Memorialismo digital

Marta Sanz, la 'influencer' íntima y marxista de Instagram

La autora ha llevado un atípico diario en la red social que ahora se recoge en formato de libro ilustrado

ICULT CULTURA  LA ESCRITORA MARTA SANZ EN EN COMBO DE INSTAGRAM

ICULT CULTURA LA ESCRITORA MARTA SANZ EN EN COMBO DE INSTAGRAM / Marta Sanz / Instagram

Elena Hevia

Elena Hevia

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Desde mediados de abril de 2020 hasta el último día de ese año, Marta Sanz decidió darle la vuelta al concepto de diario íntimo. Bueno, los diarios de los autores nunca lo son del todo. Lo concibió como un experimento y quizá para terminar de completar la extrañeza que la embargaba aquellos días decidió hacerlo en un formato del que lo desconocía todo. Instagram. Con entradas en principio muy sencillas y titubeantes que con el paso del tiempo se fueron convirtiendo en reflexiones mucho más extensas y aquilatadas.

Lo que empieza mostrando Sanz bajo el 'hashtag' -un vocablo que aprendió a la carrera- #partedemí es una intimidad de estar por casa: la caja de hilos de su abuela; su gata Cala, experta robaplanos; su marido, Chema, resignado a ser objeto de la cámara del móvil y a quien la autora define como el “contrapunto del hombre blandengue de El Fari”; las fotos de la infancia -en las que no puede faltar ella de niña posando con una cerveza en la mano, todo un clásico de los 70-; la inquietud por sus padres o por los familiares y amigos que trabajan en sanidad; sus lecturas y su cinefilia... Es fácil identificarse con ellas. Son casi generacionales. Naturalmente el libro resultante, que incluye también las imagénes originales, solo podía llamarse 'Parte de mí' (Anagrama).

A favor y en contra de las redes sociales

“Pese a que muchos de mis colegas decían sentirse muy bien con un confinamiento que apenas había cambiado sus vidas, yo no podía concentrarme y llevar este diario me ayudó”, dice Sanz en su visita a Barcelona. Reivindica su derecho a ser contradictoria, a abogar por la lentitud y la concentración pero al mismo tiempo a ser también sujeto de su tiempo. Y es que lo de Instagram -“solo su nombre ya me daba calambre”- , donde se hizo una cuenta especialmente para la ocasión, es su primera experiencia en redes sociales. “Siempre he tenido reticencias respecto de lo digital. Me molesta que vehicule un pensamiento muy rápido y simplificado pero a la vez agradezco que me haya permitido una actividad frenética en las pantallas de las librerías de España”. Y es que a la autora le tocó lidiar con la promoción de su última novela, ‘Pequeñas mujeres rojas’, aparecida muy poco antes de decretarse el estado de alarma.

“Este libro, que no tenía voluntad de serlo, se parece bastante a ‘Clavícula’, porque ambos me sirvieron para poner en orden mi pensamiento, para dar relevancia a las cosas pequeñas si las miramos muy de cerca". ‘Parte de mí’ también contradice, dice, los códigos habituales de la red social. “No quería hermosear las cosas crudas que estaban pasando, me negué a hacer fotogénico el mundo cuando no es”. De ahí que haya posts de crítica social que podrían lanzarla a un improbable estrellato de ‘influencer’ marxista. “Cuento una de las primeras veces que mi marido y yo salimos a pasear a la calle de Hortaleza de Madrid y empezamos a ver colas del hambre en las puertas de las iglesias. O a pedigüeños que no tenían el perfil habitual".

O canibalizas o te canibalizan

Sabía la autora que necesariamente el medio iba a canibalizarla. Y el resultado es que este libro posiblemente pueda llegar a un público más amplio “sin rebajar las exigencias”. Pero a su vez, mujer tenaz, no ha querido dejarse devorar por la velocidad del medio. “He escrito este diario con el mismo rigor con el que escribo el resto de mis libros. No me ponía a escribir de una manera espontánea y descuidadamente. Escribir este libro no fue premeditado pero sí que abordé particularmente cada post con una intención casi poética”.

Eso por lo que respecta al pasado reciente. En el futuro, la autora no duda que la pandemia va a marcar la literatura aún por hacer, ya sea por omisión, por no querer hablar de ella, como por un cierto regodeo que puede ser saludable o no. “Pero yo también veo una tercera vía -añade- ,y es que la idea del contagio es muy probable que aparezca en las ficciones de una forma más o menos consciente, al igual que en el siglo XIX el miedo a la sífilis se concretó en la aparición del mito vampírico de Drácula. Y es que necesariamente, conceptos como la distancia, las nuevas formas de relación, de sentimentalidad y de erotismo que han marcado la pandemia se van a reflejar en la literatura, sin duda”. 

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