Las cosechas del pop

¿Cuál ha sido el mejor año en la historia del rock?

  • Los ejercicios de 1966, 1971, 1977, 1985 y 1994 se postulan como los más valiosos en las últimas seis décadas de música pop

The Beatles, The Jesus and Mary Chain, The Ramones y Sly & The Family Stone.

The Beatles, The Jesus and Mary Chain, The Ramones y Sly & The Family Stone.

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

Escribe desde Barcelona

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Quim Casas

Como tantas otras discusiones que ha generado el rock desde que Elvis Presley apareció moviendo las caderas en 'The Ed Sullivan Show' hace 65 años, el debate recurrente sobre qué año ha alumbrado la mejor cosecha de música pop es un pasatiempo tan estéril como entretenido. Recogiendo el guante que lanza la serie documental de Asif Kapadia '1971. The year that music changed everything', cinco periodistas proponen y defienden otras tantas candidaturas para dirimir el título de mejor año de la historia del rock. Todos los contendientes tienen sus razones y, en cualquier caso, las listas de álbumes que esgrimen para sustentar sus causas son incontestables. Juzguen ustedes.

1966: cuando el pop se hizo adulto (pero no pretencioso)

Si en 1966 se hubieran publicado solo tres elepés, y fueran los tres que encabezan esta lista, ya tendríamos argumentos de peso para armar una candidatura muy seria al título de mejor añada en la historia de la música popular. Ese trío de ases debería bastarle al 66 para salir victorioso en la mayoría de eliminatorias, porque ‘Revolver’, ‘Pet Sounds’ y ‘Blonde on blonde’ no son solo tres deslumbrantes colecciones de canciones, sino que han adquirido con el tiempo el estatus de obras capitales en el tránsito del pop a la edad adulta; tres hitos extraordinarios que consolidaron el concepto de álbum como unidad de creación artística frente a la urgencia adolescente y desechable del ‘single’ y que dinamitaron las barreras que separaban el rock’n’roll de la música considerada respetable y de las vanguardias culturales para convertir un fenómeno juvenil circunscrito al ámbito del entretenimiento en una auténtica revolución social. Y todo ello sin hundirse en las arenas movedizas de la pretenciosidad que empezaron a acechar al rock a partir del año siguiente. Solo en las rondas finales de la competición hará falta recurrir, tal vez, al resto de la producción de 1966, y ahí la cantidad de obras mayúsculas es tan apabullante que a los rivales no les quedará otra que hincar la rodilla mientras suena, imperial, el ‘Reach Out, I’ll Be There’ de los Four Tops. - RAFAEL TAPOUNET

1971: del dinosaurio rock a la revuelta 'funky'

La discusión sobre cuál es el mejor año para la música es infinita, pero 1971 reúne diversas cualidades: el lenguaje del rock se sofistica, alzan el vuelo los ‘singer-songwriters’ con fondo poético, cobran forma ismos rampantes (glam, hard rock proto-metalero), y los géneros negros (soul, funk) se refinan capturando el sentir del barrio y la convulsión planetaria. Cosecha imperial tras el fin del sueño hippie.

Con puñetazos en la mesa de los colosos del rock: The Who muscula su sonido y Led Zeppelin muta su blues-rock bautismal hacia una mística de estadios. Black Sabbath impone el aquelarre tenebrista mientras, en contraste, T. Rex abre el espectro cromático y da al glam rock una temprana obra capital. Las ramificaciones se multiplican y prosperan las individualidades, con el primer gran álbum de David Bowie y las obras de Carole King, revelándose tras sus años de autora a la sombra, y de una Joni Mitchell sublimada como trovadora folk impresionista.

Y en paralelo, la revolución de la ‘black music’, con un amplio mosaico de modos expresivos, de un Marvin Gaye espiritual y sensual, capturando el dolor del mundo (tensiones raciales, desigualdades, Vietnam), al grito de insurrección, africanista y ‘funky’, de Sly & The Family Stone. Ambos, fabricando el material de los futuros ‘samples’ del hip-hop. - JORDI BIANCIOTTO

1977: no solo el lanzallamas punk

Si degenerara en pelea la defensa de una añada de la música popular moderna, 1977 sería el bando donde estar: detrás tendrías a Johnny Ramone, aunque fuera en espíritu (DEP, como todos los Ramones originales), y eso significa victoria por KO de los rivales. El hosco guitarrista, en comandita con el excepcional cantante Joey Ramone, forjó con distintos episodios musicales (de los Beach Boys al rock de Detroit pasando por los ‘girl groups’) un nuevo pop futurista y feroz. El homónimo primer disco de los Ramones, de 1976, fue un ‘shock’, pero es que en 1977 publicaron otros dos ‘blitzkriegs’ incontestables, ‘Leave home’ y sobre todo el del ‘top 10’ de arriba. Fue el debut de los Ramones (hay que insistir: para ellos era música pop) el nitrógeno y la gasolina que el punk británico del 77 convirtió en lanzallamas, ya con sesgo político y sentido del espectáculo.

No solo fue la revuelta punk, nuevo principio y no final nihilista, como se demostraría en años posteriores (y en el momento: ¿acaso no puede ser considerado el debut de Television el mejor álbum de rock progresivo de todos los tiempos?). Fue también que la electrónica hizo pop, la música de baile tocó el cielo y el reggae se salió. Ah, sí, y que el viejo rock cocainómano alumbró una obra excelsa: ‘Rumours’, de Fleetwood Mac. - RAMÓN VENDRELL 

1985: un año de revoluciones y consagraciones

La revolución en 1985 llegó con el ‘Psychocandy’ de The Jesus and Mary Chain, o cómo hacer las canciones pop más sencillas, casi las de siempre, pero modificarlas de arriba abajo a través de parásitos eléctricos, 'feedbacks' y disonancias que, pese a su suciedad, no empañaban la melosa belleza de las melodías. Cada año tiene su descubrimiento puntero, y la banda de los hermanos Reid significó un brote de aire fresco (y algo psicótico).

Mientras los postpunk Nick Cave y The Fall iban a lo suyo, los Cure de Robert Smith se sacaron de la manga aquel año dos de sus mejores himnos pop, ‘In between days’ y ‘Close to me’, canciones estrella del álbum ‘The head on the door’. New Order hallaron la perfección rítmica en el tema ‘The perfect kiss’. Prince se cubrió de paramecios en ‘Around the world in a day’ y Miles Davis se reinventó por enésima vez combinando su díscola trompeta con sonidos esquizoides de sintetizador y versiones húmedas de Cyndi Lauper.

Tom Waits elevó a la categoría de obra de arte su voz rugosa en ‘Rain dogs’, y ya dejó de ser un cantante borrachín desgranando melodías noctámbulas sobre un piano, y los archivos exhumaron unas cintas perdidas de la Velvet Underground: Stephanie y Lisa seguían diciendo cosas casi dos décadas después de que estas canciones fueran grabadas y olvidadas. - QUIM CASAS

1994: lo alternativo se convierte en 'mainstream'

De los titulares en ‘NME’ y ‘Melody Maker’ ya casi nadie se acuerda, pero algunos discos del 'britpop' son inolvidables y varios de ellos salieron en 1994: el primero de Oasis, el segundo de Suede y el tercero de Blur, tres caras bien distintas (orgullo obrero, escapismo

romántico, ironía ecléctica) del resurgir de Reino Unido como epicentro de la cultura popular global: la llamada Cool Britannia.

Había sombras en medio de aquel optimismo. 'Parklife', tema titular del citado disco de Blur, era menos una celebración que una sátira de todo lo inglés. Y el mejor disco del año también fue uno de los más gozosamente deprimentes de todos los tiempos: 'Dummy', debut de Portishead, ejercicio de blues moderno con base en 'grooves' hip hop y atmósferas 'noir'. Imitado hasta la saciedad, pero inimitable. No menos influyentes fueron los primeros discos del 'singer-songwriter' Jeff Buckley y el rapero Nas, obras inagotables.

1994 fue un año en el que, tras lo sembrado por R.E.M. o Nirvana, era posible encender la radio y que surgieran canciones de sonido más o menos abrasivo y voces fuera de lo estándar. Por ejemplo, 'Cut your hair' de Pavement, alguno de los mil 'hits' de Green Day o Weezer, o los lamentos rebeldes de Hole y Tori Amos. Lo alternativo ya era 'mainstream'. El mundo abría las orejas. - JUAN MANUEL FREIRE

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