11 españolas que superaron el infierno nazi de Ravensbrück

  • El libro 'Noche y Niebla en los campos nazis', de Mónica G. Álvarez, reivindica las historias de un puñado de mujeres antifascistas, muchas de las cuales formaron parte de la Resistencia francesa contra Hitler tras la Guerra Civil y fueron detenidas y deportadas a los campos de concentración

  • Sus historias particulares, al final de esta noticia

Mujeres presas tras las alambradas del campo nazi de Ravensbrück.

Mujeres presas tras las alambradas del campo nazi de Ravensbrück. / GETTY IMAGES

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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«Una enfermera rusa fue obligada a inyectarnos en la vagina o, mejor dicho, en el cuello del útero, un líquido que ni ella seguramente sabía lo que era. Al salir de la maldita enfermería, entre mis piernas caían unas gotas amarillas que al mismo tiempo iban quemando la piel». Así recordaba Alfonsina Bueno, cómo fue utilizada por el doctor de las SS Karl Gebhardt como conejillo de indias cuando llegó, en 1944, a Ravensbrück, campo de concentración al que fueron deportadas 132.000 mujeres capturadas en 40 países. Las graves secuelas ginecológicas de aquel veneno acompañaron de por vida tras varios pasos por quirófano a aquella republicana nacida en Zaragoza y criada en Berga que vio cómo los alemanes «mataban a palos a una muchacha» hasta dejarla hecha «trocitos». «Antifascista, amante de la paz y de la libertad», como ella misma se describía, siempre guardó rencor a los nazis, señala su nieta, aunque «eludía cualquier pregunta» sobre la Segunda Guerra Mundial y «callaba y se refugiaba en su casa rodeada de animales». 

Bueno fue una de las 400 mujeres españolas que el régimen de Hitler envió a Ravensbrück. Ella y otras diez supervivientes del Holocausto protagonizan ‘Noche y niebla en los campos nazis’ (Espasa), de la periodista Mónica G. Álvarez (Valladolid,1979). «Todas son ejemplo de coraje, valentía y resistencia», destaca la autora, que ha condensado sus experiencias concentracionarias, hablado con sus familiares para contar su vida, antes y después del infierno, y reunido además más de 180 fotografías, muchas inéditas.

Torturadas y deportadas

La incombustible Neus Català, combativa hasta su muerte a los 103 años, en 2019, es la figura más popular de las que aparecen en el ensayo, donde la autora rescata además los nombres de Olvido Fanjul, Elisa Garrido, Braulia Cánovas, Elisa Ricol, Constanza Martínez, Mercedes Núñez, Conchita Grangé, Lola García Echevarrieta y Violeta Friedman. La mayoría comparten destinos similares: ideales comunistas o anarquistas y antifascistas desde jóvenes, lucha en la Guerra Civil con la República, exilio en Francia, donde trabajaron para la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial (un aspecto al que se acercó Evelyn Mesquida en ‘Y ahora, volved a vuestras casas') y capturadas, algunas torturadas, y enviadas a los campos. «Se ha hablado más de los hombres deportados, pero sin estas mujeres las redes de evasión por la frontera no habrían sido posibles. Fueron españolas que lucharon por la libertad y la democracia y es necesario que se las reconozca. Muy pocas han recibido homenajes aquí», lamenta la autora de otros títulos ligados al Tercer Reich como ‘Guardianas nazis’ o ‘Amor y horror nazi’

Experimentos médicos

Arrastrando secuelas físicas y psíquicas –insomnio, depresión, pérdida de audición, dolencias de columna, de corazón…-, «muchas afrontaron la vuelta a la normalidad en silencio y nunca contaron nada de lo vivido en los campos a sus hijos», como Fanjul y Garrido. Ellas dos, como Bueno, Granjé y Català, también fueron sometidas a experimentos médicos por los SS. «Otras se refugiaron en un mundo de fantasía para sobrellevar el dolor y, en cambio, otras lo hicieron militando política e ideológicamente y contando al mundo aquella barbarie y sus vivencias en charlas y conferencias para que las nuevas generaciones aprendan por qué eso no debe repetirse. Para las que sí hablaron de ello fue una forma de expiación y de sanación. Violeta Friedman decía que contarlo era un deber moral hacia los que no sobrevivieron», explica Álvarez. «Las que guardaron silencio –añade- intentaban olvidarse de su tragedia y sentían vergüenza y culpabilidad por haber sobrevivido mientras otros murieron, algo que arrastraron hasta el final de sus días y que vivieron como un estigma».  

Aprender a vivir de nuevo

En su regreso a la cotidianidad lejos del nazismo, «Mercedes Núñez contaba que tuvieron que aprender a vivir de nuevo, a comprar el pan o pagar el alquiler, a ver la vida de otra manera, a aprender de cero a volver a ser personas tras haber sido deshumanizadas», detalla Álvarez. 

En el campo, señala la autora, «Lola García se vuelve una madre para las otras presas. Hace arengas a sus compañeras para animarlas a aguantar y levantarles la moral». «No nos abandonó jamás. Nos orientaba dentro de aquel maldito campo, nos advertía de las trampas, nos hacía esquivar muchas malas situaciones y muchos trabajos pesados; nunca abandonaba su sonrisa radiante», recordaba una. 

Una de las que recibió especial ayuda de sus compañeras fue Olvido Fanjul. Ellas la ayudaron a vencer la profunda depresión que sufría y la obligaron a comer. Estaba hundida después de que los alemanes le robaran a su bebé para destinarlo «al servicio de Hitler». Había dado a luz en prisión tras ser detenida en Rusia, donde viajó en 1937, y donde vio cómo el padre de su hijo, ruso, moría en el frente.

Desolación

La solidaridad entre ellas y la evasión mental mientras estaban prisioneras contribuyeron a su supervivencia. Elisa Ricol intentaba no pensar «ni una sola vez» en su marido, su hermano, sus hijos o sus padres: «No quería sufrir por ellos, porque tenía que guardar todas mis fuerzas para sobrevivir, para combatir esa desolación que me rodeaba». Ella había nacido en Francia, pero su familia era de Teruel. Militante comunista marchó a la URSS, donde conoce a su segundo marido, con quien se alista a las Brigadas Internacionales contra Franco para luego entrar en la Resistencia francesa, por lo que fue arrestada y deportada.

   

A algunas les ayudó el sentimiento de odio hacia los nazis. Y aferrarse a los ideales de libertad, democracia y lucha por la justicia y contra los fascismos

«A algunas les ayudó el sentimiento de odio hacia los nazis. Y aferrarse a los ideales de libertad, democracia y lucha por la justicia y contra los fascismos», dice Álvarez. Català, tras ser detenida por ser de la Resistencia en Francia, mientras sus torturadores de la Gestapo la apaleaban, «se concentraba en su odio hacia ellos y ni siquiera lograron que cayese al suelo tras romperle la mandíbula». «No quería darles esa alegría - reconocía ella misma con orgullo-. Me sujetaba por donde podía y me mantuve derecha». 

Tampoco soltó palabra ante sus interrogadores Lola García, alias ‘Charlie’, que también fue detenida por su papel en la Resistencia, junto a su pareja, Joaquín Olaso, quien otros españoles creyeron erróneamente que sí había delatado bajo tortura a algunos miembros de su grupo y le calificaron de «traidor». 

En Ravensbrück, a Bueno y a García las enviaron al Bloque 32, al que iban las que los nazis calificaban como ‘Noche y Niebla’ (‘Nacht und Nebel’, NN), nombre que Álvarez ha utilizado como título del libro (Alain Resnais ya bautizó con él su documental). «La noche es la muerte y el destino de esas presas era desaparecer», acabar gaseadas y convertidas en el humo gris de las chimeneas de los crematorios. Pese a todo, ellas sobrevivieron.

11 supervivientes antifascistas

NEUS CATALÀ 


Els Guiamets, Tarragona, 1915-2019 

Con ideales revolucionarios desde muy joven, que nunca abandonaría, cuidó a niños refugiados de la guerra antes de partir al exilio en 1939. Miembro de la Resistencia junto a su marido, Albert Roger, fue delatada, arrestada y torturada por la Gestapo. En Ravensbrück, decía, entró "en el mundo de los muertos". Allí fue conejillo de indias de los médicos nazis y fue enviada a trabajar a una fábrica de armamento en la que saboteó siempre que pudo el material. Hasta el mismo día de su muerte jamás cesó de dar testimonio y de denunciar el horror vivido.

Constanza Martínez

Madrid, 1917- Sentmenat, Barcelona,1997

Junto a su marido, Joan Escuer, participaron en la Resistencia y fueron detenidos en una redada y deportados. «Mi vida en este campo de concentración es idéntica a la de tantos miles de mujeres que pasaron por ellos: doce horas de trabajo diarias, poquísima y pésima comida, ninguna higiene, asistencia médica inexistente, malos tratos, interminables esperas dos veces al día so pretexto de pasar lista, bajo un sol de plomo o con los pies en la nieve…», explicaba.

Braulia Cánovas

Murcia, 1920 - Barcelona, 1993

Al inicio de la Guerra Civil, con 16 años, su padre murió en un bombardeo y ella, con su madre y sus cuatro hermanos, llega a Catalunya, donde trabaja como secretaria para la CNT. En 1942, exiliada en Francia, ayuda a la Resistencia, donde se la conoce con el sobrenombre de Monique. Delatada en 1943 y encarcelada por la Gestapo, es enviada a Ravensbrück en 1944, donde solo tenía un pensamiento: "Quiero estar viva mañana". 

Elisa Ricol 

Montceau-les-Mines, Francia, 1916 - París, 2012

Casada con el comunista Auguste Delaune, marchó a la URSS en 1933, donde se unió a enamoró de otro, el checo Artur London, con quien acabó compartiendo el resto de su vida. Enrolados en las Brigadas Internacionales, llegaron al exilio francés y, en 1940, lucharon en la Resistencia contra los nazis. Tras ser detenida, su segundo hijo nació en prisión. "En el campo, si te sueltas, es el fin, pero allí estábamos las demás camaradas para no permitirlo", dijo sobre Ravensbrück.


Mercedes Núñez

Barcelona, 1911-1986

Tras ser secretaria de Pablo Neruda en el consulado de Chile, fue detenida en 1939 por el franquismo, encarcelada y liberada en 1942. Dejó testimonio de su paso por prisión en el libro ‘Cárcel de Ventas’. Marchó al exilio, donde se unió a la Resistencia. Arrestada y torturada, en Ravensbrück se arriesgó, como Neus Català y otras presas, a sabotear los obuses de las fábricas de armamento en que los nazis la usaron como mano de obra esclava.  

Alfonsina Bueno 


Moros, Zaragoza, 1915 - Toulouse, Francia, 1979

Hija y esposa de anarquista, se exilia con su marido e hija (foto) a Francia, donde los tres participarán en la Resistencia dentro de la red Ponzán, que ayudaba a soldados aliados a evadirse de la zona ocupada. Detenida e interrogada por los nazis, fue enviada a Ravensbrück, donde sufrió los experimentos de médicos nazis. 

 

Elisa Garrido

Magallón, Zaragoza, 1909 - Toulouse, Francia, 1990

Afiliada a la CNT y miliciana en el frente de Aragón, tras la Guerra Civil marchó al exilio con su marido. Juntos estuvieron en la red clandestina Françoise de pasadores de personas en la frontera con España. Delatada, detenida y torturada por la Gestapo, al llegar a Ravensbrück fue sometida a experimentos médicos por los nazis.  

 

Olvido Fanjul 

Gijón, 1910 – 2001

Fue a Rusia en 1937, donde se casó y quedó embarazada de un comandante ruso que murió en el frente. Detenida cerca de Leningrado, dio a luz en prisión, pero los nazis le robaron el bebé para destinarlo “al servicio de Hitler”. Llegó a Ravensbrück con una profunda depresión, que superó gracias a la ayuda de otras presas. Tras la liberación, en Francia conoció a su segundo marido, Gerardo, comunista y republicano, también superviviente (foto).

Conchita Grangé

Espuy, Lleida, 1925 – Toulouse, Francia, 2019

De padre francés y madre española, su familia lucha por la República y con 17 años ya está luchando en la Resistencia. Es detenida con 19. «He visto pegar a las SS con saña por cualquier cosa, a mujeres mayores, a los niños», aseguraría.

Lola García Echevarrieta 

Bilbao, 1901- París, 1954

Bajo la identidad de ‘Charlie’ trabajó como espía para la República y para la policía secreta soviética en París, donde entró en la Resistencia francesa. Casada con Joaquín Olaso, ambos fueron detenidos y torturados por la Gestapo antes de ser deportados. 

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Violeta Friedman

Transilvania, Rumanía, 1930 – Madrid, 2000

De origen judío, toda su familia fue enviada a Auschwitz, donde su madre y su abuela murieron en las cámaras de gas. Ella tenía 14 años. Afincada en Madrid tras la guerra con sus dos hijos, mantuvo una lucha activa contra el negacionismo y denunció al nazi Léon Degrelle, refugiado en España.

(Fotografías de archivos familiares, reunidas en el libro 'Noche y Niebla')