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El arte de la Guerra Civil resurge en el MNAC

  • El Museu Nacional incorpora a su colección permanente nuevas salas sobre el conflicto, con 108 obras de 43 artistas y un espacio dedicado al Pabellón de la República de 1937

El óleo ’Fusilamientos en la plaza de toros de Badajoz’, de Martí Bas (1937). / MNAC

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

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Plaza de toros de Badajoz, agosto de 1936. En la arena, obreros, mujeres y niños son masacrados. Tras los burladeros, en la grada, requetés y guardias civiles les acribillan con ametralladoras ante la mirada cómplice de sacerdotes y mujeres de la alta sociedad. Es la dramática imagen de los fusilamientos que, bajo el mando del general rebelde Yagüe, apodado desde entonces ‘el carnicero’, acabaron con la vida de más de 3.000 civiles y que el pintor y dibujante Martí Bas reflejó en un enorme e impactante óleo que ahora luce en una de las tres nuevas salas de la colección permanente del MNAC, que el museo acaba de inaugurar dedicadas a la Guerra Civil.

En ellas se descubren 108 obras –pinturas, fotos, esculturas, carteles…- de 43 artistas, realizadas entre 1936 y 1939, muchas nunca expuestas y surgidas de las reservas del museo, pero también de particulares y de adquisiciones recientes. El recorrido, comisariado por los conservadores Eduard Vallès y Elena Llorens, cuenta con un espacio dedicado al Pabellón de la República en la Exposición Internacional de París de 1937, donde lució el ‘Guernica’ de Picasso.

'Alegoría del fusilamiento de Federico García Lorca', pintura de Fernando Briones de 1937.

/ MNAC

Las nuevas salas consolidan "la fuerza del relato de la guerra" que el MNAC que dirige Pepe Serra ha impulsado este 2021 y que culmina este miércoles con la inauguración de la exposición ‘¡Museo en peligro!’, sobre la salvaguarda y ordenación del arte catalán durante el conflicto.

En paralelo, la muestra ‘La guerra infinita’, con fotos inéditas de Antoni Campañà (que ha ayudado a recuperar un 30% del 70% de público perdido durante la pandemia), y la instalación del artista Francesc Torres ‘Aeronáutica (Vuelo) interior’, que sigue presidiendo la Sala Oval con sus espectaculares réplicas de aviones republicanos dialogando con el arte medieval.   

Las nuevas salas priman "la narración histórica y la carga simbólica" frente al mayor o menor valor artístico de algunas piezas, señala Serra. "Los artistas reaccionaron en caliente a lo que ocurría a su alrededor, son obras viscerales, surgidas del estómago", añade, que muestran cómo estos no se mantuvieron neutrales sino que se posicionaron en uno u otro bando. El arte se convirtió en un arma de propaganda que removía conciencias y sumaba adeptos a la causa. Una propaganda que en el caso de la República desplegó todo su potencial por la vía del cartelismo, frente a la iconografía más marcial de los sublevados. A su lado, el célebre fotomontaje de Pere Català Pic ‘Aixafem el feixisme’, del pie que pisa la esvástica.

"Hay un relato", recalca Vallés, que en las distintas salas se diversifica en temas como el papel de las mujeres en la República -muy presentes, víctimas, dolorosas, milicianas, heroínas, artistas…-, de los bombardeos indiscriminados –con pinturas con amenazantes siluetas de aviones recortándose en el cielo-, o de soldados en la trinchera. También del fotoperiodismo de Agustí Centelles o de Campañà, con la serie de los cadáveres de monjas exhumadas y profanadas del convento de las Salesas de Barcelona, fotos que dialogan con la escena de la pintura de Pere Pruna ‘Encuentro de una miliciana con la muerte’ o con una filmación de la época.

De las mujeres, destaca el comisario, piezas de las artistas Ángela Nebot y Juana Francisca Rubio, o el lienzo firmado por J. Pons, de quien no se conoce nada más, ni si era hombre o mujer, y que pintó un homenaje a la miliciana Lina Ódena. En él aparece ante tropas moras de Franco; ella se había suicidado en un control de carretera que creyó que era del bando rebelde.

'Bombardeo' (1937), de Andrés Fernández Cuervo.

/ MNAC

Esta pintura se expuso en 1937 en el pabellón, diseñado por Josep Lluís Sert y Luis Lacasa, de la Exposición Internacional de París, que brindó a la República la posibilidad de internacionalizar el conflicto y la lucha contra el fascismo a través del arte. Varios vídeos contextualizan su importancia en una de las nuevas salas, junto a algunas de las obras que se expusieron en él, como la nívea escultura ‘La bañista’, de Francisco Pérez Mateo, "que evoca una mujer moderna, en bañador, fuerte y activa, que el franquismo haría desaparecer", lamenta Vallès.

Obras escondidas en el Palau Nacional

Muchas de las obras que allí se expusieron estuvieron perdidas durante años, otras volvieron a España y, como se supo en 1980, 270 pinturas, esculturas, dibujos y grabados se ocultaron en el edificio del Palau Nacional que alberga el MNAC. Una de ellas fue ‘Alegoría de la muerte de Federico García Lorca’, de Fernando Briones, a la vez homenaje y explícita denuncia de su fusilamiento, en agosto de 1936.

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