que crece protegido y educado por una madre muy religiosa, sus tres hijas y los vecinos coreanos, y se convierte en el Mesías de los supervivientes del fallido primer gran contagio zombi, patrocinado por un Capitán Pescanova norteamericano. “Me encantan los monstruos. Me extrañaba que no hubiera libros que estuviesen explicados desde la perspectiva del zombi. Porque el escritor tiene que tomar el punto de vista del desvalido. Y no se me ocurre a nadie más débil que a un niño zombi”. Porque en su mundo, el zombi babeante corresponde a la fase aguda de su enfermedad. El problema es que los matan sin dar tiempo a que se descubra que se pueden convertir en unos muertos bastante razonables (aunque con un ala radical, un binladenismo zombi). De hecho, tiene una explicación bastante deprimente para el porqué del éxito de la narrativa zombi: “Fantasear con matar a otra gente que no te gusta y no sentir culpa porque son monstruos. Y proyectarlo en los inmigrantes, o el partido político que no te gusta. Es una excusa para odiar al otro, porque no es humano. Se imaginan salvando la civilización. Cosa que yo no podría hacer, en un apocalipsis yo sería lamentable como superviviente”. 

La droga de la religión

En ‘Afterparty’ la influencia espiritual-lisérgica de Philip K. Dick está presente (quizá por eso sea la preferida de un veterano de la carretera como Cuervo). Pero su versión tan literal de que la religión es la droga del pueblo (hasta hacerte creer, si eres indio, que Ganesh, o sea un dios con cabeza de elefante, siempre está a tu lado, o un ángel psicoterapeuta si eres una neuróloga norteamericana) tiene mucho más sentido del humor. Porque aunque no sean directamente comedias, un sentido de ‘feel good’ hace que todos sus libros sean especialmente disfrutables. “Mi objetivo principal es confrontar el realismo psicológico con situaciones surrealistas. La gente se acaba riendo de sus desgracias cuando son absurdas. Como Stony intentando aprender a vivir siendo materia muerta. De allí viene mi humor”: 

Dobladores de cucharas

La familia es siempre protagonista en sus libros. Como la Telémacus, una familia con superpoderes caída en desgracia tras fracasar en la TV en ‘prime time’. La tendencia de moda de enseñar la cara B de los superhérores, pero en cutre (“es que yo también era un ‘loser’, se explica). “La idea -añade- viene de haber visto a Uri Geller cuando era niño. Si tienes poderes psíquicos, ¿por qué los dedicas a una cosa tan tonta como doblar la cubertería? ¡Vaya mierda! ¿Por qué no ayudas a la gente?”  

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En ‘Estamos de puta madre’ es otro tipo de familia, el del grupo de terapia. “El grupo es el protagonista, deben curarse a ellos mismos”. Y no de cualquier tontería. Todos han sido víctimas de salvajadas. Una muestra: una madre de familia fue secuestrada por un sádico que le fue abriendo las carnes y grabando profecías ocultas en sus huesos antes de recoserla. Vale, Gregory también tiene monstruos malos. Más que los de 'Bones', que tienen antiguos dioses detrás.

‘La extraordinaria familia Telémacus’ fue adquirida por Showtime para desarrollar una serie, ya con el guion del piloto previsto. Gregory, contento por tener el dinero en el bolsillo, explica que el proyecto se ha caído, y busca nuevo comprador. Y nos avanza la gran diferencia entre el mundo del libro y el audiovisual. “Cuando escribes un libro vas recibiendo un no, otro no, no, no, hasta que alguien dice sí y entonces el libro se publica. En Hollywood vas pasando etapas, sí, sí, sí, sí, y en cualquier momento aparece un no y se acabó”. 

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