Crítica de teatro

'Billy's violence', el descenso a los infiernos de la Needcompany

Jan Lawers vuelve a dejar huella de su reconocido teatro físico y multidisciplinar en una pieza de dureza cruda e incómoda

Una imagen de ’Billy’s violence’, el último montaje de Jan Lawers y la Needcompany.

Una imagen de ’Billy’s violence’, el último montaje de Jan Lawers y la Needcompany. / Maarlen Van den Abeele

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José Carlos Sorribes
José Carlos Sorribes

Periodista

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Nos lo explica Maarten Seghers antes de empezar Billy’s violence. En la época en que William Shakespeare escribió sus tragedias la vida era realmente violenta, muy violenta. Y bien que lo veremos. Seghers es el autor de la música original, y también el bufón, del último montaje de Jan Lawers y su Needcompany, un director y una compañía totémicos del teatro europeo contemporáneo. Con esta pieza, de estreno mundial dentro del programa del Grec, se ha despedido Xavier Albertí de su etapa de ocho años como director del TNC. Ahí es nada, un Lawers en estado puro, aunque esta vez la escritura del texto va a cargo de su hijo, Victor Afung Lawers. El topicazo del palo y la astilla encaja aquí a la perfección.

El vástago se agarra a los personajes femeninos de las tragedias de Shakespeare para ir por libre. Digamos que el tronco argumental está ahí, las ramas, no. Porque Victor le sirve a papa Jan un material textual, en ocasiones demasiado reiterativo, que ejerce sobre todo de soporte para una puesta en escena marca de la casa. Entre la violencia propia de las tragedias y que Victor Afung Lawers escribió el texto durante el confinamiento, el resultado es de una dureza cruda, visceral y, por momentos, directa como un puñetazo en la cara. Un auténtico descenso a los infiernos, como ha reconocido su autor.

Diez escenas con personajes femeninos

'Billy’s violence' se articula en 10 escenas con el nombre de personajes femeninos del Bardo: Porcia, Desdémona, Julieta, Ofelia, Marina, Cleopatra, Lavinia, Imogene, Cordelia y Gruoch, la que sirvió de modelo para Lady Macbeth. Ni Lawers ni su hijo se plantean ningún juicio moral, y si hay que apretar de lo lindo, se hace, por lo que la pieza puede resultar incómoda.

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Lo que sí demuestra la Needcompany es su conocida capacidad para desplegar ese teatro de gran carga física y multidisciplinar que la ha convertido en referencia indiscutible. Un espacio casi desnudo, con dos estructuras metálicas a los lados con el copioso vestuario y un grupo de intérpretes que se dejan la piel. Porque con Lawers ya se sabe, lo de multidisciplinar casi se queda corto. Los intérpretes van a todo trapo las dos horas del espectáculo: actúan, cantan, se mueven, bailan o se cambian de ropa sin pausa. Esta vez, el director de Amberes cuenta con tres intérpretes muy conocidos por aquí: Gonzalo Cunill, Juan Navarro y Nao Albet.

Los tres, junto a sus cinco compañeros, transmiten una energía sideral desde el escenario, con un cierre de la pieza que deja boquiabierto al público y desborda el aplauso. Ahora bien, también queda la sensación de haber asistido a una 'performance' brutal de la que igual nos queremos olvidar en cuanto salimos a la calle.