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Nana Kwame Adjei-Brenyah: "La ferocidad de mis relatos es una forma de compromiso antirracista"

El joven escritor se ha convertido en la última luminaria de las letras afroamericanas con su libro de cuentos 'Friday Black'

El escritor estadounidense Nana Kwame Adjei-Brenyah.

El escritor estadounidense Nana Kwame Adjei-Brenyah. / Asteroide

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Quizá no haya que exigirle al lector que retenga este nombre, Nana Kwame Adjei-Brenyah (Nueva York, 1991). Pero si se consigue, la recompensa será grande  porque se trata del último 'wonder boy' de las letras estadounidenses, de las afroamericanas y, quizá, el primero, es difícil decirlo, de los que no tienen en sus genes la experiencia de la esclavitud. Hijo de padres ghaneses, él abogado y ella maestra, emigrados a Queens en Nueva York, la familia de Adjei-Brenyah fue desahuciada  porque en el país de la oportunidades a la primera te quedas en la calle.

El chico, sin embargo, no olvidó –su primer libro se abre con ese recuerdo- las palabras de su madre: “¿Cómo puedes estar aburrido?¿Cuántos libros has escrito”. De momento, uno, 'Friday Black' (Asteroide / Empùries),  libro de feroces  relatos marcados por un oscuro y grotesco sentido del humor que exacerba la ya habitual violencia contra los negros en Estados Unidos elevando la apuesta hasta límites salvajes y grotescos. A saber. Un padre de familia que decapita con una sierra eléctrica a cinco niños negros porque se ha sentido amenazado por ellos, un parque temático donde los racistas pueden dar rienda suelta a sus fantasías, un Black Friday en el que los clientes se matan entre sí para satisfacer sus ansias consumistas. Horror y sangre a borbotones aliñados con una sofisticada construcción narrativa. No en vano, este chico que hoy tiene 30 años, se ha ganado el respeto de George Saunders, uno de los más grandes estilistas de la lengua inglesa.

“Este libro apareció en el 2018 y me ha cambiado la vida”, explica desde un ordenador comprado gracias a su éxito y no desde un despacho de escritor sino desde su propio dormitorio. La cama parece hecha a su espalda. “Aunque mi madre me pedía que escribiera, ella no pretendía que me dedicase a esto 'pero para mí fue una pasión que además era gratis. Luego en la universidad empecé a tomar clases de narrativa y leí a Saunders cuando no imaginaba que acabaría siendo mi mentor y mi amigo. Me emociona que alabe mi trabajo porque él valora mucho el oficio y la técnica”.  

Escala de negritud

'Friday Black', que ganó el PEN / Jean Stein, es un conjunto de 12 relatos seleccionados buscando un mismo tono y energía de un total de 100 –“algunos eran muy malos, otros quizá me den para hacer un nuevo libro”. Admite Adjei-Brenyah la ferocidad marca de la casa. “Creo que eso es algo que está marcando la joven narrativa afroamericana. La ferocidad de mis relatos es una forma de estar comprometido con la denuncia del racismo que existe bajo muchas formas distintas. También los personajes son potentes  e imagino que la mezcla de todo eso compone mi estilo”.

El primero de los relatos plantea una escala de negritud del uno al 10 que a ningún afroamericano le conviene rebasar. Ya sea en el tono de la voz: el protagonista intenta reducirla  varios puntos en una cita telefónica laboral. Como en la indumentaria: llevar pantalones amplios, gorra y 'sneakers' coloridas la eleva considerablemente. “Es ridículo, no existe ninguna escala numérica que pueda contener a un individuo, así que lo que se mide aquí es el estereotipo y los miedos asociados a una identidad negra. Naturalmente, eso está satirizado. No existe una negritud genérica”. El autor sabe de lo que habla. "Los negros hemos aprendido a cambiar de identidad en función del espacio en el que nos encontremos. Sabemos que tu propia seguridad depende de lo bueno que seas a la hora de cambiar rápidamente tus códigos para que el policía de turno o cualquier otro blanco no se sienta amenazado. Nos va la vida en ello”.

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Con el 'Me Too' convertido en conversación global, el 'Black lifes matter', que está generando tanta literatura y ficciones, no le va a la zaga, pese a tener un ámbito más territorial. “Es importante que estos temas se debatan en todas partes, no solo en Estados Unidos. A veces nos creemos que a nuestro alrededor no hay racismo, pero sí lo hay. No solo debemos ser solidarios sino entender que esa también es nuestra lucha. La lucha de todos”. De ahí que no le preocupe demasiado si el libro pueda parecer terriblemente agresivo frente al problema. “Quien lo lea así está en su derecho. Yo quería es ser honesto conmigo mismo y honrar todo lo que me parece significativo, verdadero y auténtico”.

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