Crítica de ópera

La modernidad de Rossini cautiva al Romea

El festival en honor del compositor italiano presentó con un gran éxito de público la deliciosa ‘farsa’ teatral 'La scala di seta'

Jan Antem y Carles Pachón, en una escena de ’La scala di seta’, en el Romea.

Jan Antem y Carles Pachón, en una escena de ’La scala di seta’, en el Romea. / A. BOFILL

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Pablo Meléndez-Haddad

El aterrizaje en el corazón de la ciudad de Gioachino Rossini de mano de un festival dedicado a su obra con sede en el Teatre Romea es una gran noticia: un espacio con excelente acústica, un foso apropiado para el repertorio, un aforo ideal y una obra que siempre tuvo un lugar de honor en Barcelona, ‘La scala di seta’. A eso se suma la entusiasta reacción de un público sorprendentemente joven que, sin duda, habla de la actualidad de las propuestas teatrales del genial compositor italiano.

El Barcelona Rossini Opera Festival, ‘hijo’ del tenor y maestro de canto Raúl Giménez y de la compañía Òpera de Cambra de Barcelona, es una iniciativa encomiable. Hay rigor artístico y un esfuerzo serio que el Romea y Focus apoyan con generosidad, pero todavía faltan recursos para mejorar el resultado. La Orquestra Barcelona Concertante, una quincena de músicos entusiastas dirigida por Assunto Nese, maravillaron con una obertura bien trazada, pero a lo largo de la función fueron muchos los problemas que se escucharon, sobre todo de la cuerda.

Problemas

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En el escenario sucedió algo similar. La escenografía de Anna Tantull cumplía con la bien planteada puesta en escena de Anna Ponces –que funcionó sin problemas–, mostró en cambio un telón de fondo triste y arrugado y una iluminación a la que le faltó un hervor.

Entre las voces destacó un espléndido Carles Pachón, sobrado en su personaje bufo. También brilló Jan Antem, quien, anunciado enfermo, aportó un fraseo de gran clase sobre todo en la mozartiana 'Le femmine d’Italia'. Y si el tenor Jorge Franco impuso una considerable aproximación al estilo, también mostró cierta opacidad en la zona aguda. Se contó además con las solventes Irene Mas –que se movió bien en la coloratura, pero no llegó a entusiasmar por su limitada proyección– y Helena Ressurreiçao, a quien le falta seguridad en la emisión, aunque le sobra soltura en el escenario. Por último, Elias Ongay cumplió con suficiencia completando un reparto bien empastado.