Guerra Civil y sacrificio

El artista Francesc Torres estrella un bombardero republicano en la Sala Oval del MNAC

  • El creador barcelonés utiliza dos réplicas a tamaño real de dos aviones soviéticos que participaron en la Guerra Civil española para su ambiciosa instalación ‘Aeronàutica [vol] interior’

  • La gigantesca pieza explora la idea del sacrificio bélico jugando con la analogía del sacrificio de la crucifixión y martirio de San Pedro, representado en un retablo gótico

La instalación de Francesc Torres en la Sala Oval del MNAC.

La instalación de Francesc Torres en la Sala Oval del MNAC. / RICARD CUGAT (EPC)

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Insólita e impactante resultará para cualquier visitante del MNAC la visión que se materializa ante sus ojos nada más cruzar la puerta de la imponente Sala Oval del museo. Del centro mismo del alto techo cuelga suspendido por la cola, con el morro hacia abajo y a un palmo de tierra, como si hubiera descendido en picado y estuviera a punto de estrellarse, un bombardero soviético Túpolev SB-2, conocido como ‘Katiuska’ -4.000 kilos, 12,22 metros de largo y 20,12 de ala a ala-, réplica a escala 1:1 de los que durante la Guerra Civil ayudaron a la causa de la República. A su derecha, un caza Polikárpov I-16, el popular ‘Mosca’, este como si estuviera a punto de despegar, otra aeronave emblemática de las que se enfrentaron a los aviones de la Legión Cóndor, enviados por Alemania para su tácito aliado Franco. ¿Qué pintan esos dos aviones, no aptos para el vuelo real, en pleno Museu Nacional d’Art de Catalunya? La respuesta la da el artista barcelonés Francesc Torres, que los ha utilizado para crear la instalación ‘Aeronàutica [vol] interior’. "Un avión que no vuela no es un avión, es una escultura, una obra de arte", opina. 

Aquí, Torres se pregunta por "la guerra, algo horroroso y despreciable, para lo que nunca ha faltado material humano, que llega a dimensiones inimaginables y que se repite con demasiada asiduidad", uno de esos temas, dice, "que no logra entender". Admite el artista que, aunque nació en 1948, le marcó cómo su familia sufrió la Guerra Civil (un abuelo y un tío abuelo murieron en la batalla del Ebro) y por ello ha hecho varias obras sobre el tema durante su carrera.

La réplica del bombardero soviético Túpolev SB-2, conocido como ‘Katiuska, que forma parte la instalación ‘Aeronàutica [vol] interior’, en el MNAC.

/ Ricard Cugat

El sacrificio y la cruz invertida

Y ahora la explora desde el impacto que la guerra desde el aire supuso dentro del conflicto bélico y desde "el importantísimo aspecto sacrificial" que significa en la defensa de unas ideas, a la vez que plantea una analogía con el sacrificio por la fe religiosa: la imagen de un bombardero cayendo en picado le evocó "una cruz invertida y los lazos con la tradición cristiana". Ello le permitía jugar con la iconografía del retablo del siglo XIV que luce en la sala del gótico del MNAC y en el que el maestro Pere Serra pintó el martirio de san Pedro, crucificado boca abajo: el bombardero republicano parece a punto de estrellarse contra un enorme fragmento que reproduce ese retablo gótico, cuyos trozos quedan diseminados por la Sala Oval. 

El artista Francesc Torres y el director del Centro de Aviación Histórica de La Sénia, José Ramón Bellaubí (derecha), ante la réplica del caza soviético 'Mosca', en la Sala Oval del MNAC.

/ RICARD CUGAT

La instalación de Torres - hasta el 26 de septiembre- forma parte de los proyectos que el MNAC está impulsando este 2021 ligados a la Guerra Civil, desde la exposición temporal ‘La guerra infinita’, con las fotos inéditas de Antoni Campañà, a las inminentes nuevas salas dedicadas al arte de este periodo y la muestra ‘¡Museo en peligro! Salvaguarda del patrimonio artístico catalán (1936-1939)’

La semilla de ‘Aeronàutica [vol] interior’, explica el artista, se remonta a un viaje que hizo a La Sénia, en la comarca tarraconense del Montsià, donde descubrió el estratégico campo de aviación militar construido por el Gobierno de la República al inicio de la Guerra Civil, y que en abril de 1938 pasó a manos del Ejército nacional, convirtiéndose en base de la Legión Cóndor. También visitó el anexo Centre d’Aviació Històrica de La Sénia, creado y dirigido por José Ramón Bellaubí, capitán de la Marina Mercante y alcalde de la localidad, que a base de voluntad, afición y fines de semana es quien lleva años dedicado a reconstruir estos aviones con la dificultad de hallar piezas como las originales. "Cuando quedaban obsoletos, solían acabar desmantelados en chatarra para vender", apunta Bellaubí antes de explicar que para el bombardero, que aún no está terminado, reclamó al embajador ruso que le pidiera al presidente Putin que le enviara un par de los neumáticos que llevaban esos antiguos ‘katiuskas’: "¡A los tres meses llegaban por baliza diplomática!". También son originales de La Sénia los oxidados bidones de combustible que Torres ha utilizado en la instalación.

Retablo gótico de Pere Serra 'Crucifixión de san Pedro', hacia 1400.

/ MNAC

No faltan las anécdotas de un proyecto que el director del MNAC, Pepe Serra, califica de "esfuerzo titánico" y que ha costado 145.000 euros. Bellaubí, junto a Torres ante la instalación, revela cómo trajeron los aviones desmontados -el bombardero, en cinco piezas; el caza, en cuatro: las alas no podían separarse- pero a un centímetro literal estuvo el segundo de no caber por la puerta de la Sala Oval. Al final, un ingeniero dio con la solución: suspender en el aire el ‘Mosca’ y entrarlo en diagonal.     

Fotos de una prostituta con soldados de la Legión Cóndor en La Sénia, y del burdel del aeródromo, en la instalación de Francesc Torres, en la Sala Oval del MNAC.

/ RICARD CUGAT

El burdel y los olivos

La idea del sacrificio sobrevuela otros detalles de la instalación, explica Torres. Para construir el aeródromo de La Sénia, el Gobierno republicano taló 9.000 olivos, "un acto radical para la economía del pueblo". Por ello, el artista ha diseminado alrededor de los dos aviones varios de estos árboles, ya resecos. También recuerda "el sacrificio de las mujeres reclutadas para el burdel de la base, que no eran de La Sénia", y que siguieron allí con la llegada de la Legión Cóndor. En un lateral, una gran foto de autor anónimo de una prostituta semidesnuda sentada sobre un soldado alemán da fe del ambiente relajado de los que se sabían vencedores. "Me gustó porque rompía con la imagen iconográfica de la mujer miliciana durante la guerra".  

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Y, claro, el sacrificio bélico, que cierra el círculo con el Túpolev. Fue precisamente un avión como este el que protagonizó el último bombardeo republicano sobre el campo de La Sénia, el 16 de diciembre de 1938. En él, cuenta Bellaubí, murieron el piloto, Francisco Gómez (una foto le recuerda), y el ametrallador. "Solo se salvó el observador, pero los alemanes se ensañaron con él porque sus bombas se habían cargado el edificio del burdel". 

Desinterés del Ayuntamiento

Pepe Serra, como ya hizo hace escasos días durante la presentación de la exposición 'Hamada-Artigas', ha insistido en la necesidad de "ser menos provincianos y de creernos más de lo que somos capaces de hacer a pesar de los problemas que tenemos de presupuesto". "Estamos arriesgando mucho, jugando fuerte con propuestas sólidas conceptualmente y rigurosas como esta instalación de Francesc Torres y debemos dejar de debatir si importamos proyectos sin interés y otros saldos comerciales", ha añadido de nuevo en alusión al polémico proyecto del Hermitage. El director del MNAC también ha lanzado dardos contra el consistorio de Ada Colau, quejándose del "desinterés del Ayuntamiento por la montaña de Montjuïc".

A Serra le ha secundado Torres. "Hemos demostrado que aquí se pueden hacer cosas notables y ambiciosas. Pero sabemos que la cultura sin dinero es una falacia. Debemos exigir los recursos que tienen por ejemplo en Alemania o Francia".