Apunte

Raffaella, Eurovisión y La Pajarraca

Solo una diosa de la televisión en directo como la Carrà podía sobrevivir a un episodio tan delirante como la aparición de la extravagante imagen del Sónar en la gala de TVE previa a Eurovisión-2008

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Raffaella Carrà y La Pajarraca, en ’Salvemos Eurovisión’

Raffaella Carrà y La Pajarraca, en ’Salvemos Eurovisión’ / El Periódico

En el delirante año eurovisivo de 2008, Raffaella Carrà fue la presentadora de la gala ‘Salvemos Eurovision’, en la que se eligió a Rodolfo Chikilicuatre como representante de Televisión Española. Raffaella era una mujer con tablas, porque solo alguien con un don privilegiado para la televisión en directo, podía ser capaz de salir airosa de uno de los mayores desvaríos vistos en una televisión pública en horario de máxima audiencia: la aparición, entre el público asistente, de La Pajarraca, la extravagante criatura con cabeza humana y cuerpo de pájaro que aquel año ejercía de imagen del festival Sónar y que había intentado, sin éxito, entrar en la lista de 10 finalistas para participar en aquel festival de Eurovisión.

La escena televisiva era de una ‘bizarría’ casi incómoda: una mesa de grandes dimensiones con ruedas, transportada entre el público por dos azafatas, y sobre la tabla, la cabeza emplumada de La Pajarraca, de asombroso parecido con Sergio Caballero, codirector del festival. “¡Ahhhh, qué horror!”, exclamaba Raffaella con una repugnancia nada impostada, pues la criatura, pegajosa y con tufo a taxidermia, daba cualquier cosa menos buen rollo. “¿Pero a ti qué te importa Eurovision viniendo de un festival de músicas electrónicas como el Sonar?”, preguntaba una Raffaella en estado de ‘shock’, marcando las erres más que nunca. “Me gusta mucho la canción ligera y estoy harta de tanto bombo”, respondía hábilmente la criatura, surgida, según aseguraba, de un laboratorio genético "de la China interior".

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Aquellas extrañas galas eurovisivas serían las últimas apariciones de Carrà como presentadora de TVE, después de una longeva y fructífera trayectoria, iniciada en el histórico ‘La hora de Raffaella Carrà’ de 1976 y completada con el tridente catódico que supusieron, ya en los 90, ‘¡Hola Raffaella!’, ‘A las 8 con Raffaella’ y ‘En casa con Raffaella’. Para varias generaciones de ‘boomers', el desparpajo y la frescura de la Carrà, esa vitalidad italo-disco de sus canciones, fueron una iniciática luz cegadora. “Ella fue un mito erótico de mi infancia”, recuerda hoy Sergio Caballero, el ser humano detrás de la Pajarraca, sobre la diosa Carrà. “Y conocerla en aquella gala fue más emocionante y productivo que la primera comunión”.