Exposición

Jean Prouvé, el arquitecto sin título que revolucionó la construcción prefabricada

  • CaixaForum Barcelona inaugura la retrospectiva sobre el también diseñador de muebles francés, que apostó por la ligereza y la sencillez sin abandonar la elegancia y la vanguardia e ideó casas para 'sintecho' con fines sociales y para beneficio de la colectividad

Mobiliario de Prouvé y, en la foto suspendida, cómo se mostró en la Exposición Internacional de las Artes y Técnicas Aplicadas a la Vida Moderna de París, en 1937.

Mobiliario de Prouvé y, en la foto suspendida, cómo se mostró en la Exposición Internacional de las Artes y Técnicas Aplicadas a la Vida Moderna de París, en 1937. / SIMONE BOCCACCIO (EPC)

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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"Hay que mostrar al público que la casa prefabricada es confortable, y romper con la rutina", mantenía Jean Prouvé, referente francés de la arquitectura industrial y diseñador de mobiliario, cuyas cartas de presentación eran la ligereza y la sencillez, que aplicaba a la construcción de casas asequibles pero de calidad, y la producción en serie con fines sociales. CaixaForum Barcelona acoge hasta el 31 de octubre una retrospectiva que recorre el innovador trabajo de Prouvé (París, 1901 - Nancy, 1984), a través de 235 piezas (146, originales), entre maquetas, planos, fotos, dibujo, mobiliario y documentos de la colección del Pompidou de París. 

Criado y formado en el taller de su padre, pintor, escultor y grabador, Prouvé empezó a finales de los años 20 como herrero artesano, aprendiendo el arte de la forja y abriendo su propio taller en Nancy. Creaba rejas, barandas, vidrieras y lámparas antes de convertirse en un "industrial", como insistía en considerarse, que apostó por la modernidad, concebía sus construcciones en beneficio de la colectividad y revolucionó las técnicas de construcciones prefabricadas.  

Sin título de arquitecto

Pero, aunque trabajó con algunos de los arquitectos icónicos de la modernidad, como Robert Mallet-Stevens y Le Corbusier, él no tenía el título de arquitecto ni el de diseñador industrial. Ello sería motivo de cierta polémica cuando, en 1971, presidió el jurado del concurso internacional que eligió el emblemático proyecto de Renzo Piano y Richard Rogers precisamente para el edificio del Pompidou, al que donaría su colección.

Maqueta de la gasolinera circular que Prouvé ideó para Total. 

/ SIMONE BOCCACCIO

"Era singular, versátil y polifacético - apuntan los comisarios de la exposición, Olivier Cinqualbre y Marjorie Occelli-, capaz de proyectar desde un edificio de un aeroclub hasta una mesa de parvulario, una casa desmontable o una cadena de estaciones de servicio". Como la original gasolinera circular para Total, cuya maqueta de 1969 figura en la retrospectiva y de las que construyó 114 en autopistas de toda Francia. 

Muebles sencillos y resistentes

Como diseñador de muebles, creación que afrontaba con igual pasión que si fuera una casa y aplicando la misma sencillez, buscando también "la elegancia, la economía de materiales y la resistencia y la durabilidad del objeto, enfocado a la funcionalidad". Sillas (como la Dactylo, la de reposo Anthony o la Standard, de 1934, que iría versionando combinándola madera y metal hasta convertirla en la referencial silla Cafétéria), mesas (como la Centrale o la Compás), pupitres biplaza para residencias universitarias…, mobiliario a menudo plegable o inclinable donde usó la técnica de la chapa de metal plegada: era resistente, distribuía la fuerza por igual en todas las patas y a la vez daba soportes más ligeros, contrastando con el habitual mueble más macizo de la época. "No podía contentarme con los tubos de acero combados. Lo que me inspiró fue la chapa de acero. Plegada, embutida, nervada y soldada", puntualizaba.

La misma ligereza buscaba en sus edificios, concebidos como un "esqueleto que se sostenía por sí solo", al que añadía una fachada que lo envolviera, como las estructuras metálicas y de vidrio del aeroclub Roland Garros

En la Resistencia francesa

Su modernidad se demostraría en la Exposición Internacional de las Artes y Técnicas Aplicadas a la Vida Moderna de París, en 1937, donde presentó una espectacular escalera con una zanca central, diseñó varios muebles y una caseta de baños con Charlotte Perriand, Le Corbusier y Pierre Jeanneret. Con los dos últimos, además, se asoció durante la Segunda Guerra Mundial para construir pabellones desmontables para obreros de la Société Centrale de Alliages Légers en Issoire.

Una de las salas de la retrospectiva sobre el diseñador y arquitecto Jean Prouvé en CaixaForum Barcelona. 

/ SIMONE BOCCACCIO

Prouvé, que colaboró con la Resistencia contra los nazis, fue alcalde de Nancy en 1944. "Necesitamos casas prefabricadas", proclamó en la posguerra, ante la escasez de viviendas. E ideó un sistema industrializado que permitía reconstruir el país rápidamente creando equipamientos colectivos, sin perder vanguardismo ni calidad, desde la fábrica de Maxéville. Diez de esas casas económicas prefabricadas en serie aún siguen habitadas en la periferia de París. De aquella fábrica surgieron también sus emblemáticas Casa Métropole y Casa Coque, que se ensamblaba a partir de paneles de cubierta curvos y donde utilizó aluminio, material nada usual en la época.

Casas para sintecho

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En Nancy proyectó su casa familiar, también ligera y barata, y la que muchos consideran su obra maestra, el totalmente desmontable Pabellón del Centenario del Aluminio (1954) en el parisino Quai d’Orsay.

Dos años después, Prouvé, que según el comisario creía en la capacidad de la arquitectura para "cambiar el mundo y la vida de las personas", idearía otro de sus iconos, la Casa de los Días Mejores, tras hablar con el Abbé Pierre, que en 1954 le pidió viviendas para los sintecho que morían de frío. Eran apartamentos prefabricados de 50 m2 de dos dormitorios, apadrinados de forma solidaria por una marca de detergente. Pero solo se fabricaron cinco porque la Administración francesa no los homologó alegando mala ventilación en el baño. "Decían que no eran suficientemente higiénicos pero creemos que eran casas demasiado avanzadas para su tiempo", opina la comisaria. Diseñó también, en 1958, casas ensamblables para obreros de una petrolera en pleno desierto. En ellas nadie pudo discutirles la necesaria ventilación. Ni la ligereza.