LO QUE NO SABÍAS DE...

Las curiosidades del drama sobre el maltrato 'Solo una vez'

  • El presupuesto era muy ajustado y tan solo tenían 15 días de rodaje

  • La moto de la película tenía que caerse pero con cuidado porque hubiera costado mucho dinero

  • El Centro de Atención Social era, en realidad, un colegio de ingenieros de caminos

Ariadna Gil y el director, Guillermo Ríos, revisan una escena de la película.

Ariadna Gil y el director, Guillermo Ríos, revisan una escena de la película. / A CONTRACORRIENTE FILMS

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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El teatro es una gran fuente de inspiración para el cine y muchas obras cuentan con su versión cinematográfica. La última en llegar a nuestras pantallas es Solo una vez, adaptación de la pieza de Marta Buchaca (autora igualmente del texto en el que inspiró la reciente Litus, de Dani de la Orden), un drama sobre los maltratos. En esta ocasión, el director es el debutante Guillermo Ríos, cuyos principales trabajos han sido en los terrenos del cortometraje y del documental. El reparto está encabezado por la catalana Ariadna Gil junto a Sílvia Alonso (La lista de los deseos, Instinto), y al tinerfeño Álex García (Antidisturbios, La novia), justo el lugar donde se rodó la película.

La cinta cuenta cómo una experta terapeuta de un Centro de Atención Social (CAS) se entrevista con un popular escritor al cual su suegro ha denunciado por maltrato a su pareja. La joven presuntamente maltratada se presenta más tarde para explicarle que todo ha sido una exageración ya que ni él es un tipo violento ni ella se ha sentido maltratada. A lo largo de las siguientes reuniones la psicóloga irá descubriendo lo que ocurrió en realidad pero, paralelamente, debe hacer frente a una compleja situación ya que el marido de una de las mujeres a las que atiende, la tiene amenazada y la acosa continuamente. El filme trata el tema con delicadeza e intenta alertar sobre esta problemática desgraciadamente tan habitual. Para conocer más a fondo sus entresijos, el director, Guillermo Ríos, nos explica las curiosidades del rodaje.

-Una preparación concienciadora. “El rodaje en Tenerife duró tan solo 15 días, fueron tres semanas de 5 días de trabajo cada una. Previamente habíamos hecho la lectura de guion en Barcelona y los ensayos en Madrid. Durante esa preparación, al leer los textos, nos dimos cuenta de que todos habíamos vivido relaciones de pareja parecidas, no siendo maltratados o maltratadores, pero sí nos reconocíamos en situaciones en las que habíamos llegado a los limites. No violentas, pero quizás sí psicológicas y se generó algo muy interesante a nivel analítico ya que descubrimos que el problema está más cerca de lo que pensamos y tenemos que tener más control y mucho cuidado”.

-Un inicio accidentado. “El primer día de rodaje fue complicado porque filmábamos con dos cámaras principales, dieron un error, hacían muchísimo ruido y casi tuvimos que suspender el rodaje. Además arrancábamos con una escena larguísima de 12 páginas de texto. Al final se hizo una consulta técnica, era un tema de ventilación, y pudimos salir adelante y cumplir con el plan”.

El director (izquierda), junto a la autora de la obra, Marta Buchaca y el productor, Eduardo Campoy.

/ EFE / MARTA PÉREZ

-Del escenario a la pantalla. “Hay varias diferencias respecto a la obra de teatro. En nuestra película, la protagonista es la psicóloga y en la obra no lo es tanto, son tres protagonistas principales. Optamos por que tuviera conflictos más fuertes y más desarrollados en el guion, la relación con su hija que no existía en el original o sus conversaciones con su secretaria que planteamos en tono divertido para que el espectador descansara, para bajar un poco la tensión. Lo mismo con el perfil del chico de seguridad, muy joven y dubitativo. Pero la esencia, los diálogos, la tensión entre los tres sí es muy fiel porque hubiera sido un error no mantenerla”.

-Álex, el aventurero. “A Álex le gusta hacer casi de todo, hace muchas escenas de acción y, a nivel personal, le gusta la aventura, montar a caballo, saltar en paracaídas o hacer surf y, en sus películas, le gusta involucrarse en lo físico. Fue sencillo rodarlo en sus escenas en moto, pero teníamos muy poco tiempo. Me hubiera gustado tener más planos, cuidar más la estética, pero no tuve suficiente presupuesto. Hacer películas es como llevar un tren cargado de ilusiones en el que se te van cayendo los vagones e intentas ir salvando lo que puedes”.

Tenían que tener mucho cuidado de no estropear la moto porque les hubiera salido muy caro.

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-Cuidadín, cuidadín… “El presupuesto era muy ajustado y sufrimos un poco en la escena en la que la moto cae al suelo. No podía dañarse porque era un alquiler bien caro. Cayó sobre unas colchonetas y, por suerte, no paso nada. Lo mismo cuando Álex intenta levantarla, había escondidos unos cojines muy finos para que no fallara”.

-Un colegio convertido en CAS. “El centro donde transcurre la acción es, en realidad, el Colegio de Ingenieros de Caminos. Cambiamos el cartel del exterior y la gente que pasaba por allí no entendía nada, nos decían si podían acudir, no por ser maltratadas, sino por curiosidad. Además, cerca de allí hay un centro médico y se creó mucha confusión. Hubo un gran alboroto porque corrió la voz y se enteraron de que estaban allí los actores y las actrices y los vecinos se acercaban para verlos, sobre todo a Álex, que es canario”.

Utilizaron un descansillo como el despacho de la terapeuta por su luminoso ventanal.

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-Un despacho luminoso. “Tuvimos que hacer cambios en el colegio para adecuarlo al rodaje. Por ejemplo, el despacho de la terapeuta era, en realidad, un descansillo, una zona de reposo antes de entrar en una zona para grandes proyecciones. Lo hicimos para utilizar ese gran ventanal, que tuviera algo de luz. No queríamos que fuera un sitio muy realista para que no fuera una película muy cruda, porque el tema en sí ya lo es. Que hubiera algo de esperanza, de luz. También hicimos pasillos que no habían e intentamos aprovechar todas sus posibilidades”.

-Ejercicio actoral. “Los actores tenían el texto muy interiorizado y prácticamente no se fallaba en los diálogos. ¡Chapeau por ellos! Yo me fijaba en la manera de decirlo, en cómo se miraban, en todas esas sutilezas que quería mantener y cuidar. Un día pude hacer un ejercicio con ellos. Consistía en que miraran a cámara reaccionando como si fuera una conversación pero sin la palabra. Álex hablaba pero Ariadna no contestaba y solo podía hacer gestos muy sutiles con el rostro y, de allí, sacamos miradas muy profundas que utilizamos en el tercer acto. Solo lo pudimos hacer un día porque siempre íbamos pillados de tiempo”.

Ariadna Gil participó en un curioso ejercicio actoral.

/ A CONTRACORRIENTE FILMS

-Métodos de trabajo reales. “La interpretación de dibujos o hacerlos forman parte de los análisis que utilizan los terapeutas para recabar más información. Se hacen tests psicológicos y sacan sus conclusiones, tratan de buscar algo más para ver si pueden extraen perfiles, ideas de cómo reaccionan y son unos códigos reales”.

-La licencia artística. “Para la obra teatral ya se había hecho una investigación sobre métodos y protocolos de los Centros de Atención Social y estábamos muy bien asesorados por unos terapeutas. Hubo una norma que nos saltamos, nos tomamos una licencia, y es que, cuando hay maltratos no se suelen mezclar terapias como en la película, la pareja va por separado. Él va al psicólogo y ella a un centro especializado solo para mujeres. Pero nos iba bien para mostrar que alguien ha puesto una denuncia pero ella no se siente maltratada ni él, un maltratador”.

En la realidad en estos casos, las parejas nunca hacen terapia juntas.

/ A CONTRACORRIENTE FILMS

-El vaso y la bofetada. “La escena en la que Álex le tira un vaso de agua a Ariadna se hizo en una única toma. También había un momento en el que le daba una torta y, finalmente, se quedó fuera del montaje porque la situación ya estaba explicada y repetirlo hubiera sido algo gratuito”.

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-Los últimos abrazos. “El rodaje finalizó una semana antes que estallara la pandemia y pudimos acabarlo siendo poco conscientes de lo que venía. Incluso había un italiano que había estado en Navidades en su país y le hicimos alguna broma sin saber adónde nos iba a llevar todo esto. Lo cierto es que esos días salimos muy poco y estábamos casi aislados de lo que pasaba en el exterior. Poco después empezaron las distancias y luego recordamos con nostalgia los besos y abrazos de final de rodaje, los rememoramos como los últimos afectos físicos que tuvimos. Lo único positivo del confinamiento fue que pudimos estar muy concentrados en el montaje, a distancia y conectados, y se editó bastante rápido”.