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13 escritoras latinoamericanas atrapadas por el horror que hay que seguir

Temas como la situación de la mujer, la pobreza y la violencia marcan el imaginario de estas damas oscuras

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda.

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. / Xavi González

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Sin ánimo de ser exhaustivos seleccionamos aquí 13 autoras -número fatídico- latinoamericanas que han sabido conjugar lo fantástico, lo tenebroso y lo violento con un poso de crítica social. No son las únicas. Nombres como las mexicanas Brenda Navarro o las argentinas Anna Llurba y Selva Almada, que cultiva una un imaginario realista pero cercano a Rulfo, podrían haber tenido su lugar aquí, sin contar a autoras de la generación anterior como Fernanda García Lao o Cristina Rivera Garza.

Mariana Enriquez

Argentina, 1973

Una sensibilidad a la vez neorromántica y punk marca la literatura de esta gran periodista cultural y autora de fuste que no tiene el menor empacho en confesar que su imaginario bebe directamente de Stephen King. Nos sedujo con las colecciones de relatos 'Los peligros de fumar en la cama' y 'Las cosas que perdimos en el fuego' para acabar remanchando su consagración con 'Nuestra parte de noche'.

María Fernanda Ampuero

Ecuador, 1976

No hay tema por atroz que sea que se le resista a esta autora ecuatoriana a la hora de radiografiar los daños que afectan a las mujeres en el ámbito familiar. La suya es una literatura que golpea y no da tregua al lector. Con sus impactantes cuentos de 'Sacrificios humanos' demuestra ser una de las voces más viscerales de las letras latinoamericanas.

Giovanna Rivero

Bolivia, 1972

Publicó en Caballo de Troya y Bartleby y logró ser finalista de los prestigiosos premios Cálamo. Ahora con 'Tierra fresca de su tumba', seis relatos en clave de horror, nos hará pensar en la vulnerabiliad de la mujer, la maldad que encierran los cuentos de hadas y cómo la literatura te protege cuando eres emigrante y vives en un territorio que puede llegar a dar miedo.

Ariana Harwicz

Argentina, 1977

Temas como la pedofilia o el incesto forman parte del universo de una autora torrencial que no teme meterse en la piel de un depredador de niños como demostró en ‘Degenerado’ (Anagrama). Vive en Francia desde hace casi 15 años.

Liliana Colanzi

Bolivia, 1981

Residente en Estados Unidos, donde da clases en la Universidad de Cornell, Colanzi es capaz de aunar en un libro de relatos como ‘Nuestro mundo muerto' (Eterna Cadencia) ciencia ficción con magia indígena con una fuerza impactante.

Mónica Ojeda

Ecuador, 1988

Tras dos cumbres malrolleras y enfermizas como las novelas 'Nefando' y 'Mandíbula' (Candaya), la autora ganó en 2020 el premio Ribera del Duero por sus relatos ‘Las voladoras’, uno de los libros clave para acuñar el llamado gótico andino.

Gabriela Ponce

Ecuador, 1977

‘Sanguínea’ (Candaya), debut novelístico de la autora explora el cuerpo femenino a través de la sangre menstrual, una imagen que le sirve para reflexionar sobre la violencia y la crueldad. Las imágenes sexuales que propone son de una extrema crudeza.

Michelle Roche Rodríguez

Venezuela, 1979

A esta venezolana radicada en Madrid, la conocimos por ‘Malasangre’ (Anagrama), una novela gótica de vampiros ambientada en los años 20, que sigue la transformación de una niña en vamp. La autora urde una fábula feminista sobre el lugar de la mujer y sus deseos.

Samanta Schweblin

Argentina, 1978

El terror de esta reconocida autora residente en Berlín es bastante más limpio que el de sus compañeras de filas. Con ‘Kentukis’ (Literatura Random House) imaginó una fábula al estilo ‘Black Mirrow’, pero no hay que olvidar su perturbadora ‘Distancia de rescate’, con la que se dio a conocer.  

Fernanda Melchor

Mexico 1982

La mexicana irrumpió con ‘Temporada de huracanes’, narración bronca y descarnada de los sucesos que culminan en el asesinato de la ‘bruja’ del pueblo, una mujer que apaña abortos y ofrece favores sexuales. Ese gran ejercicio de crueldad tiene su continuación en la reciente ‘Páradais’ (Literatura Random House).

Solange Rodríguez Pappe

Ecuador, 1976

Cultivadora de una narrativa extraña muy influida por las historias orales, los clásicos cuentos de viejas, esta ecuatoriana recoge en su libro de relatos ‘La primera vez que vi un fantasma’ (Candaya) un catálogo nuestros terrores más íntimos y cotidianos.

Claudia Salazar Jiménez

Perú, 1976

La celebrada ‘La sangre de la aurora’ (Malas tierras) de esta autora peruana es una novela torrencial que reflexiona sobre la violencia ejercida sobre la mujer en los conflictos bélicos y en concreto en los conflictos con Sendero Luminoso. ¿De qué manera se puede relatar el horror? Es la pregunta clave.

Guadalupe Nettel

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Mexico, 1973

La propia Nettel tiene la teoría de que tener un defecto congénito en un ojo ha marcado su afición por los cuerpos que se escapan a la norma y de ahí a lo monstruoso, un paso. Su última novela, ‘La hija única’ (Anagrama), explora el miedo de cualquier mujer en el proceso de gestación.

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