Arte

La cerámica del fuego y la esencia, en el MNAC

Las obras del catalán Josep Llorens Artigas y el japonés Hamada Shoji dialogan en una exposición en el MNAC

El escultor Joan Gardy Artigas, hijo del ceramista Josep Llorenç Artigas, en la muestra del MNAC sobre su padre y Hamada. 

El escultor Joan Gardy Artigas, hijo del ceramista Josep Llorenç Artigas, en la muestra del MNAC sobre su padre y Hamada.  / RICARD CUGAT

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Hamada Shoji (1894-1978), pese a ser uno de los ceramistas japoneses más importantes del siglo XX, declarado por su país en 1955 Tesoro Nacional Viviente, nunca firmaba sus obras. "Lo importante no es el nombre, sino que la cerámica sea buena", decía con humildad este artista que entendía que sus creaciones eran tanto fruto de su mano como de la naturaleza, del fuego y de la tierra. De la tradición artesanal oriental que cultivó bebió otro maestro de la cerámica moderna occidental, el catalán Josep Llorens Artigas (1892-1980), quien sin renunciar a sus raíces desnudó sus piezas de toda decoración y artificio para concentrarse en la esencia. Las obras de ambos artistas, a los que les unió además una estrecha amistad, dialogan en una de las salas del MNAC hasta el 3 de octubre en la exposición ‘Hamada-Artigas. Los colores del fuego’. 

Un fuego con el que junto al barro y el agua Hamada y Artigas moldearon "una cerámica de carácter universal", apunta Ricard Bru, doctor en Historia del Arte y comisario de la muestra, tras explicar que "para Artigas, cada pieza era única e irrepetible, las trataba como joyas, con una sensibilidad única. Hamada las sacude y las trata con una fuerza completamente distinta. Pero ambos logran un resultado similar". Los dos, añade, "buscaban la expresividad interior y desnudarse de lo no esencial". Y compartían además un gran dominio de los esmaltes cerámicos, hasta el punto de que Artigas produjo miles de fórmulas para no repetir nunca un color. 

Los artistas Llorens Artigas y Hamada Shoji, en 1962, en la boda de Joan Gardy, hijo del primero, con Ishikawa Mako.

/ Fundación J. Llorens Artigas - MNAC

La muestra, que cuenta con 140 piezas de colecciones públicas y privadas y ha contado con un presupuesto de 239.000 euros, permite seguir también el impacto de la cerámica japonesa en Catalunya a mediados del siglo XX con nombres como Eudald Serra, Elisenda Sala, Ramon Carreté y Joan Miró, además del propio Artigas y de su hijo, el escultor Joan Gardy Artigas. Este, que ha participado en la presentación a la prensa de la muestra junto a su hijo Isao Llorens, ha recordado cómo su padre y Hamada "trabajaban con total libertad y con el espíritu de la simplicidad, del ‘menos es más’ de Mies van der Rohe". 

Cerámicas de Josep Llorenç Artigas, en la muestra en la que sus obras dialogan con las del japonés Hamada Shoji, en el MNAC.

/ RICARD CUGAT

La amistad

Gardy, que ha evocado cómo le fascinó la sala del románico del MNAC a Hamada durante una visita en la que lo acompañó, también ha destacado la amistad de los dos ceramistas, "algo muy difícil entre artistas por cuestiones de ego". Hamada y Artigas se conocieron en Inglaterra en 1952 pero la forja de su relación personal empezó una década después en Japón, donde coincidieron en la boda de Gardy con Mako Ishikawa. De hecho, el horno que los Artigas construyeron en Gallifa (Barcelona) en 1963, en el que se cocieron muchas de las piezas que el ceramista catalán realizó en colaboración con Joan Miró, se hizo a partir del que Hamada tenía en Japón.  

Jarrón con la inscripción "larga vida feliz" que Hamada realizó y regaló al artista Eudald Serra y su mujer, Tsugiko, en 1965.

/ RICARD CUGAT

Útiles y bellos

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Hamada, junto a Bernard Leach y Yanagi Soetsu fueron los fundadores del movimiento ‘mingei’, surgido en los años 20 para preservar la artesanía popular japonesa y que ponía en valor la belleza estética y funcional de los objetos cotidianos. A través de Hamada, Artigas, se empapó de ese espíritu, al igual que el escultor Eudald Serra. Juntos crearon un proyecto de cerámicas útiles y a bajo coste en esa línea. Serra vivió en Japón entre 1935 y 1948 y se casó con una japonesa; la muestra expone un ejemplo de su buena relación con Hamada, quien en 1965 regaló a la pareja (por su 25º aniversario) un jarrón muy especial dedicado con unos símbolos que significan ‘larga vida feliz'.  

Durante la presentación a la prensa, el director del MNAC, Pepe Serra, sin citarlo expresamente ha aludido al proyecto del Hermitage, para reivindicar "la potencia" de los fondos artísticos de la ciudad frente a "cualquier sucursal que pueda haber en el Puerto". "Todo el mundo querría tener lo que tenemos. Debemos quitarnos los complejos y el provincianismo de encima".