Festival de Verano de Barcelona

María Pagés baila por la libertad en el Grec

  • La bailaora y coreógrafa estrena en el Teatre Grec 'Paraíso de los negros', un alegato contra el racismo donde conviven flamenco, poesía y literatura

  • "¿Por qué construimos tantos muros? En realidad todo está en nuestro interior. Hay una parte de nosotros que quiere someter al otro, al diferente", afirma la artista sevillana

María Pagés en ’Paraíso de los negros’.

María Pagés en ’Paraíso de los negros’.

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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La maestra del flamenco María Pagés regresa al Teatre Grec este martes y miércoles y lo hace por primera vez en solitario desde ese mágico 'Dunas' que presentó con Sidi Larbi Cherkaoui en 2010. Su nuevo espectáculo 'Paraíso de los negros' habla de derribar muros mentales. Es su particular denuncia contra el racismo, el odio y la estrechez de miras en un mundo cada vez más diverso.

Tras 'Una oda al tiempo' (2018), este espectáculo es la segunda parte de la trilogía dedicada a las sombras y la decadencia de la humanidad. "La idea principal implicaba hablar de fronteras. ¿Por qué construimos tantos muros? En realidad, todo está en nuestro interior. Hay una parte de nosotros que quiere someter al otro, al diferente. Hay un tema de autoridad muy profundo", señala. Su propuesta habla de romper cadenas, de liberar al ser humano de esas cárceles que él mismo se crea.

El montaje se nutre de diversas fuentes. Toma el título de una novela del autor y fotógrafo Carl Van Vechten (Iowa 1880-Nueva York, 1964) que habla de racismo en el Nueva York de 1920, incorpora la visión cosmopolita de Federico García Lorca en 'Poeta en Nueva York' y el concepto de negritud, acuñado por Leopold Sedar Senghor, intelectual y político senegalés. También integra algo de la actitud de Nina Simone, cantante que se trasladó a Francia harta del racismo en EEUU.

10 confimamientos

Compuesto de 10 escenas, en cada una de ellas muestra sendos espacios de confinamiento de los que es necesario salir para conseguir una libertad que parece imposible de alcanzar. "En la vida estamos saliendo de una caverna para caer en la siguiente", comenta la coreógrafa y bailarora que en esta ocasión está sola en escena acompañada de un magnífico equipo de músicos: Ana Ramón Sara García (cante), Rubén Levaniegos (guitarra), Sergio Menem (violoncelo), David Moñiz (violín), Chema Uriarte (percusión).

La literatura y la poesía, el mito de la caverna y también el del carro alado han ayudado a estructurar una obra con muchas referencias. Como otros de sus trabajos, este también se nutre de versos y música flamenca, aunque haya alguna sorpresa. La dramaturgia creada por El Arbi El Harti, escritor marroquí con quien Pagés forma pareja en el arte y la vida, utiliza palabras de diferentes autores que adquieren una nueva dimensión a ritmo de palos flamencos como 'tonás', tarantos, bulerías, vidalitas... "El flamenco es pura poesía", resume Pagés, orgullosa del trabajo de dicción realizado con las cantaoras para que todos los textos "se entiendan" y lleguen al público. "La palabra es importante. Las cantaoras no solo cantan, también han de contar esas letras. El trabajo musical es muy potente en este espectáculo". Y no solo hay flamenco pues incluye, entre otras, una versión de 'Élégie', de Gabriel Fauré en una versión para guitarra flamenca, chelo y violín.

A Pagés ya no le importa mostrar sus canas, ahora muestra un pelo bicolor, donde el blanco de la raíz contrasta con el negro de medios y puntas de su melena. "Voy a cumplir 58 años y me dejo las canas al aire. Estoy en otro momento pero es interesante porque no se baila igual con 58 que con 28. Son muchos años de manejo de cuerpo, de conocerte, de saber dosificarte", afirma. Ahora siente mucho más el dolor en el cuerpo al día siguiente pero disfruta del flamenco de otra manera. La veteranía le otorga "un conocimiento más profundo que permite sacar lo mejor del físico y del ser".

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Siempre activa, desde que puso en marcha su ambicioso Centro Coreográfico María Pagés en Fuenlabrada (Madrid), la coreógrafa no ha dejado de luchar por la dignificación de la danza y el flamenco. "La danza necesita mucha más visibilidad, más reconocimiento a todos los niveles y mayor protección". En Fuenlabrada, sede de su compañía y centro de investigación, la reflexión y la creatividad artística, ahora hay 12 compañías residentes. "Provocamos encuentros y agitamos", explica. Durante el confinamiento lanzaron un Manifiesto reivindicando el Pacto de Estado para la Cultura que firmaron unos 400 profesionales. "La pandemia ha sacado a la luz carencias del sector". Considera que en estos momentos lo más importante es hacer piña, "porque los problemas son los mismos para todos", hacer pedagogía "para tener una cuota de danza equilibrada en las programaciones" y sensibilizar al público "para que entienda que la danza forma parte de la sociedad y de la cultura".