Crítica de cine

Crítica de 'La violinista': música clásica y arrebato emocional

La película del finlandés Paavo Westerberg mantiene el equilibrio justo entre arrebato y raciocinio nadando entre cuerdas de violín e impulsos amorosos

Estrenos de la semana. Tráiler de ’La violinista’.

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Quim Casas

'La violinista'

Dirección:  Paavo Westerberg

Año:  2018

Estreno:  11 de junio de 2021

 ★★★

El melodrama con personajes dedicados a la música clásica es una variante genérica que ha dado, generalmente, productos aceptables que no acaban de decantarse ni por la complejidad de la creación artística ni por los problemas personales y amorosos de sus protagonistas. Es el caso de ‘La violinista’, película galvanizada, además, por la frialdad de sus personajes. Pero es una frialdad muy coherente más allá de que se trata de una película finlandesa: las dos figuras principales son, emocionalmente, puro hielo.

Ella, la violinista que da título a la película, es una instrumentista reputada que, tras un accidente de coche, pierde por completo la sensibilidad en varios dedos de las manos. No puede volver a tocar y, tras un periodo muy doloroso de negación, ira y aceptación sintetizado en apenas tres secuencias, decide dedicarse a la enseñanza. Él es uno de sus jóvenes alumnos, algo camaleónico, atractivo, inestable, ambicioso e insolente. 

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No tarda en establecerse una relación sentimental, ligada siempre a la creativa: la violinista, Karin, ve en el alumno, Antii, mimbres suficientes para convertirse en un gran concertista. Y así, entre pasiones a veces esquivas, maquinaciones y manipulaciones, entre las cuerdas del violín y el impulso amoroso, se desarrolla una película que mantiene el equilibrio justo entre el arrebato -siempre en escenas de alto voltaje emocional- y el raciocinio.