Entrevista

Jordi Rossy: "Pregúntate por qué te subes a un escenario"

  • El batería recibe el premio Jazzterrassman del 40 Festival de Jazz de Terrassa en la Nova Jazz Cava

Jordi Rossy, en 2020.

Jordi Rossy, en 2020. / Elisenda Pons

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Roger Roca

Sus años como batería del Brad Mehldau Trio le dieron fama mundial, pero Jordi Rossy es muchas más cosas. Figura clave para el jazz catalán, estableció un corredor entre las escenas de Nueva York y Barcelona y ha girado con leyendas como Wayne Shorter o Carla Bley. Desde 2004 va por libre, ahora también como vibrafonista. El domingo recibe el premio Jazzterrassman del 40 Festival de Jazz de Terrassa en la Nova Jazz Cava, acompañado en concierto por músicos de varias generaciones.

No sé si le han dado muchos premios.

Pues no lo recuerdo. ¡Ah, sí! Con dieciséis años gané el Primer Premio Nacional de Percusión. Aunque hay un pequeño detalle: ¡fui el único que se presentó! Pero bueno, fue entrañable. El premio era dar un concierto en el Teatro Real de Madrid, con todo el 'facherío' ahí. Recuerdo que mi profesor me dijo: "Tómate tu tiempo, no 't’atabalis'. Les desafías con la mirada, te creas tu espacio y cuando estés cómodo empiezas a tocar".

La música no está separada de la vida

Por sus manos pasan muchos alumnos. ¿Qué es lo más importante que les puede enseñar?

Que la música no está separada de la vida. El trabajo en equipo, los valores... Pregúntate por qué te subes a un escenario. ¿Tanto necesitas la atención de la gente? ¿Y para decirles qué?

Y usted, ¿por qué se sube a un escenario?

Hace años que me hago esta pregunta cada día. Hay gente que me ha inspirado: por ejemplo, Nat King Cole. En los años 50, una persona negra con esa sensibilidad, ese saber estar propio de un auténtico príncipe... ¡Eso es una revolución a la hora de callarle la boca a cualquier racista!

Más ejemplos.

Los Beatles tenían un concierto en el sur de Estados Unidos. Cuando supieron que los negros no podrían entrar, ellos amenazaron con no tocar y hubo que desegregar. Hostia, en un día has roto la segregación. Cuidadín. Y con veintipocos años, tener esta clarividencia…

El jazz, como música improvisada, tiene varias lecciones que dar muy importantes

¿Y desde el jazz?

Lo haces al nivel que puedas. La forma en que llevas un grupo, cómo llevas las cuentas, ¿eres transparente? ¿Pagas tus impuestos o no? Mil cosas. Y creo que el jazz, como música improvisada, tiene varias lecciones que dar muy importantes. La improvisación colectiva, dentro de una estructura, es un experimento en tiempo real en el que el público puede ver cómo en un grupo donde no hay director se construye algo mucho más grande y de una forma nada jerarquizada.

Como músico ha tenido siempre muy claro su papel dentro de los grupos. No le interesa el protagonismo. 

Hay intérpretes que trascienden el rol. Con Paco de Lucía, la guitarra en el flamenco pasó a ser un instrumento para acompañar el cante a ser un instrumento solista.

¿Usted a qué ha aspirado?

Tiene mucho que ver con la conciencia de lo que significa tocar. Cuando era joven para mí lo primero era aprender bien un lenguaje para ser aceptado por una comunidad. Porque se supone que esta es una música afroamericana, aunque yo nunca creí que por ser blanco no la podría tocar bien, porque si no, ya lo habría dejado. Pero para mí, ver tocar a Tete Montoliu con Dizzy Gillespie, con Billy Higgins, Slide Hampton, sonriendo y respetándose, pensé "uau, se puede ser catalán y tener swing".

El problema es un sistema que valora mucho el 'star system'. Venimos del patriarcado, que es pura competitividad

Desde que dejó el trío de Brad Mehldau ha trabajado con mucha gente.

Dos o tres años atrás me puse a hacer una lista de proyectos en los que estaba metido. Me salieron veinticinco grupos. No es bueno. Es una estupidez. Lo tuve que cortar.

¿Le llaman por su talento o porque tocar con usted da prestigio?

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Por el nombre, claro que sí. Soy totalmente consciente de ello. Si traigo a Al Foster en mi grupo [fue batería de Miles Davis] es porque me encanta tocar con él. Pero también es cierto que si me presento al mismo festival con un batería catalán que me encanta, David Xirgu, el bolo no me lo dan. El problema es un sistema que valora mucho el 'star system'. Venimos del patriarcado, que es pura competitividad.