Los secretos de los museos

Cita con esqueletos medievales en las bambalinas del Museu d'Arqueologia

  • El MAC enseña sus entrañas a este diario en un avance de lo que hará este sábado junto a otros 13 centros barceloneses, entre ellos el MNAC y el Macba, en una nueva edición del In Museu

El esqueleto de una joven de la época medieval, en el laboratorio de Paleopatología del MAC, este miércoles.

El esqueleto de una joven de la época medieval, en el laboratorio de Paleopatología del MAC, este miércoles. / LAURA GUERRERO

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Tras cruzar la puerta de una habitación del Museu d’Arqueologia de Catalunya (MAC) donde un letrero reza Paleopatología al visitante infiltrado se le va inmediatamente la vista hacia lo que descansa como si lo hiciera sobre una mesa de autopsias. Sobre ella, perfectamente dispuestos, los huesos que forman un esqueleto humano. "Es el de una mujer joven de la época medieval, cuyos restos se han hallado en una excavación de Vilafranca del Penedés, en el antiguo edificio de Cal Pa i Figues", afirma, señalando el tamaño de la pelvis femenina, la profesora, arqueóloga y doctora en Antropología Núria Armentano, que franquea la entrada de su laboratorio a EL PERIÓDICO igual que lo hará este sábado, 19 de junio, a aquellos curiosos e intrépidos que se hayan apuntado para conocer algunas de las bambalinas del MAC que habitualmente están vetadas al público, en el marco de la quinta edición del In Museu

Organizado por el Institut de Cultura de Barcelona, en el In Museu, 14 museos y centros de patrimonio de la ciudad (ver la lista al final del artículo) revelan algunas de sus entrañas, y los conservadores, restauradores, historiadores o archiveros comparten los secretos de su trabajo con los visitantes que previamente deben reservar una de las 1.181 plazas gratuitas ofrecidas desde la web barcelona.cat/inmuseu.

La conservadora del MAC Isabel Moreno, en el departamento de Restauración del museo.

/ LAURA GUERRERO

"Cuando ves una película de Indiana Jones parece que los tesoros y restos arqueológicos se descubren relucientes y limpios", sonríe bajo la mascarilla Armentano, evocando en la mente del visitante el famoso cáliz dorado del Santo Grial que empuñaba Harrison Ford. Pero nada que ver con la realidad: "Hay mucho trabajo científico tras un hallazgo y lo que encuentras está muy lejos de tener su aspecto original". Como prueba, enseña lo que para el neófito bien podría ser un pedrusco terroso pero no, son restos óseos surgidos de un yacimiento, o el cráneo de la joven de época medieval (entre los siglos XIII y XVI) que hay sobre la mesa, "reconstruido como si fuera un puzle", pues en la excavación apareció troceado.  

Sobre otra zona de trabajo, varias bolsas de plástico transparente contienen lo que parece tierra: son también restos humanos de hace unos 2.500 años, estos incinerados, pendientes de examinar. "Son iberos de época prehistórica y corresponden a adultos porque a los niños los enterraban, no los incineraban", señala la antropóloga del MAC, por cuyas manos han pasado para su restauración y conservación muchas de las piezas que forman parte de la exposición temporal ‘L’enigma iber’, que puede verse ahora en el museo

Colección de calaveras

Al visitante infiltrado se le escapa la mirada también a las vitrinas que cuelgan de la pared del fondo, habitadas por toda una colección de calaveras. Pero Armentano deshace el efecto hipnótico al ilustrar que no hay razón para sentirse intimidado pues son "moldes de cráneos de homo sapiens que nos muestran su evolución". Bueno, hay dos que son reales, avisa, y conmovedoras: el de un niño pequeño y otro claramente deformado, que, revela, sufría hidrocefalia. Este sábado, anuncia Armentano, prevé depositar acompañar el esqueleto de la joven con los restos de un bebé y algún niño. "Para explicar que en la antigüedad había mucha mortalidad infantil. En general, tratamos de hacer entender que a partir de los huesos podemos saber quién era aquella gente, si eran hombres o mujeres, de qué pudieron morir…". 

El departamento de Paleopatología del MAC, con el esqueleto de una mujer joven de la época medieval sobre la mesa.

/ LAURA GUERRERO

El espejo de hace 2.000 años

Unas puertas más allá, tras un intrincado pasillo, está el departamento de restauración. En su interior, la conservadora Isabel Moreno levanta la tapa de un recipiente de cristal con varias piezas oscuras sumergidas en un líquido transparente. Una vez pegadas reconstruirán "un espejo talayótico de bronce, de hace 2.000 años, que al oxidarse ha perdido la capa de plata en la que su dueño podía reflejarse". "Somos médicos del patrimonio, descubrimos las patologías de los objetos, detectamos las causas de su degradación y buscamos formas de frenar la corrosión", explica la científica. 

Aquí no hay restos biológicos, solo entran cerámicas, objetos de metal o de piedra llegados de los yacimientos o requieren restauración para ser expuestos, y los materiales químicos que servirán para acondicionarlos y conservarlos. Son productos tóxicos que a menudo utilizan en sendas urnas semejantes a incubadoras, que permiten introducir los brazos enguantados evitando los efluvios peligrosos. 

Isabel Moreno, conservadora del MAC, con algunas piezas almacenadas.

/ LAURA GUERRERO

En la pantalla del ordenador, la arqueóloga enseña la imagen de lo que parece un puñado de barro solidificado. Es el antes. Tras la restauración, el después descubre una campana romana de bronce. También por las restauradoras manos de Moreno han pasado los objetos que ahora lucen tras las vitrinas de la muestra sobre los iberos, como "todo un tesoro" de vasijas de ofrendas de plata y un collar y un brazalete en forma de espiral hallado en Tivissa, o varias armas, como espadas, falcatas o jabalinas de hierro cuyas decoraciones cubrían capas de óxido. "Estas estaban enterradas con sus dueños y solían doblarlas para que nadie más pudiera utilizarlas tras su muerte. Demuestra lo importantes que eran para ellos".

50.000 objetos

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Lo que no se enseña al público son la centenaria biblioteca ni el almacén. En él se guarda en 95% de los 50.000 objetos de la prehistoria hasta la época medieval que el MAC ha reunido durante un siglo. El museo abrió en 1932 pero ya desde 1915 se hacían trabajos de restauración, destaca Moreno. El 5% restante es lo que el visitante halla en la colección permanente y en las temporales. Toda su historia: los diarios de los arqueólogos, las fotos que dan testimonio de todas las piezas y excavaciones, los papeles que explican su origen, cómo, dónde y quién las descubrió... se conserva en el departamento de Documentación. Indi estaría en su elemento.  

En las tripas de 14 museos de Barcelona

Además del MAC, que este año se incorpora a la lista de bambalinas visitables este sábado dentro del In Museu junto con el Museu Marítim, figuran otros 12 centros, el Castell de Montjuïc, El Born CCM, la Fundació Miró, el Macba, el Centre de Col•leccions del MUHBA, el Museu de la Música, el Museu del Disseny, la Seu Parc de Montjuïc del Museu Etnològic i de Cultures del Món, el Museu Frederic Marès, MNAC y el Monasterio de Pedralbes. Reserva de cita en la web. 

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